La historia ya no solo se estudia: se interpreta, se discute y, muchas veces, se reescribe. Una mirada necesaria en tiempos de redes e inteligencia artificial.

Hay textos que no envejecen: vuelven. Y cuando vuelven, incomodan.

El post de Arturo Pérez-Reverte no es solo una cita recuperada. Es un espejo. Nos obliga a mirar cómo se está contando —y recontando— la historia en este tiempo.

Porque el cambio no está solo en los hechos, sino en la mirada.

Quienes cruzaron ciertas décadas recuerdan una narrativa más áspera, menos filtrada, más cercana a la experiencia directa. Hoy, en muchos casos, la historia se revisita con nuevas capas: ideología, sensibilidad social, agendas contemporáneas. No es necesariamente malo. Pero sí es delicado cuando la interpretación desplaza al hecho, o cuando el relato se acomoda más al presente que al pasado.

Y ahí aparece el riesgo.

No solo en la política. También en leyes, en cultura, en educación. Lo que antes era memoria, hoy muchas veces se convierte en herramienta. Y lo que debería ser contexto, a veces se usa como bandera.

A esto se suma un factor nuevo, decisivo: la velocidad y la amplificación. Las redes sociales no solo difunden: moldean percepciones. Y la inteligencia artificial agrega una capa más compleja: imágenes, voces, videos que parecen reales, y que el cerebro —en su primer contacto— acepta sin cuestionar.

La verdad ya no compite solo con la mentira. Compite con lo verosímil.

Por eso, más que nunca, entender la historia no es un ejercicio académico. Es una forma de defender el criterio.

No se trata de quedarse en el pasado. Se trata de no perderlo. Porque cuando la memoria se debilita, cualquier relato puede ocupar su lugar.

Y ahí, el futuro deja de ser una construcción… para convertirse en una consecuencia.

En esta nueva entrega de la serie Reflexiones de arquitectura, el arquitecto Esteban Molet Gurrera da un paso más allá en su mirada sobre el oficio y se detiene en el vínculo entre diseño y vida cotidiana. Ya no se trata solo de pensar la arquitectura, sino de habitarla.

Desde su experiencia acumulada, propone una idea central que atraviesa todo el texto: vivir en un espacio bien diseñado transforma la manera en que percibimos lo cotidiano. La cocina, la sala, los recorridos internos dejan de ser funciones aisladas para convertirse en escenarios de encuentro, confort y disfrute.

Esta reflexión abre una línea que invita a continuar el debate: cómo la arquitectura puede mejorar la calidad de vida desde los detalles, desde lo íntimo, desde aquello que se vive todos los días. Una mirada que pone al usuario en el centro y que entiende el diseño como una forma concreta de bienestar.

