El lanzamiento de temporada en el Hotel Terrazas tiene una energía particular. La música se mueve sin apuro, la moda pasa como un susurro y el mar se escucha tan cerca que parece parte del diálogo. Entre saludos y presentaciones, Robert Caballero —director de turismo de Rocha— se acomoda a un costado, casi sin protocolo, y empezamos a conversar como si habláramos desde hace años.

“Rocha cambió por dentro”, dice mientras mira la línea del océano. “Y cuando un territorio cambia por dentro, todo lo demás se ordena solo”.

Habla del puente sobre la laguna Garzón, de la ruta 10 renovada, de la doble vía de la ruta 9, no como obras aisladas, sino como la puerta de entrada a una nueva percepción. “La gente dejó de venir a Rocha como al final del camino. Ahora llega a un lugar que tiene múltiples caminos”.

El puente, la doble vía y una nueva forma de llegar

Desde la inauguración del puente sobre la laguna Garzón, Rocha recibe visitantes que buscan tranquilidad, belleza natural y seguridad. A eso se suma la doble vía de la ruta 9, que redujo tiempos y alivió las congestiones en los días de mayor movimiento.

“Ese acceso transformó nuestras posibilidades”, afirma. “A partir de ahí el visitante empezó a mirar a Rocha como un destino completo, no como un final del mapa”.

“Lo primero fue asumir que Rocha no es solo playa”, responde. “El plan busca consolidar la oferta del departamento, aprovechar la diversidad de recursos naturales y culturales y posicionar a Rocha como un destino de clase media y familiar, sin dejar de atender a ese público de mayor poder adquisitivo que busca tranquilidad, belleza y seguridad. La innovación y la sostenibilidad no son eslóganes: son criterios para decidir qué proyectos apoyamos y cómo acompañamos a los actores locales”.

Habla de articulación, de procesos y de tiempo. Nada aparece como un golpe de efecto; todo remite a una construcción paciente.

 


—¿Cómo entra el interior del departamento en esa mirada?

“El río Cebollatí es un buen ejemplo”, dice. “Es paisaje, trabajo y cultura al mismo tiempo”.

Allí conviven raids hípicos, jineteadas, festivales folklóricos, pesca y la fuerza de la producción arrocera. En sus aguas se recorta también la Isla del Padre, espacio de reserva y de turismo de naturaleza con potencial educativo.

“Cuando uno sube al bote y se adentra en el río, entiende que el turismo interior no es un complemento, es parte del corazón de Rocha. Nuestro desafío es que la comunidad participe en la gestión y la promoción, que sienta que el turismo es una herramienta y no algo externo que llega y se va”.

Aguas Dulces, Valizas y Polonio: tres escenas del mismo territorio

Cuando la conversación llega a los balnearios, la expresión de Caballero cambia, como si se encendiera una memoria personal.

“Aguas Dulces es un pueblo que respira a su ritmo”, dice. “Esa pequeña Gorlero tiene vida propia”.
Sobre Valizas, agrega:
“Es uno de esos lugares donde la naturaleza te obliga a bajar la voz”. Menciona la Camaronada, esa celebración que cada fin de verano reúne gastronomía, tradición y música alrededor de una práctica ancestral: recolectar camarones en la orilla.

Las dunas funcionan como un corredor hacia Cabo Polonio, una caminata que permite sentir el paisaje antes de llegar a su faro, sus loberías y esa forma singular de habitar.

Cuando se le pregunta por qué sigue fascinando tanto, responde:
“Polonio conserva algo que el visitante siente como verdadero. No tenemos que inventarlo”.

El bosque de ombúes: un paisaje que sorprende hacia el oeste

Más allá de la costa, Caballero destaca el bosque de ombúes, uno de los paisajes más antiguos del departamento.
“Es un recordatorio de que Rocha también se cuenta desde la quietud”, señala. “Son escenarios que te enseñan a mirar”.

Castillos, 19 de Abril y la identidad que se pinta en las paredes

La conversación avanza hacia el centro del departamento.

“Castillos es un punto clave. La nueva terminal de buses lo ordena y lo proyecta”, explica.

Y sobre 19 de Abril, agrega:
“Un pueblo puede volverse museo sin encerrarse. Es lo que hicieron ahí. Sus murales cuentan quiénes fueron y quiénes son”.

