Cuando se habla de turismo, la mayoría de las personas piensa en playas, hoteles, aeropuertos o campañas de promoción. Sin embargo, detrás de cada destino exitoso existe otro componente menos visible pero cada vez más importante: las reglas que ordenan la actividad y la forma en que un país decide relacionar el turismo con su territorio, sus comunidades y el medio ambiente.

Ese fue uno de los temas centrales que Uruguay llevó a la Comisión Regional para las Américas de ONU Turismo, donde el ministro Pablo Menoni presentó dos iniciativas que podrían tener consecuencias mucho más amplias que una simple participación institucional: el fortalecimiento del Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe y el desarrollo de un programa piloto de turismo regenerativo con alcance regional.

La noticia puede parecer técnica, pero encierra una señal estratégica. Uruguay no solo busca atraer visitantes; también aspira a participar en la construcción de las normas, metodologías y modelos que orientarán el turismo latinoamericano durante los próximos años.

El país donde se estudian las reglas del turismo

El Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe tiene sede en Montevideo, en la Casa de las Naciones Unidas, y funciona en coordinación con ONU Turismo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Su misión es analizar cómo evolucionan las leyes vinculadas al sector y generar herramientas que permitan a los países adaptarse a desafíos cada vez más complejos.

La actividad turística ya no se limita a hoteles y agencias de viaje. Hoy debe responder a fenómenos como los alquileres temporarios, la accesibilidad universal, los derechos laborales, la protección de datos, la sostenibilidad ambiental y las nuevas plataformas digitales.

Por esa razón, Uruguay trabaja actualmente en directrices para la aplicación de la Ley 20.325 sobre alquileres turísticos, estudios sobre los derechos laborales de las mujeres en el sector y programas de capacitación sobre accesibilidad universal.

La importancia de estas acciones radica en que las conclusiones y metodologías que se generen desde Montevideo podrían transformarse en referencias para otros países de la región.

Del turismo sostenible al turismo regenerativo

La segunda iniciativa presentada por Uruguay apunta a una tendencia que comienza a ganar espacio en los principales foros internacionales: el turismo regenerativo.

Durante décadas el objetivo fue reducir impactos negativos. Más tarde surgió el concepto de turismo sostenible. Ahora aparece un nuevo desafío: que la actividad contribuya activamente a mejorar los territorios donde se desarrolla.

La diferencia es profunda.

Mientras la sostenibilidad busca conservar recursos, el turismo regenerativo procura que la actividad genere beneficios medibles para las comunidades, fortalezca los ecosistemas y contribuya al desarrollo económico local.

En términos prácticos, implica que un destino no solo reciba visitantes, sino que mejore su calidad ambiental, fortalezca su identidad cultural y genere oportunidades para quienes viven allí.

El programa impulsado por Uruguay y aprobado por ONU Turismo contempla capacitación, transferencia de herramientas metodológicas y proyectos piloto que involucrarán gobiernos locales, empresas, instituciones educativas y organizaciones comunitarias.

Lo que puede venir en los próximos años

Si el proyecto obtiene resultados positivos, Uruguay podría transformarse en un laboratorio regional de innovación turística.

Esto tendría varias consecuencias.

Por un lado, permitiría atraer cooperación internacional, financiamiento y nuevos proyectos vinculados a la sostenibilidad y la acción climática.

Por otro, posicionaría al país como exportador de conocimiento turístico, un rol que tradicionalmente ocupan naciones con mayor escala económica.

También podría abrir oportunidades para intendencias, operadores turísticos, bodegas, emprendimientos rurales, áreas protegidas y comunidades locales que busquen desarrollar modelos de turismo con mayor valor agregado.

En un escenario internacional donde los viajeros son cada vez más sensibles a cuestiones ambientales y sociales, los destinos capaces de demostrar impactos positivos reales tendrán una ventaja competitiva creciente.

Una apuesta silenciosa pero estratégica

Las grandes transformaciones del turismo no siempre nacen de una nueva ruta aérea o de una campaña publicitaria. Muchas veces comienzan en espacios técnicos donde se diseñan normas, indicadores y metodologías que luego terminan influyendo en miles de empresas y millones de viajeros.

La presentación realizada por Uruguay ante ONU Turismo apunta precisamente en esa dirección.