Después de muchos años de dedicarme a hacer arquitectura de todo tipo, mi forma de trabajar en la actualidad, se puede resumir en algunas premisas y comentarios a tomar en cuenta, a fin de traducir los requerimientos del usuario lo mejor posible y, de esta manera, orientarlo sobre la forma más eficaz y proporcional de invertir su patrimonio, para que se pueda obtener un espacio habitable que responda a todos los criterios de confort, funcionalidad y estética del proprio usuario, de acuerdo con la experiencia que he acumulado a lo largo de mis 50 años de ejercicio profesional. Esta idea quiero enfatizarla con la frase siguiente: “Vivir en una obra de arte afecta la forma en que ves y sientes los detalles a diario” Dave McArdie En pocas palabras, no es lo mismo vivir en cualquier caja de zapatos, que en un lugar lleno de diseño. Para mí, el realizar una obra, tanto por el diseño como por la ejecución de la obra, es buscar dar al usuario, que muchas veces es un amigo o un gran amigo, todo lo que pueda disfrutar, tanto en el exterior como en el interior de esos espacios, plenos de luz, color, a veces tranquilo y alegre al mismo tiempo, con la fuerza y la expresión de un dramatismo visual o una apacible tranquilidad ambiental; por ello, un espacio para comer o estar, es totalmente diferente a un espacio dedicado al descanso o al reposo, a dormir y soñar. MI satisfacción más grande es dar todo lo que sé, para que mi amigo usuario disfrute al máximo el contenido de esos espacios, con el confort y la funcionalidad que se requiere en cada caso. Me referiré en general a distintos espacios, empezando por la cocina; en una cocina no solo se guisa o se preparan ensaladas o postres; para mí, la cocina es un centro de reunión y convivencia de la familia y de los invitados cercanos e incluso, de los empleados del hogar que colaboran en los quehaceres propios de la cocina actual, moderna, funcional, estructurada, ordenada y limpia, con la iluminación necesaria para ver todo con claridad, combinada con una iluminación más enfática en la expresión decorativa y de gran belleza. Una cocina bella y funcional da mejores resultados que una cocina, como dicen “sin chiste” o sin aspectos de diseño; por otro lado, con los complementos, llámense hornos, parrillas, microondas, refrigeradores, congeladores, máquinas de café, extractores, cajones funcionales, correderas de última generación, bisagras y herrajes de diseño, a la altura de las mejores cocinas europeas. En cuanto al mobiliario, se debe contar con cajones prácticos de tamaños y dimensiones apropiadas, tendentes a presentar frentes amplios, iluminación en el interior de los muebles y gabinetes, cubiertas con los materiales más contemporáneos y estéticos y de muy buen gusto, formando conjuntos de belleza y arte; deberá tomarse en cuenta una distribución basada en las reglas de lo que es un mejor diseño, un triángulo de movimientos entre estufas, fregaderos y refrigerador, posiblemente con islas o penínsulas, diseñadas para funcionar como conjunto de parrillas de un lado y asientos o sillas o bancos para comer de una manera informal, del otro lado. No me referiré en detalle a todos los espacios, para no aburrirles tanto, sin embargo, puedo decir que los espacios de sala-comedor siempre los propongo con vistas, ya sea hacia un precioso jardín, una terraza de buena dimensión, posiblemente vistas a un paisaje boscoso o arbolado; propongo además que los sillones y sofás sean siempre confortables y caracterizados por su diseño, a veces simple o más llamativo, pero siempre compruebo delante del usuario, que sentarse allí sea cómodo; de esta manera, es más fácil saber si le gusta al usuario y si estaría un buen tiempo disfrutando ese espacio. No recomiendo comprar solo una sala bonita, sino una que principalmente, sea muy cómoda. Ahora abriré un paréntesis cultural; prefiero tener una sala hermosa en la que se pueda convivir y platicar a gusto, aunque cueste un poco o un mucho más, y disfrutar ese lugar con todas sus ventajas, eso lo valoro más que, por ejemplo, adquirir un cuadro a precios desorbitantes de un pintor de moda, ya que muchas veces se adquiere solo por el nombre del pintor, sin importar si le gusta o no al usuario, o si armoniza con el ambiente que busca el usuario para su espacio.

El viajero mayor de 65: aprender castellano mientras recorre el mundo

En algunas rutas del continente comienza a repetirse una escena que dice mucho sobre el futuro del turismo. Autocaravanas europeas estacionadas frente al mar, parejas que recorren pueblos del interior con mapas sobre la mesa de un café, viajeros que permanecen varios días en un mismo lugar para comprender su historia.

Vivo en una zona donde este fenómeno se ve con claridad. Durante determinadas épocas del año llegan casas rodantes de europeos o norteamericanos mayores de 65 años. Muchos están jubilados. Sus ingresos no siempre son grandes, pero poseen algo que hoy resulta cada vez más escaso: tiempo para viajar y curiosidad por conocer el mundo.

Ese tiempo cambia la forma de viajar.

No vienen solo a mirar paisajes. Muchos buscan aprender castellano, conversar con la gente del lugar, entender la cultura y recorrer el continente con calma.


Un cambio demográfico que impulsa nuevos viajes

La aparición de este tipo de viajero no es casual. Está vinculada a un fenómeno demográfico que atraviesa a las economías más desarrolladas.

En los países del G7 y en gran parte de Europa, la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial entra masivamente en la etapa de jubilación. Millones de personas alcanzan los 65 años con buena salud, expectativa de vida más larga y estabilidad económica suficiente para viajar.

Europa es hoy uno de los continentes más envejecidos del mundo. En varios países de la Unión Europea, más del 20 % de la población supera los 65 años, y ese porcentaje continuará creciendo en las próximas décadas.

