El placer de las obras grandes y pequeñas: una reflexión de Esteban Molet
Viernes, 23 Enero 2026 08:21

El placer de las obras grandes y pequeñas: una reflexión de Esteban Molet

En esta reflexión íntima y lúcida, el arquitecto Esteban Molet Gurrera comparte medio siglo de oficio y pensamiento, recorriendo el placer silencioso de crear, proyectar y ver envejecer bien a la arquitectura. Una mirada crítica sobre la obsesión por lo icónico y una defensa clara de lo esencial: el valor del diseño con sentido, tanto en lo monumental como en lo pequeño.


El placer de las obras grandes y pequeñas

Arq. Esteban Molet Gurrera

La arquitectura es como una novia que te exige y de momento, no te da lo que esperas, o lo inmediato que quieres recibir a cambio.

En mis 50 años desde que me recibí como arquitecto, creo que el mayor placer que he recibido ha sido ver algunas de mis obras que ya llevan más de 30 o 40 años de haberse terminado, en muy buen estado, tanto que todavía dan ganas de contemplarlas. Afortunadamente, esta satisfacción nadie te la quita; es muy agradable encontrar obras en Polanco, Las Lomas, del Valle, Acapulco, Cancún, obras que hicimos hace tantos años y que algunas personas que en ese momento estén contigo, digan: “¿Tú hiciste ese edificio?” Uno se siente muy bien de haber construido algo así.

Para mí, la obra terminada es una fase muy importante, ya que es la culminación de todo el trabajo creativo, sin embargo, disfruto mucho todo el proceso desde el comienzo, cuando realizo los primeros croquis, pues sé que van a llevar mis ideas a buen puerto, mientras voy añadiendo las partes que se requieren para desarrollar un edificio completo, inteligente o no.

El desarrollo de un proyecto me provoca un placer enorme y una satisfacción invaluable y es que estoy casi siempre solo, mis croquis y yo, avanzando la idea inicial para llegar al primer “proyecto conceptual”, pues esa parte del proceso creativo del proyecto es para mí un diálogo entre mi creatividad y el resultado que da cada raya, cada trazo, todos los colores, lápices y plumones, al generar formas, geometría y volúmenes que pronto se vayan concretando físicamente en objetos reales, hasta llegar a la culminación de la obra.

Lo que para mí funciona como una serie de fases que se van completando con su consecuente satisfacción, ya que cada momento tiene para mí un valor de parto sin dolor.

Es el momento que hace realidad que pueda construirse, edificarse, una obra arquitectónica que iniciaste con la primera raya y continuaste con el proyecto conceptual o el guion de la arquitectura que se va a erguir; en el momento en que se unan todos los factores necesarios: planos ejecutivos, licencias y permisos, la inversión total, la planeación y la construcción en sí, esa obra se llevará a cabo. Esto no es poco y todo tiene que conjuntarse con la simultaneidad y combinación de todos los requerimientos que han de cumplirse en su totalidad.

Hay obras arquitectónicas muy grandes que de estética no tienen nada y resultan bultos enormes o cajas de zapatos tiradas en un armario o clóset llamado espacio, que no tienen ni pies ni cabeza.

China y el resto de los países asiáticos, están llenos de bultos icónicos que de icónicos no tienen nada, resaltan formas caprichosas y sin sentido; eso me hace regresar a lo pequeño, a lo sencillo y, a veces, volver a lo simple me causa más gusto y placer, por la belleza de los pequeños detalles.

La arquitectura está en lo grande y en lo pequeño, siempre y cuando valga la pena el concepto de diseño. Igual de bien o de mal, lo grande y lo pequeño, hay que saberlo trabajar, componer con el mismo gusto y talento, tanto la arquitectura monumental como la de pequeña escala.

Como decía, ahora casi todos los edificios tratan de ser icónicos y para dar mayor énfasis, se visten con un disfraz; es como vestirse todos los días para una boda o fiesta, y para mí resulta una exageración. A veces pienso que se visten de payaso para hacerse los simpáticos o los graciosos y su interés básico es llamar la atención.

Cada edificio autonombrado icónico equivale, sin exagerar, a lo que valdrían varios edificios normales con usos normales, más bien para necesidades más humanas y más prioritarias, no de vanidad o de moda, con marcas de valores exorbitantes, ya saben a cuales me refiero, pues su precio no equivale a su utilidad real, su valor es solo de marca.

De esta misma forma distintos arquitectos han diseñado muchos edificios icónicos, solo con la finalidad de lucir y presumir su edificio, al precio que sea, sin ver la desproporción comparativa con edificios de buena arquitectura, sin pretensiones icónicas erróneas y tristemente, ya en pronta extinción.