Con autorización de la autora Silvana Tanzi  redactora de  Algo que quiero contartenewsletter de temas culturales del semanario Búsqueda

Con la expresa autorización de su autora, compartimos este gran artículo que reflexiona sobre el arte, la anticipación y el tiempo. Como escribió Fernando Pessoa, “La ciencia describe las cosas como son; el arte como son sentidas, como se siente que deben ser”.

En estas páginas, la mirada recorre a escritores, cineastas y pensadores que, desde la intuición y la imaginación, supieron leer el presente con una profundidad tal que sus obras parecieron adelantarse al futuro. No se trata de profecías ni de magia, sino de sensibilidad, inteligencia y capacidad de observar lo invisible antes de que se vuelva evidente.

 

La lectura que sigue invita a pensar nuestro tiempo —y también el que vendrá— a través de la literatura, la filosofía y la cultura contemporánea.

La ciencia describe las cosas como son; el arte como son sentidas,

como se siente que deben ser.

 

(Fernando PessoaAforismos y afines)

Ni videntes ni pitonisas ni brujos: son artistas. En la historia han surgido poetas, narradores, pintores o cineastas cuyas obras, a veces sin proponérselo, se anticiparon al futuro. Su arma más potente ha sido la imaginación, pero también su gran intuición e inteligencia para leer el presente y captar lo invisible, lo que se manifestará con el tiempo.

 

El historiador y teórico de arte alemán Aby Warburg (1866-1929) conceptualizó en la palabra Nachleben (supervivencia/pervivencia) las formas, gestos e imágenes de la Antigüedad que sobrevivieron y reaparecieron en el arte de épocas posteriores. Para él la historia no era lineal, sino una especie de “remolino” con desapariciones, transformaciones y resurgimientos de expresiones artísticas.

 

Una variación del concepto del tiempo plantea la novela Los recuerdos del porvenir, de la escritora mexicana Elena Garro (1916-1998), uno de los títulos más atractivos y simbólicos de la literatura latinoamericana. En su historia, los habitantes de Ixtepec viven estancados en un eterno presente, marcado por la posrevolución y la violencia de la guerra cristera, y recuerdan su futuro como algo ya sucedido. Así, la memoria y la anticipación se convierten en una misma experiencia.

 

Si todo tiempo es eternamente presente / todo tiempo es irredimible, dice un poema de T. S. Eliot, que bien se podría aplicar a la novela de Garro.

 

Otros artistas se interesaron por los avances científicos y tecnológicos de su época y con su imaginación desbordante pensaron en el futuro. El nombre más obvio es el de Julio Verne (1828-1905), un escritor del siglo XIX que con una creatividad enorme como una nave fue capaz de pensar el siglo XX. Además de las obras más conocidas, como De la Tierra a la Luna o Veinte mil leguas de viaje submarino, tuvo sus “recuerdos del porvenir” en una novela que terminó de escribir hacia fines de 1863, fue rechazada por su editor y publicada décadas después de su muerte. Su título: París en el siglo XX.

 

En esta historia aparecen varios adelantos visionarios: vehículos impulsados por motores de combustión, trenes de alta velocidad, rascacielos de hierro y vidrio, iluminación eléctrica y redes de comunicación similares al fax y a la transmisión instantánea de documentos. Además, describió una economía dominada por la industrialización y una sociedad mecanizada, en la que las humanidades y las artes están relegadas frente a la ciencia y la técnica.

 

El editor rechazó la novela por considerarla poco atractiva en su escritura y demasiado pesimista. El manuscrito quedó guardado y cuando la familia lo publicó en 1964, la sociedad era muy parecida a como Verne la había pensado.

 

Para Véronique Bedin, prologuista de París en el siglo XX, releer a Julio Verne es recordar que la razón y la poesía “abren las puertas del futuro”.

 

Otra “puerta hacia el futuro” abrió el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910), quien en algunas de sus obras utilizó la ficción especulativa en forma satírica para cuestionar aspectos políticos, religiosos o morales de su tiempo. Entre sus relatos satíricos publicó uno titulado Extracto del Times de Londres de 1904 (publicado en 1898), en el que relata, como si fuera la nota de un diario, el juicio a un hombre acusado de asesinato que termina en ejecución, aunque el supuesto asesinado sigue vivo y el tribunal lo sabe.

