Rocha, territorio en transformación: conversación con Robert Caballero
Domingo, 21 Diciembre 2025 18:01

Rocha, territorio en transformación: conversación con Robert Caballero

El lanzamiento de temporada en el Hotel Terrazas tiene una energía particular. La música se mueve sin apuro, la moda pasa como un susurro y el mar se escucha tan cerca que parece parte del diálogo. Entre saludos y presentaciones, Robert Caballero —director de turismo de Rocha— se acomoda a un costado, casi sin protocolo, y empezamos a conversar como si habláramos desde hace años.

“Rocha cambió por dentro”, dice mientras mira la línea del océano. “Y cuando un territorio cambia por dentro, todo lo demás se ordena solo”.

Habla del puente sobre la laguna Garzón, de la ruta 10 renovada, de la doble vía de la ruta 9, no como obras aisladas, sino como la puerta de entrada a una nueva percepción. “La gente dejó de venir a Rocha como al final del camino. Ahora llega a un lugar que tiene múltiples caminos”.

El puente, la doble vía y una nueva forma de llegar

Desde la inauguración del puente sobre la laguna Garzón, Rocha recibe visitantes que buscan tranquilidad, belleza natural y seguridad. A eso se suma la doble vía de la ruta 9, que redujo tiempos y alivió las congestiones en los días de mayor movimiento.

“Ese acceso transformó nuestras posibilidades”, afirma. “A partir de ahí el visitante empezó a mirar a Rocha como un destino completo, no como un final del mapa”.

“Lo primero fue asumir que Rocha no es solo playa”, responde. “El plan busca consolidar la oferta del departamento, aprovechar la diversidad de recursos naturales y culturales y posicionar a Rocha como un destino de clase media y familiar, sin dejar de atender a ese público de mayor poder adquisitivo que busca tranquilidad, belleza y seguridad. La innovación y la sostenibilidad no son eslóganes: son criterios para decidir qué proyectos apoyamos y cómo acompañamos a los actores locales”.

Habla de articulación, de procesos y de tiempo. Nada aparece como un golpe de efecto; todo remite a una construcción paciente.

 


—¿Cómo entra el interior del departamento en esa mirada?

“El río Cebollatí es un buen ejemplo”, dice. “Es paisaje, trabajo y cultura al mismo tiempo”.

Allí conviven raids hípicos, jineteadas, festivales folklóricos, pesca y la fuerza de la producción arrocera. En sus aguas se recorta también la Isla del Padre, espacio de reserva y de turismo de naturaleza con potencial educativo.

“Cuando uno sube al bote y se adentra en el río, entiende que el turismo interior no es un complemento, es parte del corazón de Rocha. Nuestro desafío es que la comunidad participe en la gestión y la promoción, que sienta que el turismo es una herramienta y no algo externo que llega y se va”.

Aguas Dulces, Valizas y Polonio: tres escenas del mismo territorio

Cuando la conversación llega a los balnearios, la expresión de Caballero cambia, como si se encendiera una memoria personal.

“Aguas Dulces es un pueblo que respira a su ritmo”, dice. “Esa pequeña Gorlero tiene vida propia”.
Sobre Valizas, agrega:
“Es uno de esos lugares donde la naturaleza te obliga a bajar la voz”. Menciona la Camaronada, esa celebración que cada fin de verano reúne gastronomía, tradición y música alrededor de una práctica ancestral: recolectar camarones en la orilla.

Las dunas funcionan como un corredor hacia Cabo Polonio, una caminata que permite sentir el paisaje antes de llegar a su faro, sus loberías y esa forma singular de habitar.

Cuando se le pregunta por qué sigue fascinando tanto, responde:
“Polonio conserva algo que el visitante siente como verdadero. No tenemos que inventarlo”.

El bosque de ombúes: un paisaje que sorprende hacia el oeste

Más allá de la costa, Caballero destaca el bosque de ombúes, uno de los paisajes más antiguos del departamento.
“Es un recordatorio de que Rocha también se cuenta desde la quietud”, señala. “Son escenarios que te enseñan a mirar”.