Lascano

En Lascano, la tradición se enciende alrededor del fuego. Cada año, la ciudad celebra el Festival del Asado con Cuero, una fiesta popular que reúne a cocineros, familias y productores desde 1982. El aroma del cuero tostándose lentamente, la música en vivo y las mesas compartidas convierten el encuentro en un gesto de identidad profunda. Para Caballero, “Lascano conserva ese espíritu de comunidad que sostiene la cultura gastronómica de Rocha”. La ciudad se volvió un punto de referencia en el calendario afectivo del departamento, un lugar donde la tradición no se exhibe: se vive.


El palmar y la amenaza del picudo rojo

Cuando la conversación deriva hacia el palmar, Caballero se detiene un instante, como si midiera la importancia del tema.
—¿Y el avance del picudo rojo? —preguntamos.
Asiente con seriedad antes de responder.

“El picudo es una amenaza real”, admite. “Los que pasan por la ruta solo ven el palmar de Castillos, que es hermoso, pero es apenas una parte mínima. Hacia la Laguna Negra el palmar se extiende en miles de hectáreas, con miles de ejemplares que forman un ecosistema único. Si no actuamos a tiempo, perderíamos no solo un paisaje, sino un capítulo entero de nuestra identidad ecológica”.

Explica que trabajan junto a productores, técnicos y comunidades rurales para monitorear, frenar la plaga y proteger este patrimonio natural que no siempre aparece en las fotos, pero sostiene buena parte del territorio rochense.

El puente entre lo privado y el territorio

En algún momento la charla deriva hacia su trayectoria. Caballero no lo enfatiza, pero se le nota la transición.

“Vengo del sector privado”, dice. “Y eso me enseñó a escuchar”.

Durante años trabajó en la Corporación Rochense, lo que le dio una lectura fina sobre cómo piensan los emprendedores, qué temen, qué necesitan, qué los frena.

“Mi trabajo hoy es tender puentes. Cuando lo privado siente que forma parte del territorio, no como invitado sino como socio, el desarrollo fluye. No hay imposiciones: hay participación”.

Una agenda que late todo el año

En Punta del Diablo, en La Paloma, en el Parque Santa Teresa, en la Barra del Chuy —donde se anunció la temporada 2026—, las agendas culturales y deportivas sostienen el movimiento anual. Maratones, festivales, caminatas, gastronomía, ferias.

Entra en escena el bus turístico, que para Caballero es más que un transporte: es una herramienta pedagógica del territorio.

El sol que organiza la vida

La conversación hace una pausa cuando menciono La Balconada. Sonríe.

“Aplaudir el atardecer es un gesto que dice mucho de nosotros. Nadie lo ordenó, nadie lo inventó. Surgió”.

Y luego recuerda el otro ritual, más íntimo: amanecer en las playas del este, ver cómo sube el sol del Atlántico.
“Ese sol es el sol de la patria. Y verlo nacer así explica por qué cuidamos tanto esta tierra”.

Aeropuerto, cinco estrellas y lo que viene

Caballero habla del aeropuerto como quien describe un paso lógico: no un lujo, sino una pieza necesaria para conectar mejor.
Habla del hotel cinco estrellas en pausa, pero no detenido.
Habla de la hidrovía de la laguna Merín como un futuro posible.

Nada se presenta como anuncio rimbombante. Todo aparece como parte de una trama mayor que el departamento comenzó a tejer hace años.

“Rocha crece cuando cada comunidad encuentra su lugar en el mapa que estamos dibujando”, dice antes de volver al salón, donde la música retoma su ritmo.

 

Una conversación que desbordó el turismo

La pregunta parecía simple, casi provocadora: ¿el turismo es para todos o para unos pocos? Sin embargo, el encuentro semanal de Tribu de Interioridad, transmitido desde España con participación de Uruguay y Argentina, terminó convirtiéndose en una conversación profunda sobre identidad, consumo, espiritualidad y sentido de vida.

El espacio reunió miradas complementarias: la experiencia territorial, la reflexión académica, la vivencia ciudadana y, sobre todo, la pregunta por qué buscamos realmente cuando viajamos.