 

Lo futurista del relato está en la invención de Twain: el telelectroscopio. Este aparato conecta todas las ciudades del mundo por la red telefónica y permite ver y escuchar en tiempo real lo que ocurre en cualquier lugar. Así, en todos los rincones se presencia lo injusto del juicio, lo que provoca la furia de los espectadores.

 

Twain imaginó las telecomunicaciones globales varias décadas antes de que existieran; también la indignación detrás de una pantalla. Aquí está el cuento en inglés, y en esta revista argentina, que es una reliquia, se puede leer en español.

 

En el siglo XV, Leonardo da Vinci (1452-1519) dibujó armas y fortificaciones impensadas en su época y hasta el antecedente del helicóptero y del traje submarino. Otros artistas no pensaron en tecnología, pero sí en la condición humana, como Albert Camus (1913-1960), quien anticipó en La peste (1947) conductas que se vieron en la pandemia del covid-19.

 
 
 

 

“¿Será cierto, @grok?”, preguntan cada vez más los usuarios de X (Twitter) al asistente de inteligencia artificial generativa Grok. Creado por xAI, la empresa de Elon Musk, este chatbot fue diseñado para ofrecer respuestas rápidas y es cada vez más eficaz. Los usuarios le preguntan todo como si fuera un vidente, incluso lo que pueden verificar por sí mismos. Le han llegado a consultar si es correcta o no una opinión; también algunas bajezas, como desnudar a mujeres que están en una foto, lo que provocó polémicas que llevaron a que se limitara su alcance.

 

La palabra grok apareció en la obra de ciencia ficción Forastero en tierra extraña (1961), del escritor estadounidense Robert A. Heinlein, con el significado de comprender algo de manera profunda. Sin embargo, según explicó el propio Musk, la obra que inspiró su chatbot fue Guía del autoestopista galáctico (1979), una novela de ciencia ficción del escritor inglés Douglas Adams, sobre la demolición de la Tierra para construir una autopista hiperespacial. La intención de Musk es que Grok funcione como una especie de guía moderna que tenga su grado de certeza en los datos, pero también cierto humor.

 

¿Será cierto, @grok?

 

Mi nombre es Silvana Tanzi y esta es una nueva entrega de Algo que quiero contartenewsletter de temas culturales. Si querés escribirme con tus comentarios, podés hacerlo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
 
 
 

 

Personajes de Futurama, serie de Matt Groening ambientada en el año 3000. 

 

Te propongo prestar atención al año 1984. Sí, es un año orwelliano, porque así se titula la novela de George Orwell1984, a la que es imposible no referirse cuando se piensa en distopías y cuando se piensa en el presente. Pero también en ese año la escritora estadounidense Margaret Atwood estaba escribiendo a mano una novela. En ese momento vivía en Berlín occidental y la ciudad estaba dividida por un muro infame. Su novela aún no tenía título, pero se publicó un año después y se llamó El cuento de la criada.

 

Pero volvamos a la ciudad dividida. Atwood viajó por países del mundo soviético, detrás del muro infame, y todo lo que vio y sintió alimentó lo que estaba escribiendo. “Como nací en 1939 y mi conciencia se formó durante la II Guerra Mundial, sabía que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana (...). No se podía confiar en la frase: ‘Esto aquí no puede pasar’. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lado (...)”. Esta reflexión de Atwood aparece en el prólogo a la reedición de 2017 de su novela, cuando también se estrenó la serie El cuento de la criada, protagonizada por Elisabeth Moss. El 2017 es otro año a tener en cuenta.

 
 
 

 

En su novela, Atwood no quería incluir ningún aparato tecnológico imaginario, su preocupación era hacer referencia a hechos que hubieran ocurrido en la historia y convencer a los lectores de que en Estados Unidos podría ocurrir un golpe de Estado que cambiara la democracia liberal por una dictadura. Eso es lo que sucede en El cuento de la criada: la República de Gilead se instala como una dictadura teocrática que elimina la Constitución y el Congreso de los Estados Unidos. El régimen ejerce represión y miedo, caza a las mujeres fértiles (en momentos de infertilidad debido a una catástrofe ambiental), las viste como criadas con un atuendo rojo y blanco, les quita su identidad y las hace vivir en casas de la elite religiosa para que los hombres las fecunden.