Para la industria turística esto significa algo evidente: un gran número de personas con tiempo disponible para viajar durante meses y no solo durante vacaciones cortas.


El auge del viaje lento

Este nuevo viajero rara vez busca recorrer cinco ciudades en una semana.

Prefiere otra lógica: viajar despacio.

El llamado slow travel —viajar con más tiempo y profundidad— encaja perfectamente con este perfil. Muchos recorren América Latina en tramos largos, combinando rutas, estadías en pequeñas ciudades y paradas prolongadas en lugares que les resultan atractivos.

En ese contexto aparecen con frecuencia:

  • autocaravanas que atraviesan varios países

  • estadías de varias semanas en una localidad

  • interés por actividades culturales y gastronómicas

  • recorridos por regiones rurales o paisajes naturales

El viaje deja de ser un itinerario acelerado y se transforma en un camino de vida durante algunos meses del año.


Aprender castellano como experiencia de viaje

Dentro de este segmento existe un nicho particularmente interesante: personas que viajan con el deseo de aprender español mientras recorren el continente.

No se trata necesariamente de cursos formales. Muchas veces buscan experiencias simples que les permitan practicar el idioma:

  • conversar con vecinos

  • participar en ferias o mercados

  • entender la historia de los lugares

  • leer carteles y menús sin intermediarios

  • compartir la mesa con productores o artesanos

El idioma se convierte así en una puerta de entrada a la cultura.

Para quienes viajan durante meses, aprender algunas palabras y expresiones transforma completamente la experiencia.


Un visitante que permanece más tiempo

Uno de los rasgos más interesantes de este tipo de viajero es la duración de sus estadías.

A diferencia del turismo tradicional, que permanece pocas noches en cada destino, estos viajeros suelen quedarse varios días —y a veces semanas— en los lugares que les resultan interesantes.

Ese comportamiento genera beneficios diferentes para las economías locales:

  • consumo en comercios de proximidad

  • visitas a restaurantes y bodegas

  • uso de servicios locales

  • participación en actividades culturales

Además, suelen viajar fuera de las temporadas más intensas, lo que ayuda a distribuir mejor el flujo turístico.


Accesibilidad, claridad y ritmo humano

Para atraer a este segmento no se requieren grandes complejos turísticos.

Lo que valoran es más simple:

  • información clara antes de viajar

  • caminos cómodos para caminar

  • señalización adecuada

  • baños accesibles

  • espacios de descanso

  • trato amable y paciente

En otras palabras, un turismo pensado para las personas y no solo para la velocidad del itinerario.


Una oportunidad para los destinos del continente

Para muchos destinos de América Latina —especialmente aquellos con identidad cultural, naturaleza cercana y comunidades hospitalarias— este segmento puede transformarse en un visitante muy valioso.

Son viajeros que:

  • permanecen más tiempo

  • buscan experiencias auténticas

  • valoran la cultura local

  • consumen en comercios del territorio

Pero, sobre todo, llegan con una actitud particular.

Viajan para aprender, comprender y enriquecer su propia vida.


Una escena que anticipa el futuro

Las autocaravanas que hoy aparecen en rutas del continente quizás sean una señal de lo que vendrá en los próximos años.

Un turismo más tranquilo, más cultural y más humano.

El viajero mayor de 65 años ya no es un turista marginal.
Es alguien que ha trabajado toda una vida y ahora quiere recorrer el mundo con tiempo.

Y en muchos casos, comienza ese viaje con una motivación simple:

aprender castellano mientras descubre América Latina.


Fuentes

  • Eurostat – estadísticas demográficas de envejecimiento en Europa

  • OECD – informes sobre envejecimiento poblacional en economías desarrolladas

  • AARP – estudios sobre comportamiento de viaje en adultos mayores

  • Longwoods International – análisis de tendencias de viajeros maduros

Cada 8 de marzo invita a detener el paso y mirar la historia con cierta serenidad. No para repetir consignas ni para reducir una jornada compleja a gestos simbólicos, sino para comprender un proceso largo que aún sigue escribiéndose.

La historia de las mujeres no es lineal. Se parece más a una trama de silencios y rupturas, de puertas cerradas y otras que lentamente comenzaron a abrirse. Durante siglos, gran parte de la vida pública transcurrió sin su presencia visible. La política, la ciencia, la educación superior y la economía funcionaron como territorios casi exclusivos de los hombres. No siempre por ley, muchas veces por costumbre.