El turismo ya no es una élite

El disparador central estuvo a cargo de Jacobo Malowany, especialista en marketing de ciudades y emprendimientos turísticos, integrante de la Asociación Turística de Canelones (Uruguay), quien planteó que el turismo atraviesa una transformación estructural.

“El turismo cambió muchísimo porque se hizo accesible. Ese cambio nos obliga a repensar identidad, responsabilidad y territorio.”

Desde allí propuso una mirada que rompe con la lógica del destino lejano como única aspiración:

“El turista hoy está buscando experiencias que le permitan crecer y generar un recuerdo positivo.”

En su exposición, Malowany insistió en el valor de lo cercano y en una paradoja cada vez más visible:

“Cuando el local no conoce lo local, aparece uno de los grandes problemas del turismo.”


Experiencia, identidad y trabajo

A través de ejemplos concretos de Uruguay y Argentina, el orador mostró cómo pequeños pueblos y comunidades logran generar desarrollo turístico a partir de relato, identidad y trabajo colectivo.

“El turismo no es solo movimiento económico; es trabajo, identidad y una oportunidad real para las comunidades.”

Y advirtió sobre los riesgos de perder el equilibrio entre precio, servicio y calidad:

“El precio y la calidad tienen que ir de la mano. Caro sin sentido expulsa a la gente. El destino hoy está en la experiencia.”

En ese marco, definió con claridad el concepto central del encuentro:

“El turismo para todos no significa que todo sea para todos, sino que todos tengan acceso a alguna experiencia que les deje algo valioso.”


No hay un solo turismo

El economista y académico José Luis López aportó una mirada estructural y desarmó una idea muy instalada en el sector:

“No existe un solo mercado turístico; existen muchísimos mercados y muchísimas personas buscando cosas diferentes.”

Según López, el cambio más profundo está ocurriendo en la motivación del viajero:

“Hoy el turista no solo viaja para la foto; viaja para entender por qué hace lo que hace.”


Entre el discurso y la realidad

La profesora Elisa introdujo un tono crítico, planteando la distancia entre los relatos inspiradores y lo que sucede en muchos destinos saturados.

“Hay un discurso de lo que el turismo debería ser y una realidad muy diferente de lo que realmente es.”

Desde su experiencia académica y territorial, advirtió:

“El turismo muchas veces se ha reducido a un hecho puramente comercial donde lo único que importa es facturar.”

Y lanzó una alerta clara:

“No todo puede ni debe convertirse en un hecho turístico. El turismo es un fenómeno complejo que necesita planificación y límites.”


Masificación e identidad en riesgo

Desde una mirada ciudadana, Santi puso palabras al malestar que hoy se vive en varias ciudades europeas:

“La masificación está pisoteando la identidad de los pueblos y vaciando de sentido a los destinos.”

Según expresó, cuando el turismo desborda:

“No se puede sentir una cultura cuando está completamente saturada de visitantes; se pierde memoria, forma de vida y pertenencia.”


Espiritualidad y geografía interior

Uno de los momentos más profundos del encuentro llegó con la intervención de Miguel (Magnánimo), quien propuso salir del turismo exterior para mirar hacia adentro.

“Todo lo que no está dentro de uno cansa. Lo único que te mantiene activo es lo que te genera curiosidad ontológica.”

Desde el concepto de geografía interior, planteó:

“No hay mayor experiencia emocional que conocerse a uno mismo.”

Y dejó una frase que resonó a lo largo de todo el diálogo:

“El poder de compra no es capacidad de compra; es poder de curiosidad.”


El viaje cuando la vida interpela

En el tramo final, Jacobo Malowany compartió  aportó una dimensión humana que dio nuevo sentido al encuentro.

“Hoy mi experiencia pasa por las personas, por las conversaciones y por lo que compartimos. Ese también es un viaje.”

La tribu respondió con cercanía, respeto y silencio atento. El turismo, en ese instante, dejó de ser un tema técnico para transformarse en forma de estar en el mundo.


Viajar con sentido

El encuentro cerró sin respuestas cerradas, pero con algunas certezas compartidas:

  • El turismo no puede pensarse solo como consumo.

  • Los destinos necesitan límites y respeto por quienes los habitan.

  • Viajar también implica comprender por qué y para qué lo hacemos.

  • A veces, el viaje más profundo comienza sin moverse.