Mientras gran parte del mundo discute cómo crecer sin comprometer los recursos del futuro, el país intenta posicionarse en una conversación que definirá cómo será el turismo de América Latina durante las próximas décadas. Y esa puede convertirse en una de las inversiones estratégicas más importantes para el sector turístico nacional.

La reciente convocatoria de Uruguay para la Copa América ha generado controversia por la ausencia de Luis Suárez, una decisión que merece análisis desde múltiples perspectivas. Si bien la selección cuenta con figuras importantes, la exclusión del máximo goleador histórico representa un error estratégico que va más allá de lo puramente deportivo.

Luis Suárez y la oportunidad perdida de la marca Uruguay en el Mundial

La convocatoria de Uruguay para el Mundial ya está definida. Como en toda lista, aparecen nombres que generan consenso y otros que abren debate. Entre ellos surge una ausencia que trasciende lo estrictamente futbolístico: Luis Suárez.

Noticias y Destinos no es un medio deportivo. Habitualmente hablamos de turismo, cultura, tecnología, innovación y desarrollo. Sin embargo, existen figuras que superan el ámbito donde construyeron su fama y se transforman en activos de imagen para un país. Luis Suárez pertenece a esa categoría.

El valor de Suárez: Más que un futbolista

Luis Suárez no es simplemente un jugador más; es un icono mundial que trasciende las fronteras del fútbol. Su presencia en la convocatoria garantizaría un foco mediático especial, especialmente considerando que reside en Miami, donde Uruguay disputará dos de sus tres partidos de fase de grupos. Esta conexión local habría multiplicado el impacto mediático de la Celeste en suelo estadounidense, generando oportunidades de marketing y posicionamiento de marca país que ningún otro jugador puede ofrecer.

La discusión no pasa necesariamente por si hoy integra el grupo de los mejores delanteros uruguayos del momento. La pregunta es otra: ¿qué representa Luis Suárez para Uruguay ante el mundo?

El delantero continúa activo en Miami, una de las ciudades más observadas del planeta. Mantiene vigencia deportiva, convierte goles y sigue siendo una referencia global. Su nombre es conocido en Europa, América, Asia, Oceanía y África. Pocos uruguayos vivos poseen ese nivel de reconocimiento internacional.

En eventos globales como una Copa del Mundo, la selección nacional también funciona como una plataforma de promoción del país Cada conferencia de prensa, cada entrenamiento abierto, cada entrevista y cada imagen distribuida por cadenas internacionales multiplica la visibilidad de Uruguay.

El propio calendario del torneo parece reforzar ese argumento. Uruguay debutará en Miami frente a Arabia Saudita y volverá a jugar allí ante Cabo Verde. Son dos encuentros en una ciudad donde Suárez reside, donde es una figura reconocida y donde genera interés mediático permanente. En términos de comunicación internacional, resulta difícil imaginar una combinación más favorable.

Las cámaras seguramente buscarán a figuras como, uno de los grandes referentes del fútbol europeo actual. También a Giorgian De Arrascaeta ídolo en Brasil y protagonista de uno de los mercados futbolísticos más importantes del continente. Son jugadores imprescindibles.

Pero Suárez aporta algo diferente.

Representa memoria colectiva, trayectoria y reconocimiento inmediato. Es una marca consolidada. Su sola presencia genera titulares, atrae periodistas y despierta interés en públicos que quizás no siguen habitualmente el fútbol uruguayo.

La historia reciente demuestra que las selecciones campeonas suelen combinar presente y legado. La convocatoria de futbolistas veteranos no es una excepción. Continúa siendo la principal referencia de Argentina. Sigue formando parte de las conversaciones internacionales alrededor de Brasil. Numerosas selecciones mantienen referentes mayores de 35 años porque comprenden que el impacto trasciende los noventa minutos.

La marca país se construye con exportaciones, cultura, turismo, innovación y también con símbolos humanos capaces de abrir puertas. Uruguay dispone de pocos embajadores con el nivel de conocimiento global de Luis Suárez.

Quizás la explicación de su ausencia sea puramente deportiva. Los entrenadores tienen información que el público desconoce y son quienes toman las decisiones finales. Pero desde la óptica de la promoción internacional, de la construcción de imagen y del posicionamiento de Uruguay en uno de los eventos más vistos del planeta, resulta legítimo preguntarse si en esos 25 nombres no faltaba uno que hace años lleva al país en cada estadio donde juega.