 

La protagonista, Defred, lo registra todo a escondidas y lo oculta. Así la escritura se vuelve una forma de resistencia. “Es un acto de esperanza: toda historia registrada presupone un futuro lector”, dice Atwood.

 
https://youtu.be/KSBo2ULgYf8
 
 

 

Para la escritora, la suya no fue una novela premonitoria; sin embargo, en 2017, año en que escribió el prólogo para la nueva edición, Donald Trump ganó las elecciones y Atwood señaló: “En este clima de división, en el que parece estar al alza la proyección del odio contra muchos grupos, al tiempo que los extremistas de toda denominación manifiestan su desprecio a las instituciones democráticas, contamos con la certeza de que, en algún lugar, alguien —mucha gente, me atrevería a decir— está tomando nota de todo lo que ocurre a partir de su propia experiencia”.

 

Hoy se podría decir que El cuento de la criada sí fue una novela premonitoria para Estados Unidos, donde se están viviendo situaciones cercanas a la distopía. ¿Será esto cierto, @grok?

 

Primero Nosotros, después, 1984

 

No se necesita explicar que una situación es kafkiana o borgeana o shakespeariana. Tampoco cuando es orwelliana. El escritor británico George Orwell (1903-1950) no da respiro en su novela distópica de denuncia política. Cuando la terminó de escribir en 1948 (la publicó un año después), pensó en el régimen soviético, pero también se proyectó hacia el futuro. Entonces, dio vuelta los dos últimos dígitos del año en el que estaba, y así surgió 1984, una novela que, aunque rechazada en su momento, censurada en la URSS y en algunos países occidentales, logró lo que solo los clásicos logran: volverse universal y siempre vigente.

 
 
 

 

Pero así como la distopía de Atwood tiene un ambiente muy orwelliano, para escribir 1984 Orwell se inspiró en Nosotros, una novela publicada en 1921 por el ruso Yevgueni Zamiatin (1884-1837). Este escritor de ciencia ficción y sátiras, que además era ingeniero, periodista de opinión y dramaturgo, sufrió persecución y cárcel, primero por el régimen zarista y luego, tras la revolución de 1917, por parte de los bolcheviques. En 1932 emigró a Francia y allí permaneció hasta su muerte.

 

En Nosotros, su protagonista está atrapado en una ciudad de cristal donde rige el Estado Único. El narrador-personaje lleva el nombre D-503 porque en ese mundo no existe un “yo” con identidad propia, sino solo un “nosotros”. La novela adopta la forma de diario íntimo, que es el que va escribiendo D-503. El personaje, que es ingeniero, está construyendo una nave interestelar que deberá llevar al universo “el bienaventurado yugo de la razón”.

 

En 1946, George Orwell reseñó Nosotros para la revista Tribune. Allí la elogió como una de las obras literarias más importantes del siglo XX y destacó la intuición de Zamiatin para captar el régimen totalitario que se avecinaba.

 
 
 

 

Igual que D-503, Winston Smith, protagonista de 1984, escribe y registra sus reflexiones a escondidas del ojo del Gran Hermano que todo lo ve. Algo diferente hace en el Ministerio de la Verdad donde trabaja. Su tarea es reescribir constantemente la historia, borrar las referencias a personas asesinadas o desaparecidas, modificar los diarios y los libros.

 

“Su mente se deslizó por el laberíntico mundo del doblepensar. Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica”.

 

¿Te suena a algo del presente, @grok?

2 + 2 = 5

 

La novela de Orwell tuvo una versión cinematográfica en 1956 dirigida por Michael Anderson. Pero la más aclamada es, justamente, de 1984, dirigida por Michael Radford y protagonizada por John Hurt, brillante como Winston, y Richard Burton, que mete miedo como intermediario del Gran Hermano.

 
 
 

 

Que Orwell fue un hombre de una gran visión política no hay dudas. Solo hay que ver las señales orwellianas que van y vienen en la historia. No sé si te pasa lo mismo, pero ahora parecen reproducirse.