Como síntesis, una frase que resume el espíritu del encuentro:

“Viajar puede ser una forma de descubrir el mundo o una manera de empezar a conocerse.”


Ver el encuentro completo

Turismo para todos o para unos pocos – Tribu de Interioridad (video completo)

https://www.youtube.com/watch?v=Kk1mLYSH7Ro

Una conversación que invita a pensar el turismo no solo como destino, sino como experiencia, vínculo y sentido compartido.

La tarde cae despacio en Atlántida. Es domingo, y hay un rumor suave en el aire, mezcla de mar cercano y buen almuerzo. Afuera, en la vereda, Tito López termina de alinear unas baldosas flojas. Se agacha, acomoda, se levanta, da un paso atrás y observa con la mirada de quien cuida lo suyo. Su camisa tiene olor a cocina, pero también a barrio, a música, a proyecto en marcha.

Dentro de Quitapenas, todo está en sintonía. El comedor vibra bajo una música sin interrupciones, suave pero presente, que sale de un televisor discretamente ubicado. Las pastas caseras dejaron sus rastros de salsa sobre platos vacíos. Los tragos de autor, con sus colores intensos, arrancaron más de una sonrisa. El pan llega calentito, recién salido del horno, y el servicio fluye con la amabilidad justa: atenta, sin invadir.

Tito entra, revisa una mesa, bromea con un cliente, pasa por la barra y, en el camino, ya está pensando en lo que viene: un nuevo emprendimiento con música para mayores, pensado para los que buscan una experiencia más íntima y cercana. Porque si algo sabe, es que cada etapa de la vida tiene su ritmo, y cada lugar su esencia.

Casado hace treintay ocho años con Andrea y padre de Francesco, un adolescente que ya observa con curiosidad lo que su padre hace, Tito lleva un nombre cargado de historia.

“Mi padre  se llamaba Alberto y le decianTito. Yo fui el primer hijo de su segundo matrimonio. Él se casó de nuevo a los 73 años, y como la familia anterior no lo aceptaba, me puso su apodo "Tito" como forma de decirle al mundo: ‘pude volver a empezar’. Después vinieron dos hermanas más, una cuando él tenía 74 y otra a los 79. Yo soy ese recordatorio viviente de que nunca es tarde para rehacer la vida.”

Con ese espíritu —el de los que no se rinden— Tito levantó cada uno de sus proyectos. Y hoy, sentado en una mesa de su restaurante, copa en mano y una sonrisa tranquila, comparte una historia que no solo habla de gastronomía. Habla de empezar desde abajo, de aprender con las manos, de apoyar a los jóvenes, de equivocarse, de reinventarse. Y sobre todo, de vivir con sentido.

“El campo fue mi escuela. Pero el fracaso fue mi maestro.”

— Tito, ¿cuándo empezó tu vínculo con el trabajo?

De muy chico, en el campo. Plantaba maíz, papa, hortalizas. Criaba ganado lechero. Vendía piezas de cría. Desde los 16 hasta los 26, 27 años estuve ahí. Pero me fundí.

— ¿Y qué hiciste entonces?

A buscarse la vida. Pinté casas, fui camionero, hice electricidad. Sobrevivir, aprender, agarrar experiencia. A los 30 empecé de cero. Y ahí entendí que no sabía tanto como creía.de

 “Aprendí desde abajo. Fui bachero, mozo, cocinero.”

— ¿Cuándo aparece la gastronomía?

 

Montó un pequeño almacén en Salinas: La Pescadería. Aprendió a tratar con la gente, a vender, a observar los gestos y necesidades del otro. Eso le enseñó un nuevo tipo de relación: la del servicio. Y así, casi sin buscarlo, entró al mundo de la gastronomía.

Vos viviste lo que muchos no saben: que La Petrolera fue semillero del rock nacional. ¿Qué recordás de eso?

Mucho. En La Petrolera tocaron bandas que hoy son los nombres más importantes del rock en América Latina. No Te Va Gustar, La Vela Puerca, Buitres, Trotsky Vengarán, La Trampa… todos pasaron por ahí cuando recién arrancaban. Nosotros les dimos escenario, micrófono, público. Y ellos nos dieron historia. Eso no lo borra nadie.

— ¿Se llenaba?