Porque algunos futbolistas no solo representan un puesto dentro de la cancha. Representan una historia. Y las historias también venden destinos, despiertan curiosidad y posicionan países.

Luis Suárez es una de esas historias.

Jacobo Malowany redactor responsable de Noticiasydestinos

 La fumata blanca todavía flotaba sobre Roma cuando comenzó una de las primeras señales de esta nueva etapa. El nuevo Papa elegía llamarse León XIV. Para muchos fue apenas una continuidad histórica. Para otros, una decisión cargada de mensaje. En aquel momento, desde Noticias y Destinos ya marcábamos en una columna publicada en ShopNews que ese nombre no parecía casual. León XIII había sido el pontífice que enfrentó intelectualmente el impacto humano de la Revolución Industrial con la encíclica Rerum Novarum. Ahora, en medio de la revolución tecnológica y de la inteligencia artificial, otro León aparecía mirando un nuevo cambio civilizatorio.

Nada es casual cuando se mira estratégicamente.

La historia enseña que cada revolución trae fascinación y temor. Pasó con las máquinas, con la electricidad, con Internet y ahora con la inteligencia artificial. Siempre aparece la misma sensación: “todo ya pasó”, “el futuro llegó”, “los viejos modelos murieron”. Los dinosaurios se extinguieron por no adaptarse, repiten muchos empresarios y tecnólogos. Y en esa frase también se esconde una advertencia brutal para trabajadores, docentes, periodistas, empresas y gobiernos.

Porque el gran debate ya comenzó: ¿desaparece el trabajo o desaparece una forma de empleo? ¿La inteligencia artificial reemplazará personas o transformará radicalmente lo que entendemos por productividad y conocimiento?

La IA se transformó para muchos en la nueva espada de Damocles suspendida sobre la sociedad moderna. Promete eficiencia, automatización y crecimiento económico, pero también despierta miedo sobre concentración de poder, pérdida de empleos y manipulación de la verdad. Mientras algunos la observan con desconfianza, otros avanzan a velocidad de tsunami.

Y quizás allí aparece el punto más interesante de León XIV: no hablar desde el rechazo a la tecnología, sino desde la necesidad urgente de discutir ética, poder y humanidad antes de que la ola termine definiendo sola el destino de todos.

León XIV, la inteligencia artificial y la ola que ya llegó

Cuando el papa León XIII publicó en 1891 la encíclica Rerum Novarum, el mundo atravesaba una transformación que parecía imparable. La Revolución Industrial cambiaba la manera de producir, trabajar y vivir. Las máquinas despertaban fascinación y miedo. Muchos creían que el hombre quedaría desplazado y que el poder económico terminaría concentrado en pocas manos.

Más de un siglo después, otro León vuelve a mirar una revolución que redefine el futuro. Esta vez no son las fábricas ni las locomotoras. Es la inteligencia artificial.

La coincidencia histórica no parece casual. León XIV recoge parte de aquella preocupación social y la traslada a una nueva época: la revolución tecnológica.

El futurista Alvin Toffler hablaba de las “olas” que transforman la civilización. La primera fue agrícola. La segunda industrial. La tercera digital. Pero algunos autores contemporáneos ya no hablan de una simple ola. Hablan de “la ola del tsunami”. Una fuerza tan grande que puede reorganizar economías, profesiones, gobiernos y hasta la manera en que pensamos.

Y lo cierto es que la sensación empieza a ser esa.

La inteligencia artificial ya no es una curiosidad tecnológica. Está entrando en las aulas, las empresas, los medios de comunicación, la medicina, la guerra, la publicidad y la vida cotidiana. Cada día entiende mejor cómo piensa quien la utiliza. Aprende contextos, hábitos, estilos y necesidades. Responde con una naturalidad que hace apenas dos años parecía ciencia ficción.

Yo llevo cuatro años utilizándola, enseñándola y observando cómo evoluciona. Lo que hoy hacemos en un curso, dentro de tres meses ya cambió. Nuevas herramientas aparecen permanentemente. Lo que ayer sorprendía, hoy quedó viejo. Es imposible enseñar inteligencia artificial sin seguir aprendiendo.

También veo algo muy concreto: automatiza procesos rutinarios, acelera tareas, mejora productividad y abre oportunidades reales para estudiantes, emprendedores y empresas. Negar eso sería tan absurdo como negar Internet en los años noventa.