 

El cineasta Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953) ha visto esas señales, entonces hizo un documental. Se titula Orwell: 2 + 2 = 5, fue presentado en el Festival de Cannes y tiene fecha de estreno a fines de febrero. Peck huyó de la dictadura de François Duvalier en Haití con su familia cuando era niño, creció en el Congo y después emigró a Berlín, donde estudió en la Academia Alemana de Cine y Televisión. Su nombre se hizo famoso por su documental nominado al Oscar I am not your negro (2016), sobre el racismo en Estados Unidos. El guion lo elaboró a partir del libro inconcluso de James Baldwin.

 

Ahora Peck elige un momento terrible de la novela 1984, cuando a Winston —encarcelado y torturado— le piden reiteradamente que diga cuánto es 2 + 2. Su respuesta es siempre 4, hasta que lo hacen dudar tanto de su percepción y conocimiento, de lo que es y no es verdad, que termina diciendo que 2 + 2 = 5. Peck plantea en su documental que la distopía creada por Orwell ya no es un pronóstico, sino que ahora mismo se está viviendo el doblepensar, la permanente vigilancia, las dudas constantes sobre la verdad. Aquí te dejo el tráiler.

 
 
 

 

En este momento estoy sin palabras, @grok, necesito un poco de humor.

 

 

Futurama: hacia el año 3000

 

¿Qué pasaría si un repartidor de pizza del siglo XX despertara en el año 3000 después de estar congelado criogénicamente? Pasaría Futurama, la serie de animación satírica de Matt Groening (creador de Los Simpson), que sigue a Philip J. Fry, el repartidor de pizza que despierta en una Nueva York con alienígenas, mutantes, robots, viajes espaciales y alta tecnología.

 

Igual que en Los Simpson, Groening desliza su crítica social a través del humor absurdo y ácido. La sociedad del año 3000 de Futurama es un reflejo irónico del presente: su mundo hipertecnificado es caótico y burocrático. Muy reconocible.

 

Detrás de su historia hay matemáticos y físicos que le dieron coherencia al hilo argumental futurista, pero también la serie tiene cantidad de referencias filosóficas. La genialidad de Groening y de sus guionistas está en hacer humor a partir de esa lógica argumentativa.

 

La serie comenzó en 1999, alcanzó 12 temporadas en 2024 y posiblemente haya más. Es difícil elegir un capítulo ilustrativo, pero me encanta este sobre el contradictorio Día de la Libertad.

 
 
 

 

Datos insuficientes para una respuesta significativa

 

“La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza”.

 

Así comienza el cuento La última pregunta, de Isaac Asimov (1920-1992), publicado en 1956. En su historia, hay una pregunta que los humanos le hacen en distintas épocas a las computadoras, cada vez más avanzadas e inteligentes: “¿Cómo puede revertirse la entropía del universo?”. La entropía es la degradación inevitable de la energía, lo que implicaría el fin del universo.

 

Toda vez que se formula la pregunta, la máquina responde: “Datos insuficientes para una respuesta significativa”. Las computadoras van creciendo en inteligencia y tienen diferentes nombres; la primera es Multivac y la última Cosmic AC. Es esta la que resolverá la interrogante.

 

¿Te sentís identificado, @grok, con esta inteligencia artificial que dialoga con los humanos?

 

Te voy a anticipar el final del cuento, que en realidad ya está implícito en el comienzo. Cuando el universo llega a su fin, solo queda el Cosmic AC fuera del espacio y del tiempo. Entonces la máquina encuentra la respuesta: “¡Hágase la luz!”. Y de esta forma se recrea el universo.

 

Y para vos, ¿cuál sería tu última pregunta?

 

 

Antes de despedirme, te dejo como recomendación esta entrevista de Javier Alfonso a Jorge Esmoris, que tiene en escena su obra LED; por otro lado, y a propósito de distopías, se estrenó Aún es de noche en Caracas; te invito a verla con alguien de Venezuela.

 

Hay proyectos que se anuncian con cifras. Y hay otros —menos frecuentes— que se anuncian con una idea de futuro. El Águila pertenece a este segundo grupo. No porque ignore la escala económica, sino porque la trasciende. Lo que está en juego no es solo una inversión de largo aliento, sino la posibilidad real de redefinir cómo se vive, se trabaja y se construye ciudad en la Costa de Oro.