Sí. Después hicimos un segundo piso, un tercer sector. Y la gente venía. No era solo un boliche. Era un lugar de encuentro.

— ¿Y qué pasó después?

La pandemia. Ahí se cortó todo. Pero también me empujó a cambiar.

 “Así nació Quitapenas. Para que la gente venga a olvidarse de lo que pesa.”

— ¿Y cómo nació Quitapenas?

En las Cataratas del Iguazú, del lado argentino. Vi dos boliches: Quitapena y Cuba Libre. Me quedó eso. Dije: si algún día tengo un restaurante, le pongo Quitapenas. Porque la gente necesita un lugar donde se afloje la carga.

— ¿Qué tiene de especial este lugar?

Es más íntimo. Luz baja, música suave, tragos de autor, comida pensada. No es solo venir a comer. Es venir a sentirse bien. A soltar.

“A los jóvenes les digo: no arranquen de arriba. La gastronomía se aprende trabajando.”

— Hoy sos referente del sector, ¿qué les decís a los que quieren empezar?

Que empiecen como bachero, mozo, ayudante de cocina. Que escuchen, que se equivoquen. Que no se crean que abrir un local es hacer plata fácil. Hay mucho que no se ve: proveedores, licencias, pérdidas, costos, clientes difíciles.

— ¿Y con la UTU tenés un vínculo?

Sí. Doné un freezer a los chiquilines de gastronomía de la UTU de Soca. Es importante apoyarlos. A veces tienen todo menos una herramienta. Hay que darles oportunidades. Como a mí me las dieron.

— ¿Sentís que tu experiencia puede inspirar?

No sé si inspirar, pero mostrar que se puede volver a empezar, incluso después de caer. Y que trabajar desde abajo no es una vergüenza. Es una inversión.

“No vendemos comida. Damos momentos felices.”

— ¿Qué te emociona hoy?

Cuando alguien me dice “gracias por la noche que pasé”. O cuando veo a un gurí de UTU que arranca con miedo y termina sirviendo como un profesional. Eso vale más que mil likes.

— ¿Cómo te gustaría que te recuerden?

Como alguien que no se rindió. Que puso el alma. Que ayudó a otros a encontrar su camino. Que hizo de cada lugar que abrió, una especie de refugio.

— ¿Y qué es para vos Quitapenas?

Es eso. Un refugio. Para los que vienen con la mochila cargada. Para los que necesitan reír. Comer rico. Sentirse bien. Un lugar que te dice, sin palabras: dejá las penas en la puerta.

— Cerramos con esto: si tuvieras que brindar por algo… ¿por qué brindarías?

Por haber podido elegir un camino con sentido. Por los que creyeron en mí. Por los que vienen detrás.
Y por mi padre, que me enseñó que uno puede volver a empezar a los 30... o incluso a los 73.

 

 

Noticias y Destinos conversó con Julieta Sánchez y Misael Alonso, las mentes detrás de Otra Piel, el estudio que logró unir dos mundos que, a simple vista, parecían paralelos: el diseño y el turismo. Con una trayectoria de casi 9 años en el sector, relanzan su sitio web dónde se puede conocer el detrás de escena de sus proyectos más destacados, testimonios de referentes del turismo en Uruguay y una filosofía que mira al futuro. Hoy el equipo se prepara para nuevos desafíos en Argentina, fiel a su premisa: “No trabajamos para ayer, trabajamos para el futuro”.

La primera vez que conocimos a Otra Piel fue durante el lanzamiento de temporada de Rocha en Cabo Polonio, un encuentro que reflejaba el espíritu auténtico del destino y el talento de su equipo creativo. Allí presentaron una identidad visual auténtica, que incluía camisetas convertidas en emblema local. Varias de ellas fueron lucidas por el expresidente de la República, Luis Lacalle Pou, quien las ha usado en ocasiones fuera de protocolo, reforzando el valor simbólico de una marca que trascendió el turismo para convertirse en un gesto de pertenencia y orgullo rochense.

El origen de una idea que cambió la forma de comunicar destinos

– Ustedes vienen de disciplinas distintas, pero se nota una gran coherencia entre turismo y diseño. ¿Cómo nació Otra Piel?