Castillos, 19 de Abril y la identidad que se pinta en las paredes

La conversación avanza hacia el centro del departamento.

“Castillos es un punto clave. La nueva terminal de buses lo ordena y lo proyecta”, explica.

Y sobre 19 de Abril, agrega:
“Un pueblo puede volverse museo sin encerrarse. Es lo que hicieron ahí. Sus murales cuentan quiénes fueron y quiénes son”.

Lascano

En Lascano, la tradición se enciende alrededor del fuego. Cada año, la ciudad celebra el Festival del Asado con Cuero, una fiesta popular que reúne a cocineros, familias y productores desde 1982. El aroma del cuero tostándose lentamente, la música en vivo y las mesas compartidas convierten el encuentro en un gesto de identidad profunda. Para Caballero, “Lascano conserva ese espíritu de comunidad que sostiene la cultura gastronómica de Rocha”. La ciudad se volvió un punto de referencia en el calendario afectivo del departamento, un lugar donde la tradición no se exhibe: se vive.


El palmar y la amenaza del picudo rojo

Cuando la conversación deriva hacia el palmar, Caballero se detiene un instante, como si midiera la importancia del tema.
—¿Y el avance del picudo rojo? —preguntamos.
Asiente con seriedad antes de responder.

“El picudo es una amenaza real”, admite. “Los que pasan por la ruta solo ven el palmar de Castillos, que es hermoso, pero es apenas una parte mínima. Hacia la Laguna Negra el palmar se extiende en miles de hectáreas, con miles de ejemplares que forman un ecosistema único. Si no actuamos a tiempo, perderíamos no solo un paisaje, sino un capítulo entero de nuestra identidad ecológica”.

Explica que trabajan junto a productores, técnicos y comunidades rurales para monitorear, frenar la plaga y proteger este patrimonio natural que no siempre aparece en las fotos, pero sostiene buena parte del territorio rochense.

El puente entre lo privado y el territorio

En algún momento la charla deriva hacia su trayectoria. Caballero no lo enfatiza, pero se le nota la transición.

“Vengo del sector privado”, dice. “Y eso me enseñó a escuchar”.

Durante años trabajó en la Corporación Rochense, lo que le dio una lectura fina sobre cómo piensan los emprendedores, qué temen, qué necesitan, qué los frena.

“Mi trabajo hoy es tender puentes. Cuando lo privado siente que forma parte del territorio, no como invitado sino como socio, el desarrollo fluye. No hay imposiciones: hay participación”.

Una agenda que late todo el año

En Punta del Diablo, en La Paloma, en el Parque Santa Teresa, en la Barra del Chuy —donde se anunció la temporada 2026—, las agendas culturales y deportivas sostienen el movimiento anual. Maratones, festivales, caminatas, gastronomía, ferias.

Entra en escena el bus turístico, que para Caballero es más que un transporte: es una herramienta pedagógica del territorio.

El sol que organiza la vida

La conversación hace una pausa cuando menciono La Balconada. Sonríe.

“Aplaudir el atardecer es un gesto que dice mucho de nosotros. Nadie lo ordenó, nadie lo inventó. Surgió”.

Y luego recuerda el otro ritual, más íntimo: amanecer en las playas del este, ver cómo sube el sol del Atlántico.
“Ese sol es el sol de la patria. Y verlo nacer así explica por qué cuidamos tanto esta tierra”.

Aeropuerto, cinco estrellas y lo que viene

Caballero habla del aeropuerto como quien describe un paso lógico: no un lujo, sino una pieza necesaria para conectar mejor.
Habla del hotel cinco estrellas en pausa, pero no detenido.
Habla de la hidrovía de la laguna Merín como un futuro posible.

Nada se presenta como anuncio rimbombante. Todo aparece como parte de una trama mayor que el departamento comenzó a tejer hace años.

“Rocha crece cuando cada comunidad encuentra su lugar en el mapa que estamos dibujando”, dice antes de volver al salón, donde la música retoma su ritmo.