Desde mi mirada, este tipo de desarrollos funcionan como un espejo adelantado del tiempo. Nos obligan a preguntarnos si estamos preparados para pensar Atlántida no solo como balneario, ni siquiera como ciudad dormitorio, sino como territorio inteligente, con identidad propia, capaz de atraer talento, emprendimientos y nuevas formas de habitar. Esa es, quizás, la mayor virtud del proyecto: instalar la conversación correcta.

El futuro urbano ya no se mide únicamente por metros cuadrados construidos. Se mide por conectividad, por acceso a servicios, por cercanía entre vivienda y trabajo, por calidad del espacio público, por resiliencia ambiental y por sentido de pertenencia. Cuando un proyecto incorpora estas variables desde su concepción —y no como agregado posterior— estamos frente a una señal clara de madurez territorial.

En marketing de ciudades solemos hablar de “narrativas”. Pero ninguna narrativa se sostiene sin coherencia entre discurso y acción. Aquí la visión es clara: una nueva centralidad metropolitana, integrada, flexible, abierta, pensada para convivir con lo existente y no para reemplazarlo. Esa lógica resulta clave para evitar errores del pasado: ciudades fragmentadas, crecimientos desordenados o desarrollos que viven de espaldas a su entorno.

También hay algo que valoro especialmente: el tiempo. Pensar un desarrollo a 20 años implica asumir que la ciudad es un proceso, no un producto terminado. Permite corregir, aprender, adaptar. Y eso, en un mundo cambiante, vale tanto como el capital invertido. La ciudad del futuro no será rígida; será capaz de evolucionar con sus habitantes.

Si este proyecto logra articularse con políticas públicas, infraestructura, movilidad sostenible y formación de capital humano, el impacto puede ser profundo. Miles de empleos, múltiples emprendimientos, nuevas oportunidades para jóvenes y para quienes hoy viajan diariamente hacia Montevideo buscando lo que el territorio todavía no ofrece. El verdadero éxito no será llenar planos, sino llenar de sentido el crecimiento.

Como habitante, como comunicador y como profesional que trabaja con territorios, confieso que este tipo de iniciativas me generan entusiasmo. No ingenuo, sino crítico y atento. Porque pensar el futuro también exige responsabilidad. Pero cuando la iniciativa privada se anima a mirar lejos y a dialogar con la ciudad que ya existe, algo empieza a alinearse.

Atlántida tiene historia, tiene identidad y tiene comunidad. Si suma visión, planificación y decisión, puede convertirse en un caso de referencia en Uruguay. No como ciudad perfecta, sino como ciudad consciente de su tiempo. Y eso, hoy, es mucho decir.

Jacobo Malowany
Marketing de ciudades · Visión territorial

Nombre del proyecto
El Águila

Tipo de desarrollo
Proyecto urbanístico de usos mixtos (vivienda, comercio, servicios, espacios públicos y áreas verdes)

Ubicación
Zona de Atlántida, Costa de Oro, departamento de Canelones
Entre el Fortín de Santa Rosa y el eje de la Ruta Interbalnearia

Superficie total
238 hectáreas

  • 90 hectáreas al sur de la Ruta Interbalnearia (hacia la costa)

  • 148 hectáreas al norte del corredor vial

Plazo de ejecución
Aproximadamente 20 años

Inversión estimada
Hasta US$ 500 millones a lo largo del desarrollo

Impulsores del proyecto
Kopel Sánchez
En asociación con Estudio Luis E. Lecueder

Origen del capital
Grupo inversor mayoritariamente uruguayo (95%)

Conceptos rectores

  • Creación de una nueva centralidad metropolitana

  • Integración con la trama urbana existente

  • Fuerte énfasis en espacio público y calidad de vida

  • Sustentabilidad y planificación de largo plazo

  • Ciudad flexible, pensada para evolucionar en el tiempo

En esta segunda reflexión, el arquitecto Esteban Molet Gurrera vuelve sobre el origen de la vocación, la intuición temprana y el momento en que una imagen, un viaje o un edificio pueden marcar para siempre una decisión de vida. Con una mirada directa y sin concesiones, el autor reflexiona sobre qué significa realmente querer ser arquitecto, la importancia de la formación integral y el equilibrio indispensable entre arte, técnica y responsabilidad profesional.

Siempre he pensado que, en general, es raro que un niño de siete años y medio sepa a tan temprana edad, qué es lo que quiere ser de grande; en ese caso me encuentro yo.