Julieta Sánchez: En noviembre se cumplen 9 años desde que decidimos fusionar nuestras carreras: Misael con turismo y yo con diseño. Todo comenzó recorriendo Punta del Este y preguntándonos: las marcas de los servicios turísticos como hoteles, restaurantes, agencias de viaje, inmobiliarias, etc… ¿Reflejan el imaginario turístico que los visitantes tienen del lugar? o ¿Estas marcas en su conjunto, colaboran en construir el posicionamiento que se busca para el destino? Veíamos mucho amor y autenticidad en el servicio, que no se reflejaba en cómo se veían o comunicaban como marca, que no se conectaba con el destino más que estando ahí.

Misael Alonso: Las primeras consultas venían en busca de un logo cuando lo que necesitaban era una identidad, pero principalmente ponerse en la piel de los turistas, en ese momento en que llegas a un destino en busca del contacto cultural, conocer a su gente, vivenciar sus costumbres… 

Poco a poco fuimos introduciendo esa sensibilidad en quienes confiaban en nuestra propuesta y nos propusimos no solo ayudarlos a cambiar o renovar su piel,  sino a proyectar que marca querían ser, comunicarla con estrategia y generar resultados medibles que permitan el desarrollo propio y del sector.

 

Trabajar en colectivo habilita un destino articulado

– Trabajan con Asociaciones y Direcciones de Turismo en proyectos dónde han llegado a decidir más de 60 personas ¿Cómo logran esos consensos?

Misael: Primero escuchando, para nosotros las mejores ideas están en las personas que viven en el destino, que atienden a los turistas, que conocen esos lugares especiales, esas costumbres específicas, ese valor intangible.

Trabajar con muchas personas es desafiante, todas son diferentes, piensan diferente, actúan diferente, pero justamente un destino es eso, diverso. Y en esa diversidad encontramos puntos que pueden conectarse para crear algo nuevo.

Julieta: Nuestro primer trabajo en colectivo fue una licitación en Treinta y Tres para una marca de miel para la cooperativa de apicultores del destino.

Nos metimos en el apiario, hablamos con los apicultores, conocimos el producto y la zona. Tuvimos la suerte de tener líderes de proyecto como Yamandú Viñay que tenían un enfoque muy estratégico en cuánto concebir la marca desde el conocimiento del público objetivo.

Para poder resolver este desafío diseñamos una metodología propia para trabajar co-creativamente con muchas personas y esa metodología la mejoramos proyecto tras proyecto y lo vamos a seguir haciendo.

Turismo que se mide en resultados

– En su web hablan de aumentos de facturación y reservas directas. ¿El diseño también puede medirse?

Julieta: No hay una fórmula específica para medir el diseño, el éxito de una identidad visual no solo depende del resultado de ese proceso de diseño, si no también de su aplicación coherente a lo largo del tiempo, su difusión y principalmente las acciones concretas que lleve a cabo la marca.

No empezamos ningún proyecto sin establecer objetivos, queremos saber que logramos en equipo con cada cliente, mejorar nuestro trabajo en cada proyecto y mostrarles los resultados que podemos obtener para motivarlos a seguir apostando a un sector complejo en Uruguay, principalmente por su estacionalidad.

Durante el crecimiento de Otra Piel siempre buscamos medir el impacto de nuestro trabajo, nos capacitamos con Social Lab, Misa hizo un posgrado en comunicación y estudiamos mucho la forma de poder bajar a datos lo que veíamos que nuestros clientes lograban durante y después de trabajar con nosotros.
Siempre hay mucho que, aunque queramos, no se puede medir, pero todo lo que sí, lo medimos desde el día uno.

 

Misael: Acompañamos a las marcas con planificación, seguimiento y métricas. Sabemos que los clientes que hacen al menos tres acciones de marketing al año logran crecimientos reales y también qué quienes tienen clara o desarrollan con nosotros su propuesta de valor y diferenciales, tienen reservas todo el año. No hablamos de likes, hablamos del dinero que ingresa en el negocio.

Con el afán de entender cómo impacta nuestro trabajo en las variables que más les importan a nuestros clientes, desarrollamos un sistema de evaluación/medición con una serie de preguntas para entender el punto de partida en el que nos contratan y comprender, luego de un año, cómo evolucionaron las reservas directas, la facturación y el número de comensales o turistas, dependiendo de la empresa.