Pero junto al entusiasmo aparecen riesgos evidentes.

La inteligencia artificial puede equivocarse. Puede “inventar” información. Puede ser autocomplaciente y responder lo que el usuario quiere escuchar. Y el mayor problema es que muchas personas creen automáticamente en lo que escribe porque desconoce cómo funciona. La IA no “piensa” como un ser humano. Predice respuestas. Y cuando esa predicción parece convincente, el peligro es confundir fluidez con verdad.

A eso se suma otro escenario mucho más complejo: la lucha por el poder tecnológico global.

Hoy el debate ya no es solamente técnico. También es económico, geopolítico y militar. Empresas como OpenAI y Anthropic compiten por liderazgo, influencia y desarrollo ético. Detrás aparecen gobiernos, inversiones multimillonarias y disputas entre Estados Unidos y China por dominar la próxima gran revolución tecnológica.

Por eso resulta tan simbólico que León XIV haya puesto sobre la mesa la cuestión ética acompañado justamente por referentes de una empresa de inteligencia artificial. El mensaje parece claro: la Iglesia no plantea rechazar la tecnología. Plantea discutir quién la controla, cómo se utiliza y qué modelo de humanidad queremos construir alrededor de ella.

La encíclica deja una idea central: el ser humano debe seguir estando en el centro.

Y allí aparece quizás la mayor advertencia del documento. No se trata solamente de si la IA será útil o peligrosa. Se trata de evitar que el conocimiento, la verdad y el poder económico queden concentrados en muy pocas manos. La preocupación ya no es solo tecnológica. Es profundamente humana.

La revolución industrial generó décadas de sufrimiento antes de crear derechos laborales, regulaciones y protección social. La pregunta es si esta nueva revolución aprenderá de aquella experiencia o repetirá los mismos errores a una velocidad mucho mayor.

Porque la ola ya llegó.

Podemos ignorarla o intentar comprenderla. Podemos usarla para ampliar capacidades humanas o dejar que profundice desigualdades. Podemos convertirla en una herramienta de desarrollo o en un mecanismo de control.

La inteligencia artificial no parece detenerse. Lo que todavía está abierto es quién escribirá las reglas de esta nueva era.

Fuentes consultadas y referencias para profundizar
  • Encíclica Rerum Novarum de Pope Leo XIII (1891), considerada uno de los textos fundamentales sobre la cuestión social durante la Revolución Industrial.
  • Reflexiones y declaraciones públicas de Pope Leo XIV sobre inteligencia artificial, ética y dignidad humana.
  • Alvin Toffler, autor de La tercera ola, obra clave para comprender los cambios civilizatorios provocados por las revoluciones tecnológicas.
  • The Coming Wave, ensayo contemporáneo sobre el impacto de la inteligencia artificial y las tecnologías exponenciales.
  • Experiencias y observaciones personales del autor en formación, consultoría y enseñanza de inteligencia artificial aplicada a educación, marketing y automatización de procesos.
  • Análisis de la evolución y competencia entre OpenAI y Anthropic en el escenario actual de desarrollo de inteligencia artificial.
  • Debates internacionales sobre ética tecnológica, automatización laboral, concentración de poder digital y regulación de inteligencia artificial en Estados Unidos, China y Europa.
 

Libertad de prensa en turismo: entre la promoción y la independencia

Cada 3 de mayo, el Día Mundial de la Libertad de Prensa invita a una pausa necesaria. No para repetir consignas, sino para revisar prácticas. En el periodismo turístico, esa revisión resulta especialmente incómoda.

Porque aquí la libertad no siempre se pone en juego frente al poder político. Muchas veces, el desafío aparece en un terreno más cercano: el vínculo con quienes financian, promocionan y, al mismo tiempo, forman parte de las historias que contamos.


El equilibrio que define la credibilidad

El turismo es una industria que necesita visibilidad. Destinos, empresas y organismos invierten en comunicación para atraer visitantes, dinamizar economías y posicionar territorios. En ese ecosistema, los medios especializados cumplen un rol clave.

Pero esa cercanía también plantea una pregunta inevitable:
¿hasta dónde informar y desde dónde promocionar?