Yo venía de Mora de Ebro, en Tarragona, España, un pueblo modesto; solo había visto principalmente, casas unifamiliares a lo largo y ancho de mi pueblo; además había visto las escuelas, el consultorio médico, las iglesias y los cines.

Al ir por primera vez a una ciudad tan imponente como Madrid, me empezaron a gustar más los grandes edificios que había en aquel mes de febrero del año 1956.

Ahora creo que ya en ese entonces tenía cierta intuición y deseos de hacer casas o edificios grandes, pero al ver en el avión de Madrid a México esa revista maravillosa con la portada de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí en Barcelona, me impactaron sus torres esbeltas y llamativas. Cuando la vi, inmediatamente me surgieron deseos de hacer, diseñar y construir obras grandes y hermosas.

Esto viene a cuento por lo siguiente: creo firmemente que quien de verdad quiere ser arquitecto, lo sabe, lo desea y lo anhela; quien tiene dudas desde el principio, no tiene nada que hacer estudiando y, posiblemente, ejerciendo la arquitectura con poca seguridad y con muchas dudas; así le llega el primer año de arquitectura y empiezan los pretextos, pues en el fondo, no sabe lo que quiere y no tiene una vocación verdadera; al final, unos continúan pero, en realidad, no hacen buena arquitectura, proyectan casitas mediocres o edificios comerciales en donde la arquitectura es irrelevante o de plano está ausente; esto es un claro indicador de que no tienen vocación y no saben encaminar sus oportunidades en mejorar sus proyectos, sino al contrario, cada vez se alejan más de la arquitectura y, con el respeto que me merecen todos, creo que la vocación profunda la poseen menos personas, ya que no saben de procesos de diseño, de creatividad, ni tienen idea del diseño estructural.

Ahí va mi crítica a quienes creen que la arquitectura es solo hacer obras bonitas y no toman en cuenta la estructura; las estructuras son un factor muy importante y un arquitecto debe ser un profesional integral, que maneje arte y técnica; no es un diseñador de modas, aunque lo podría ser, ya que algunos diseñadores de ropa fueron antes arquitectos.

Peleo tanto la parte artística como la técnica. La arquitectura diseña espacios funcionales y esos espacios deben estar bien estructurados, con idea de donde irán las columnas, los claros aceptables y todo lo que tiene que ver con las instalaciones hidrosanitarias, eléctricas y especiales, como aire acondicionado, calefacción, sistemas de seguridad, domótica (edificios inteligentes), y la

energía y su optimización, como la energía solar fotovoltaica y los aislamientos de los muros y vidrios contra el frío, el calor, todos factores dignos de ser tomados en cuenta, por lo que no hay que pensar que se diseña un edificio y después se equipa con todo; esto no es posible, debe preverse desde el principio con las medidas de alturas, pasos de ductos, horizontales y verticales, etc.

Todo esto y más, con la coordinación y asesoría de técnicos especializados para cada tipo de edificio, como puede ser en el diseño de un hotel, un hospital, o un teatro, por la acústica y la isóptica; afortunadamente no estamos solos, podemos solicitar la intervención de personas y/o contratistas especializados en cada campo y no hay que tener miedo a no saber de todo; lo que hay que tener en cuenta es que somos arquitectos coordinadores y acomodadores de todo lo que conlleva un edificio inteligente y más.

Pantallas, urgencia y escuela: cuando educar se vuelve contracultural

Mientras Francia discute limitar el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales, en las aulas el debate dejó de ser abstracto. Cada día, docentes y estudiantes conviven con una tensión silenciosa: la escuela intenta enseñar procesos largos en un mundo entrenado para la respuesta inmediata. La atención fragmentada, la ansiedad por el estímulo constante y la dificultad para sostener el esfuerzo ya no son excepciones; se volvieron paisaje.

En este contexto, resulta pertinente la advertencia de Bill Gates, fundador de Microsoft, publicada en su blog Gates Notes. Gates retoma los argumentos del psicólogo Jonathan Haidt y su libro The Anxious Generation, para poner una alerta clara: la exposición temprana y constante a los teléfonos inteligentes está debilitando habilidades clave como la creatividad, el pensamiento crítico y la autonomía emocional.