Ese orden empezó a resquebrajarse a comienzos del siglo XX. Las huelgas de trabajadoras textiles en Estados Unidos, las movilizaciones obreras en Europa y los debates impulsados por organizaciones socialistas y feministas colocaron en el centro una pregunta simple y poderosa: ¿por qué la mitad de la humanidad debía permanecer al margen de las decisiones colectivas?

En 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, se propuso una jornada internacional de reivindicación. Al año siguiente, el 19 de marzo de 1911, Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza vivieron las primeras celebraciones masivas. Aquellas manifestaciones reclamaban algo que hoy parece evidente: voto, trabajo digno y educación.

En América Latina la discusión también comenzó temprano. El Congreso Femenino Internacional de Buenos Aires, en 1910, reunió a delegadas de varios países. Entre ellas estaba la uruguaya Paulina Luisi, una de las voces más lúcidas de su tiempo. Su lucha no fue únicamente por el sufragio; también defendió la educación, la autonomía intelectual y el derecho de las mujeres a participar plenamente en la vida pública.

Uruguay, en esos años, atravesaba un proceso reformista singular. Los gobiernos de José Batlle y Ordóñez impulsaron leyes que ampliaron derechos laborales, protegieron la maternidad y modernizaron el Estado. Aquellas transformaciones no resolvieron todas las desigualdades, pero sentaron bases importantes para una sociedad más abierta.

Más de un siglo después, el debate no se reduce a derechos formales. La pregunta se desplaza hacia el futuro.

¿Cómo se construyen sociedades donde la igualdad no implique uniformidad?
¿Cómo se integran las miradas femeninas en la economía, la innovación, la cultura o el turismo sin convertirlas en etiquetas o cuotas simbólicas?

El turismo ofrece un ejemplo interesante. En Uruguay y en gran parte del mundo, miles de proyectos turísticos nacen de iniciativas lideradas por mujeres: posadas rurales, bodegas familiares, emprendimientos gastronómicos, experiencias culturales o propuestas de naturaleza. Muchas veces no aparecen en las estadísticas económicas con la relevancia que merecen, pero son motores silenciosos de desarrollo local.

Desde Noticias y Destinos esa realidad se observa con claridad. Las historias que atraviesan el portal suelen tener rostros femeninos: emprendedoras rurales, gestoras culturales, chefs, guías, investigadoras del patrimonio o líderes comunitarias que transforman territorios con ideas concretas. No siempre desde grandes estructuras, muchas veces desde pequeños proyectos que cambian la vida de una comunidad.

Por eso el 8 de marzo puede entenderse menos como un punto de llegada y más como un espacio de conversación.

La discusión del futuro no debería centrarse únicamente en lo que falta, sino también en cómo se construyen nuevas formas de liderazgo, de cooperación y de creatividad social. En ese proceso, la mirada femenina aporta sensibilidad territorial, capacidad de articulación y una comprensión profunda de las redes humanas que sostienen cualquier proyecto colectivo.

El desafío del siglo XXI no consiste en replicar modelos del pasado con protagonistas diferentes. La verdadera innovación aparece cuando las reglas del juego cambian y las voces diversas encuentran espacio real para pensar el mundo.

Quizás ese sea el sentido más profundo de esta jornada: recordar que las sociedades avanzan cuando amplían su horizonte de inteligencia colectiva.

Y en esa conversación, las mujeres no son un capítulo aparte de la historia.
Son una de sus fuerzas más decisivas para escribir lo que viene.

Jacobo Malowany 

En una época donde la tecnología ocupa cada vez más espacio en los procesos creativos, el arquitecto Esteban Molet Gurrera propone detenerse a pensar en el verdadero origen del diseño arquitectónico. En esta nueva reflexión, el autor plantea una mirada crítica sobre el uso de las herramientas digitales y defiende el valor del croquis, la sensibilidad del dibujo a mano y la comprensión integral de los espacios.