La línea es fina. Cuando el financiamiento depende en gran medida del propio sector turístico, la independencia editorial deja de ser una declaración y pasa a ser una práctica que se pone a prueba todos los días.

No siempre se trata de censura directa.
A veces, el condicionamiento se manifiesta en decisiones pequeñas:

  • Qué historias se priorizan
  • Qué enfoques se eligen
  • Qué silencios se sostienen

En ese espacio intermedio es donde se juega la credibilidad.


Un oficio bajo presión

El periodismo especializado atraviesa un momento de transformación. Redacciones más ajustadas, modelos de negocio en revisión y una competencia creciente con contenidos inmediatos generan un escenario desafiante.

Las redes sociales aceleran los tiempos.
Los creadores de contenido multiplican miradas.
El lector, en muchos casos, no distingue entre información y promoción.

Frente a ese contexto, el valor diferencial del periodismo no debería diluirse, sino fortalecerse:

  • Verificar antes de publicar
  • Contextualizar más allá de la imagen
  • Analizar, incluso cuando el resultado no sea cómodo

En turismo, esto implica algo más profundo: entender que detrás de cada destino hay economías locales, comunidades y decisiones estratégicas.


Publicidad sí, dependencia no

El debate no pasa por rechazar la publicidad. Sería ingenuo. Los medios necesitan sostenerse y el sector turístico encuentra en ellos una vía legítima de difusión.

El punto crítico está en otro lugar:
cuando la pauta condiciona la agenda.

Ahí aparece el conflicto moral.
No siempre visible, pero sí persistente.

Un medio que depende en exceso de los actores que cubre corre el riesgo de convertirse en vocero. Y en ese tránsito, pierde su valor principal: la confianza del lector.


Cooperar para sostener principios

Frente a este escenario, la construcción de redes entre periodistas especializados se vuelve una herramienta estratégica. Compartir información, experiencias y criterios permite reducir presiones individuales y fortalecer estándares comunes.

El turismo es global.
La mirada periodística también debe serlo.

La cooperación no solo amplía el alcance de las historias. También protege algo más importante: la integridad del oficio.


Más que destinos, decisiones

El periodismo turístico no se limita a mostrar paisajes. Interpreta tendencias, analiza políticas, evalúa propuestas y, en muchos casos, influye en la toma de decisiones de viajeros y actores del sector.

Esa responsabilidad exige algo claro:
no confundir promoción con información.

Un destino crece mejor cuando se lo cuenta con honestidad.
Una industria se fortalece cuando admite sus tensiones.


Una elección cotidiana

La libertad de prensa no es un concepto abstracto. Se construye en cada nota, en cada enfoque, en cada decisión editorial.

Decidir qué contar… y cómo contarlo.

En turismo, donde la tentación de suavizar la realidad es constante, sostener ese criterio marca la diferencia entre un medio que acompaña al sector y uno que lo fortalece de verdad.

Porque al final, la pregunta no es quién financia la historia.
La pregunta es quién la escribe.

Mientras los indicadores macroeconómicos confirman un buen momento del turismo en Uruguay, crece el debate sobre la distribución de ese crecimiento y la rentabilidad real de las empresas del sector.

El turismo en Uruguay muestra números que invitan al optimismo. Más visitantes, mayor ingreso de divisas y un peso creciente dentro de la economía nacional dibujan un escenario positivo. Sin embargo, cuando la mirada desciende del indicador macro a la operación cotidiana de las empresas, aparecen matices que el crecimiento por sí solo no logra explicar.

Durante 2025, el país recibió cerca de 3,6 millones de visitantes y superó los 2.000 millones de dólares en ingresos por turismo. A su vez, el sector alcanzó una incidencia relevante en el Producto Interno Bruto, consolidándose como uno de los motores de la actividad económica.

Ese conjunto de datos configura una narrativa clara: Uruguay resulta atractivo, competitivo y con capacidad de recuperación en el escenario regional. Pero la pregunta que comienza a instalarse en el propio ecosistema turístico es otra, menos visible y más compleja: ¿ese crecimiento llega de forma equilibrada a las empresas?

El límite de las métricas tradicionales

Las cifras disponibles permiten medir volumen, flujo y gasto agregado. Son indicadores necesarios, pero no suficientes. No describen la rentabilidad, ni el margen operativo, ni la sostenibilidad financiera de miles de emprendimientos que sostienen la oferta turística en todo el territorio.