 

 

De Rocha a Colonia: marcas que cuentan historias

– ¿Podrían destacar algunos proyectos que reflejen su filosofía?

Misael: El rediseño de la marca Rocha, aquí estás bien, fue un antes y un después en nuestra carrera. Fue exhibido en el espacio IDEA del Ministerio de Cultura (MEC) en Montevideo, en el marco de la exposición “Estado Gráfico” curada por la Cámara de Diseño Uruguaya. Un gran reconocimiento no solo para nosotros si no para todo el equipo de la Corporación Rochense de Turismo, la Dirección de Turismo de Rocha y el Ministerio de Turismo con quienes desarrollamos este proyecto co-creativo.
Amamos Rocha y se nota en todo lo que hicimos junto a ellos. La planificación estratégica de la Corporación Rochense de Turismo en la fortaleza de Santa Teresa, Sabores de Rocha y ahora la plataforma Escápate a Rocha,  una gran innovación del destino para la comercialización directa de paquetes turísticos.

Julieta: La Ruta del Queso, Colonia y Origen Colonia también son y van a ser claves en nuestra trayectoria. En la Ruta del Queso nos pasó por primera vez que no les gustara nuestra primera propuesta de diseño, una anécdota muy divertida, pero en su momento desafiante. Lo hermoso de formar equipo con las personas, es que todos se pusieron la camiseta en consensuar los cambios que precisaban y logramos no solo entregar la marca en tiempo y forma, sino mucho agradecimiento y reconocimiento por parte de todos los integrantes.
Estos son algunos de los ejemplos de cómo el diseño puede ser un habilitador para formar equipos dentro de un destino turístico.

Clientes que se transforman en aliados

– ¿Qué dicen quienes trabajaron con ustedes?

Julieta: Cada vez que pedimos un testimonio nos emociona mucho recibirlo. Ahí sí que se refleja todo aquello que no se puede medir. En estos 9 años tenemos testimonios de personas que admiramos mucho, no solo a nivel profesional, como seres humanos. En la web tenemos la palabra de personas que cuando iniciamos Otra Piel jamás imaginábamos que íbamos a conocer, como Cristian Pos, Director Nacional de Turismo, que destacó el profesionalismo, la apertura al diálogo en cada etapa, el cumplimiento de plazos de entrega, el valor y la dedicación de nuestro trabajo. Marina Cantera, presidenta de la Cámara Uruguaya de Turismo (CAMTUR), valoró nuestra mirada colaborativa, la empatía y la innovación. Y Bettina Moreira, que redactó el testimonio junto a Victoria Urioste (Chef líder en Sabores de Rocha) a quienes ya consideramos amigas, dijeron algo que resume todo: “Otra Piel nos ayudó a ordenar ideas, establecer prioridades y avanzar con claridad”.

Misael: Esas voces nos confirman que el trabajo colaborativo no solo da frutos, genera vínculos, visiones compartidas y un destino más articulado que al fin y al cabo, es lo que buscamos, porque creemos que es la manera de que un destino brinde una experiencia increíble y auténtica a los turistas con la conciencia ambiental que se necesita.

Turismo con otra piel

En un mundo donde todos compiten por la atención, Otra Piel propone una pausa, una conversación y una estrategia. Desde su estudio en Uruguay, Julieta y Misael continúan tejiendo puentes entre la creatividad y el territorio, entre lo visible y lo esencial.
Su lema lo resume todo: “Formamos equipo con nuestros clientes, porque solo así el turismo logra resultados reales.”

Ficha técnica

Sitio web: www.otrapieldesign.com
Servicios: Identidad visual, plan de comunicación, diseño web, campañas digitales y asesoramiento.
Clientes: Ministerio de Turismo, CAMTUR, Asociación Turística de Canelones, Corporación Rochense de Turismo, entre otros.

Fernando Escalante, un transporte con visión turística

En los negocios, quienes logran diferenciarse no son solamente los que ofrecen un producto o servicio, sino aquellos que saben darle un propósito y una visión de futuro. El turismo en Uruguay cuenta con empresarios que, desde su propio camino, aportan innovación, liderazgo y confianza, convirtiéndose en referentes para todo el sector.