Gates no demoniza la tecnología. Reconoce su utilidad en momentos puntuales de concentración o entretenimiento. El problema aparece cuando ese “momento” se transforma en una forma de estar en el mundo: largos períodos de ocio improductivo, interacción pasiva y dependencia de estímulos diseñados para no soltarnos. Para las nuevas generaciones, la pantalla no es una herramienta más; es el centro de la experiencia cotidiana.

Desde la escuela, esta realidad se traduce en una batalla diaria contra la urgencia. Enseñar a leer en profundidad, a argumentar, a equivocarse y volver a intentar exige un tiempo que compite con un sistema de recompensas inmediatas. Salvo que exista conciencia —y la voluntad explícita de “poner el celular en la caja”— la pedagogía queda en desventaja.

Las propuestas que Gates destaca no son simples, pero sí orientadoras: postergar el acceso a celulares hasta edades más maduras; establecer verificaciones de edad efectivas en redes sociales; y, sobre todo, reconstruir la infraestructura de la infancia. Espacios físicos seguros y estimulantes donde el juego, el encuentro y la exploración vuelvan a ser centrales. Lugares donde se aprenda a convivir sin mediación permanente de una pantalla.

La pregunta de fondo no es si se acerca el fin de los celulares. La pregunta es si estamos dispuestos a redefinir su lugar. Regular no es prohibir; es decidir colectivamente qué valoramos. En tiempos donde todo apura, educar —paradójicamente— implica frenar. Crear condiciones para que pensar, imaginar y conversar vuelvan a tener tiempo. Y sentido.

 
 
 

Los tres niveles de gobierno y la lógica de los eventos territoriales

Uruguay organiza su gestión pública en tres niveles de gobierno, cada uno con competencias claras y complementarias.
El primer nivel, el nacional, define políticas de alcance país, marcos normativos y grandes lineamientos presupuestales.
El segundo nivel, departamental, a cargo de las intendencias, gestiona el territorio, diseña políticas culturales y turísticas propias y cuenta con autonomía para asignar recursos, articular actores y ejecutar proyectos.
El tercer nivel, el municipal, actúa en escala local: barrios y ciudades. Su rol se centra en la cercanía con la comunidad, la logística, el uso del espacio público y la articulación cotidiana con vecinos y comercios.

En este esquema, Canelones Suena Bien depende del segundo nivel de gobierno, mientras que la ciudad de Atlántida se gestiona desde su municipio, el tercer nivel. Esta distinción no es menor cuando se analizan resultados, impactos y retornos.

Un evento masivo no es casualidad

La generación de un evento que convoca multitudes responde a una decisión estratégica. El segundo nivel de gobierno dispone de la autonomía necesaria para asignar un presupuesto, generalmente compartido con otros actores públicos y privados, y para diseñar un modelo de gestión que combine cultura, turismo y economía local.
A esto se suma la venta de espacios como formato de ingresos y, en contextos actuales, la posibilidad de monetizar contenidos digitales, como transmisiones por plataformas de video, ampliando el alcance y el retorno.

Desde esta mirada, resulta clave diferenciar inversión de gasto. El posicionamiento de Atlántida durante la semana del evento, medido en minutos de exposición mediática en formatos tradicionales y digitales, superó ampliamente la inversión realizada. No se trató de un gasto: se disfrutaron cuatro shows de primer nivel, se brindó escenario a dos bandas locales y se activó una cadena de valor que excede la noche del concierto.

Públicos, microsegmentación y derrama

Los datos de asistencia muestran diferencias claras según día y propuesta. El sábado, miles de personas participaron con segmentaciones diversas: en Canelones Suena Bien, el promedio superó los 30 años, mientras que el primer día la franja fue más amplia, entre 15 y 50 años. La microsegmentación explica estos resultados: propuestas, horarios y artistas convocan públicos distintos y generan impactos distintos.

En paralelo, otros espacios de la ciudad ofrecían alternativas simultáneas. La LIFA, el fútbol con presencia de un equipo europeo y actividades recreativas atrajeron principalmente a jóvenes y familias. Todos los sábados la dinámica se repite: el baile convoca a los jóvenes; el 31 de enero, con DJ y Luana, volvio a suceder. La piscina recibe excursiones a diario y completa un ecosistema activo. El Camping Ancap, alquileres por el fin de semana y el tiempo acompaño por supuesto. 