Su análisis también aborda el equilibrio entre estética, funcionalidad y rentabilidad en la arquitectura contemporánea, recordando que los edificios no se conciben solo desde la fachada, sino desde la experiencia interior que habitan las personas. Con referencias que van desde la tradición clásica hasta la arquitectura moderna, Molet invita a repensar el oficio del arquitecto y su responsabilidad en la creación de espacios que conjuguen técnica, sensibilidad y visión.

Reflexiones sobre la arquitectura

 Existe un riesgo inminente en confiar totalmente en una computadora para crear, cuando se trata solo de una herramienta para expresar lo que el arquitecto ideó o diseñó, pero no puede sustituir la misma creatividad que un dibujo hecho a mano alzada, de un croquis, una perspectiva o un bosquejo.

  1. Puedo afirmar que hay arquitectura tanto en los volúmenes que se ven en el exterior, como en los espacios interiores.
  2. En un edificio generalmente se vive más en el interior, con las alturas de los espacios, las escaleras y las ventanas que ven al exterior.
  3. Siempre hay que diseñar por dentro, pues tanto la función como la forma se ven y se disfrutan por dentro.
  4. Las vistas, la estética, la forma, la volumetría exterior, son como el cuerpo de un ser humano bien vestido, es importante la vista exterior con un buen traje que armonice con el entorno, además de tener buena ropa interior, limpia y cómoda, es decir, la función y el confort de los espacios interiores.
  5. No entiendo cuando un arquitecto dice: ya tengo las plantas arquitectónicas, solo me faltan las fachadas. Así no se proyecta ni se imaginan los espacios interiores, ni la volumetría que se ve por fuera.
  6. No estoy en contra de los espacios mínimos pequeños de los departamentos, siempre y cuando el usuario pueda moverse dentro de esos espacios y no se tropiece con los muebles. Debe haber espacio de circulación interna que incluya muebles como libreros, mesas de comedor y sillas.
  7. El espacio interior cambia mucho cuando se tiene una buena iluminación natural de día y una buena iluminación de noche, lo que hace que se enriquezcan los espacios con efectos muy interesantes.
  8. Muchas veces existe un divorcio entre los arquitectos de renombre y los desarrolladores inmobiliarios; uno quiere diseñar espacios generosos y el otro quiere minimizar la superficie de construcción, para vender el producto, casa, departamento, pent house, con la menor cantidad de m2 y un precio lo más alto posible.
  9. En cuanto a los espacios rentables, como oficinas o locales, a veces el arquitecto de renombre proyecta espacios de oficina para rentar, sin embargo, los m2 construidos para áreas comunes, como pasillos, lobbys, escaleras, resultan de un metraje casi igual al del espacio rentable, lo que hace que el negocio de arrendamiento no resulte interesante, pues las áreas comunes no se rentan y además generan costos de mantenimiento excesivos.
  10. Actualmente, el valor de los terrenos, a pesar de las crisis, dígase pandemia, carestía, o lo que sea, aunque tengan buena edificabilidad, no resulta factible, pues el precio final se sale de mercado y, peor, si la densidad de construcción se ha disminuido, menos dan los números para una rentabilidad inmobiliaria.
  11. Yo prefiero la verticalidad en las grandes ciudades, pues permite concentrar instalaciones y abastecer los servicios con orden y funcionalidad; las casitas de pocos pisos o de un piso, piden más extensión de terreno, lo que implica más instalaciones.
  12. El riesgo de perder la sensibilidad de realizar dibujos de croquis a mano, que es lo que nos motiva a manejar la proporción, la escala y nos permite visualizar volúmenes exteriores y espacios interiores, se presenta al tener una computadora con programas de diseño frente a nosotros, ya que nos hace menos sensibles y menos prácticos.
  13. Respeto mucho al arquitecto de la antigüedad, desde Egipto, Grecia, Roma, hasta el Renacimiento; eran verdaderos artistas, arquitectos, calculistas, arquitectos de verdad que sabían calcular los pesos de los materiales, cubiertas, pilares, bóvedas y le inyectaban toda la estética y el amor a la arquitectura, conocida como la arquitectura para Dios; por ello requerían arquitectos de otra dimensión, como el mismo arquitecto Antonio Gaudí, autor de la actual catedral de la Sagrada Familia.
  1. El arquitecto versátil y de gran experiencia se puede acomodar en el mundo de la asesoría. Hoy en día existen muchas opciones tanto para jóvenes como para maduros.

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