Noticias y Destinos abre un espacio exclusivo para dar a conocer a estos protagonistas, cuyas historias son ejemplos de gestión y motivación para otros emprendedores. En esta edición, presentamos a Fernando Escalante, empresario del transporte turístico, miembro activo de la Asociación Turística de Montevideo y de la Asociación Turística de Canelones. Su testimonio revela cómo una empresa puede transformarse en un generador de experiencias de valor y por qué el trabajo en equipo y la visión receptiva son claves para el éxito en la nueva etapa del turismo.

Jacobo Malowany (JM): Fernando, gracias por este espacio. Me gustaría empezar con algo personal: ¿cómo nació tu vocación de servicio y de turismo?

Fernando Escalante (FE): Siempre me atrajo la idea de recibir gente. En el transporte uno puede limitarse a llevar pasajeros de un punto a otro, pero yo entendí desde el inicio que lo importante es la experiencia. Que el visitante llegue a Uruguay y sienta que alguien lo estaba esperando, que se lo atiende en su idioma, que tiene la tranquilidad de estar en buenas manos. Esa visión me marcó.


JM: En tu empresa ofrecen desde camionetas hasta ómnibus, pero también mencionaste helicópteros y avionetas. ¿Cómo fue ese salto hacia servicios más personalizados?

FE: Se dio de forma natural. Un cliente pidió algo especial y lo resolvimos. Ese es el espíritu: dar soluciones. Hoy no pensamos solo en transporte, sino en logística de experiencias. Si un grupo necesita movilidad por tierra, perfecto. Si requiere un traslado aéreo puntual, también lo hacemos. Lo importante es no decir “no se puede”, sino buscar cómo hacerlo posible.


JM: También integrás la directiva de la Asociación Turística de Montevideo y de Canelones. ¿Qué aporta esa mirada colectiva a tu trabajo?

FE: Muchísimo. En turismo muchas veces se cree que compartir proyectos o información es competencia, pero es todo lo contrario. La sinergia entre empresarios fortalece destinos y emprendimientos. En Montevideo y Canelones trabajamos con la idea de que el servicio debe ser global, receptivo y en equipo. Esa unión potencia al sector y genera confianza.


JM: Hablaste de experiencias de bienestar. ¿Cómo se traduce eso en el día a día de tu empresa?

FE: Es simple pero esencial: desde antes que el turista llegue, ya estamos en contacto. Lo esperan en el aeropuerto, lo reciben en su idioma, lo trasladan con seguridad y una sonrisa. Esa primera impresión es determinante. Nosotros apuntamos a que se sienta en confianza, como si un amigo lo viniera a buscar.


JM: Después de la pandemia tu empresa se transformó en agencia de viajes. ¿Por qué ese paso?

FE: La pandemia nos obligó a repensar todo. Estuvimos casi dos años sin cruceros y con muy poca movilidad. Al volver, entendimos que no podíamos limitarnos solo al transporte. Teníamos la red, los vehículos, la experiencia… entonces decidimos sumar la oferta de destinos dentro del país. Hoy combinamos traslado y propuestas de turismo interno.


JM: ¿Qué expectativas tienen para las próximas temporadas?

FE: Muchas. Los cruceros serán clave, y también los circuitos internos. Nuestro objetivo 2026-2027 es crear experiencias y aventuras dentro de Uruguay: rutas temáticas, excursiones, combinaciones culturales y gastronómicas. Queremos que el visitante no solo vea, sino que viva el país.


JM: Si alguien quiere contactarte, ¿cuál es la mejor manera?

FE: Personalmente, siempre respondo por WhatsApp al 098-536-400. También estamos en redes sociales como transfer.uy. Me gusta mantener un trato cercano y directo con cada cliente.


JM: Fernando, para cerrar, si tuvieras que resumir en una frase el motivo de tu éxito, ¿cuál sería?

FE: Diría que es la confianza. La confianza de los turistas, de los colegas y de los socios en el sector. Ese vínculo es lo que nos permitió crecer y transformarnos.


La historia de Fernando Escalante es la de un empresario que entendió que el transporte en turismo no es solo logística, sino hospitalidad. Desde su rol en las asociaciones turísticas hasta la visión de agencia de viajes, apuesta a que cada visitante sienta que Uruguay lo recibe con los brazos abiertos.


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