Público y privado: dos lógicas, un territorio

La diferencia entre un emprendimiento público y uno privado no es ideológica, es funcional. El primero prioriza el impacto territorial y favorece a las mypes mediante espacios de venta y circulación de personas. El segundo persigue fines empresariales y mide su éxito en rentabilidad directa.
Desde la experiencia local, los jóvenes dejan menos consumo inmediato en los comercios, mientras que eventos como Canelones Suena Bien redistribuyen ingresos en momentos de baja estacional y, como suele decirse, traen gente al pueblo.

Esta primera parte propone una lectura técnica y neutra: los eventos bien diseñados son herramientas de marketing de ciudades, capaces de posicionar, activar economías locales y construir identidad, siempre que se los analice como inversión estratégica y no como gasto aislado.

Desde la Dirección de MIPYMES, de la Intendencia de Canelones, se instrumentó un proceso ordenado y transparente: se realizó un llamado abierto, se convocó, se recibieron más de 100 postulaciones y se seleccionaron 60 emprendimientos, todos formalizados. Muchos de ellos ya contaban con comercios en la zona, por lo que el beneficio no se limitó a la venta puntual, sino también a ganar visibilidad, ampliar públicos y reforzar marca. Cuando estos eventos se trabajan con método, los resultados se proyectan durante el resto del año: se fijan objetivos, se mide impacto y se construye continuidad. No se trata de un hecho aislado ni de un gesto ocasional, sino de gestión aplicada, lejos de la lógica del “baño del Papa”.

Desde la Asociación Turística de Canelones, integrante de la Cámara Uruguaya de Turismo, se entendió que lo gestionado respondió a una estrategia clara. Los vouchers de $500 por pernoctar dos noches activaron consumo en toda la franja costera y también beneficiaron a comercios fuera del microcentro, que sumaron movimiento en un período de alta demanda. Si se aplica el principio de Pareto, ese 20 % de los cerca de 100.000 asistentes generó una derrama relevante, siempre condicionada a la existencia de una oferta atractiva. Durante las aproximadamente cuatro horas del evento, la multitud no consume en el microcentro: la gente está concentrada en el predio y se produce una pausa comercial inevitable. La derrama real ocurre antes y después, y ahí aparecen las decisiones de gestión. Atlántida, aun sin el evento, ya estaba desbordada; el CSB ordenó tiempos, concentró públicos y extendió la permanencia en destino. Las recorridas por la ciudad mostraron entusiasmo genuino, incluso de personas que salieron a disfrutar la noche sin participar del concierto. De cara al próximo año, la ATC buscará potenciar este fenómeno con nuevas ideas y estrategias; quienes cuestionan la sede olvidan que el único que pierde es quien renuncia a un momento de visibilidad que no resulta efímero: el próximo año puede ser mejor.

La Asociación Turística de Canelones, además del esquema general de vouchers, subió la promoción con un 10 % adicional dirigido a asociados del corredor gastronómico, reforzando el vínculo entre evento, operadores y territorio. La ATC entiende estas acciones como herramientas de mediano plazo y no como estímulos aislados. En ese sentido, su presidente remarcó que “estos eventos no tienen un objetivo de fin de semana: el verdadero cometido es publicitar y posicionar el destino; quien no consumió anoche, vuelve en la brevedad”, y confirmó el compromiso de la asociación para potenciar el próximo año, reafirmar alianzas y generar nuevos incentivos que permitan mayor captación de consumo durante el evento. Desde otros ámbitos de la Intendencia de Canelones también se expresó que el impacto trasciende lo económico inmediato: Atlántida y Canelones ganan agenda nacional y regional. La llegada de ómnibus desde Treinta y Tres y visitantes de Rivera —no habituales del verano— confirma ese posicionamiento. A la derrama económica para operadores se suma una derrama publicitaria sostenida en el tiempo. En palabras del presidente de la ATC, el balance resulta claro: apoyo pleno a Canelones Suena Bien, por su valor cultural, turístico y estratégico, y por un estándar organizativo profesional en producción, audio y seguridad que deja una señal inequívoca del rumbo elegido.

Jacobo Malowany 

 


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