Uruguay cuenta con más de 25.000 empresas vinculadas al turismo, en su gran mayoría pequeñas y medianas. En ese universo, el impacto del crecimiento no se distribuye de forma homogénea. Mientras algunos segmentos logran capitalizar la demanda, otros operan con márgenes ajustados, condicionados por costos fijos elevados y estacionalidad.

Aquí aparece uno de los puntos centrales del debate: el turismo puede crecer como sector sin que todas sus empresas crezcan al mismo ritmo.

Concentración y territorio

Otro elemento clave es la concentración del gasto. Destinos consolidados como Montevideo y Punta del Este absorben una parte significativa del ingreso turístico, lo que genera una brecha respecto a otros territorios que buscan posicionarse.

En departamentos del interior o en propuestas emergentes —turismo rural, enoturismo, experiencias locales— el crecimiento existe, pero con otra escala y dinámica. Allí, la rentabilidad depende más de la gestión, la diferenciación y la capacidad de captar nichos específicos que del volumen general del mercado.

Esta realidad no implica debilidad, pero sí exige una lectura más fina del sector.

Más turistas no siempre significa más rentabilidad

El aumento del flujo turístico suele asociarse de forma directa con mejores resultados económicos. Sin embargo, en la práctica, la ecuación es más compleja.

El turismo en Uruguay avanza con números que respaldan su desarrollo. El desafío ahora es más profundo: asegurar que ese crecimiento no solo se vea en las estadísticas, sino también en la salud real de quienes sostienen la actividad día a día.

Fuentes

  • Ministerio de Turismo de Uruguay – Informes de turismo receptivo e ingresos 2025
  • Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) – Análisis de impacto del turismo en el PIB
  • Portal de América – Columna de Sergio Antonio Herrera sobre métricas y rentabilidad
  • Informes sectoriales y cobertura de medios nacionales (2025–2026)

Factores como:

  • costos operativos en aumento
  • presión fiscal
  • necesidad de inversión constante
  • competencia regional
  • cambios en el comportamiento del turista

condicionan el resultado final de cada empresa.

En ese contexto, el crecimiento del sector puede convivir con rentabilidades dispares.

Un cambio de enfoque necesario

El turismo uruguayo no atraviesa una crisis estructural. Los datos muestran lo contrario: existe dinamismo, recuperación y posicionamiento.

Pero sí enfrenta un desafío de madurez: avanzar hacia una lectura más integral del sistema.

Esto implica complementar los indicadores tradicionales con otros que permitan entender:

  • la rentabilidad por segmento
  • la sostenibilidad de las empresas
  • la distribución territorial del ingreso
  • el impacto real en las economías locales

No se trata de cuestionar el crecimiento, sino de comprenderlo mejor.

Fuentes consultadas para la nota:

En el terreno, las percepciones empiezan a alinearse con esa lectura más matizada. Desde el ámbito empresarial, un operador gastronómico de Atlántida resume la situación con claridad: “Trabajamos más, recibimos más gente, pero los costos subieron y el margen es cada vez más ajustado”. En la misma línea, desde una agencia receptiva señalan que “el turista hoy decide más sobre la marcha y compara precios constantemente, lo que obliga a ser más competitivo y reduce la rentabilidad”. A nivel institucional, desde la Cámara Uruguaya de Turismo advierten que el desafío no pasa solo por crecer, sino por sostener el sistema: “El sector muestra dinamismo, pero es clave que ese crecimiento alcance a las pymes y a los distintos territorios”. Una mirada que también encuentra eco en el interior, donde un emprendimiento enológico de Canelones aporta otra dimensión: “El crecimiento existe, pero hay que salir a generarlo; en el interior, diferenciarse no es una opción, es una necesidad”.

Una oportunidad para el sector

El debate que comienza a instalarse no representa una debilidad. Por el contrario, puede transformarse en una oportunidad.

Un sector que mide mejor, decide mejor.

Y un turismo que logra equilibrar crecimiento con rentabilidad no solo atrae visitantes: construye empresas más sólidas, destinos más competitivos y experiencias de mayor calidad.


Cierre

El turismo en Uruguay avanza con números que respaldan su desarrollo. El desafío ahora es más profundo: asegurar que ese crecimiento no solo se vea en las estadísticas, sino también en la salud real de quienes sostienen la actividad día a día.


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