Kimi Antonelli: cuando la juventud deja de esperar permiso

Mientras el desempleo juvenil supera el 50% en algunos países y la edad del primer empleo continúa retrasándose, una pregunta aparece con fuerza en gobiernos, empresas y centros educativos: ¿cómo lograr que los jóvenes ingresen antes al mundo laboral y desarrollen competencias reales para su futuro?

La respuesta no parece estar únicamente en más años de estudio, sino en mejores formas de conectar la educación con la práctica. En ese escenario, la formación dual —que combina aprendizaje académico con experiencia laboral real— surge como una de las herramientas más efectivas para acelerar el desarrollo de los jóvenes y facilitar su inserción profesional.

El acceso al empleo juvenil suele producirse a través de distintas vías: pasantías, programas de formación dual, aprendizajes en empresas, emprendimientos propios, voluntariados, prácticas profesionales y trabajos de medio tiempo. Cada una permite adquirir experiencia, una condición que paradójicamente suele exigirse incluso para los primeros empleos.

Sin embargo, algunos jóvenes demuestran que el talento acompañado por formación, disciplina y oportunidades puede romper cualquier paradigma.

Uno de los ejemplos más impactantes del momento es el italiano Andrea Kimi Antonelli. Con apenas 19 años, se transformó en una de las grandes figuras del deporte mundial. Este fin de semana volvió a sorprender al ganar el Gran Premio de Mónaco, una de las carreras más prestigiosas de la Fórmula 1, logrando además su quinta victoria consecutiva en la temporada. El joven piloto dominó la prueba desde la pole position hasta la bandera a cuadros, consolidándose como líder absoluto del campeonato mundial.

Su historia no comenzó en la Fórmula 1. Nacido en Bolonia, Italia, en 2006, Antonelli inició su carrera deportiva en el karting a los siete años. Integró el programa de jóvenes pilotos de Mercedes desde 2019 y fue acumulando títulos en prácticamente todas las categorías donde compitió. Ganó los campeonatos italiano y alemán de Fórmula 4 en 2022, conquistó los torneos de Fórmula Regional Europea y Medio Oriente en 2023 y continuó ascendiendo hasta llegar a la máxima categoría del automovilismo mundial.

Su recorrido muestra un modelo muy similar al concepto de formación dual. Mientras aprendía, competía. Mientras estudiaba cada detalle técnico, acumulaba experiencia real en la pista. No esperó a cumplir determinada edad para comenzar a desarrollarse profesionalmente. Su formación ocurrió simultáneamente con la práctica.

La enseñanza trasciende al deporte. Los jóvenes de hoy enfrentan un mercado laboral cada vez más competitivo, donde los conocimientos técnicos deben complementarse con habilidades como la adaptabilidad, la comunicación, el trabajo en equipo y la capacidad de aprender de manera continua.

El caso de Antonelli demuestra que la edad no es necesariamente una limitante. Lo determinante suele ser la combinación de talento, oportunidades, acompañamiento y experiencia temprana.

Quizás el gran desafío de nuestras sociedades no sea preguntarse cuándo los jóvenes estarán listos para trabajar, sino cómo crear más caminos para que puedan aprender trabajando.

Porque cuando una generación encuentra oportunidades reales para desarrollarse, deja de ser el futuro y comienza a transformar el presente.

El empleo juvenil hoy

El turismo se ha transformado en una de las principales puertas de entrada al mundo laboral para miles de jóvenes en todo el planeta. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes, eventos, transporte, tecnología aplicada al turismo y emprendimientos vinculados a la experiencia del visitante ofrecen oportunidades para adquirir competencias reales desde edades tempranas. En un escenario donde conseguir el primer empleo resulta cada vez más complejo, el sector turístico permite desarrollar habilidades de atención al cliente, comunicación, idiomas, trabajo en equipo y resolución de problemas, capacidades que luego acompañarán a los jóvenes durante toda su trayectoria profesional. Por esa razón, muchos especialistas consideran al turismo una verdadera escuela de formación para las nuevas generaciones.

Durante décadas, los países de América del Sur compitieron entre sí para atraer visitantes. Brasil promovió sus playas, Argentina sus paisajes, Paraguay su cultura y Uruguay su combinación de costa, cultura, naturaleza y calidad de vida.

Sin embargo, una nueva visión comienza a ganar espacio en los organismos internacionales y en los gobiernos de la región: crecer juntos puede ser más efectivo que competir por separado.

Ese fue uno de los ejes de la XXXIV Reunión de Ministros de Turismo del MERCOSUR, realizada en el marco de la Presidencia Pro Tempore de Paraguay, donde el ministro de Turismo de Uruguay, Pablo Menoni, participó junto al director nacional de Turismo, Cristian Pos.

Más allá de las declaraciones formales, la reunión dejó señales sobre los temas que podrían marcar el rumbo del turismo sudamericano hacia 2030: integración regional, turismo regenerativo, inteligencia artificial y el aprovechamiento turístico del Mundial de Fútbol.

Una región que busca posicionarse unida

Uno de los temas centrales fue el fortalecimiento de la marca Visit South America, una estrategia que apunta a promocionar América del Sur como una experiencia integrada.

La lógica es sencilla. Los viajeros que llegan desde mercados lejanos como Asia, Europa o Norteamérica suelen buscar recorridos que incluyan varios países en un mismo viaje. Para esos turistas, la región puede transformarse en un gran producto turístico donde la Patagonia, las Cataratas del Iguazú, el desierto de Atacama, la ruta jesuita, el Amazonas, las playas brasileñas y el patrimonio histórico de Uruguay formen parte de una misma propuesta.

Para Uruguay, esta visión representa una oportunidad de aumentar su visibilidad internacional y captar visitantes que, de otra forma, podrían no incluir al país dentro de sus itinerarios.

El camino hacia el Mundial 2030

Otro de los puntos destacados fue la posibilidad de construir una "Ruta del Fútbol" regional de cara al Mundial 2030.

La idea trasciende los partidos y los estadios. Implica desarrollar experiencias turísticas vinculadas a la historia del fútbol sudamericano, generar contenidos audiovisuales, crear circuitos temáticos y fortalecer la identidad cultural de los países organizadores.

Sudamérica busca venderse como un solo destino y Uruguay quiere influir en esa estrategia.

Uruguay cuenta con una ventaja singular en esta materia. Fue sede del primer Mundial de la historia y conserva un patrimonio deportivo que forma parte de la memoria colectiva del fútbol mundial.

Si la región logra trabajar coordinadamente, el Mundial podría convertirse en una herramienta de promoción turística de largo plazo y no solamente en un evento deportivo puntual.

Turismo regenerativo: la apuesta uruguaya

Durante el encuentro, Uruguay presentó formalmente su proyecto piloto de formación en turismo regenerativo, desarrollado junto a ONU Turismo.

El concepto va más allá de la sostenibilidad tradicional. Mientras la sostenibilidad busca minimizar impactos negativos, el turismo regenerativo propone que la actividad turística contribuya activamente a mejorar los territorios, fortalecer las comunidades y generar beneficios ambientales y económicos duraderos.

La iniciativa contempla espacios de formación, intercambio de experiencias y cooperación entre países del bloque.

La apuesta uruguaya busca posicionar al país como referente regional en una tendencia que gana protagonismo en los principales foros internacionales vinculados al desarrollo sostenible y la acción climática.

La inteligencia artificial entra en la agenda turística

Uno de los temas más novedosos abordados durante la reunión fue la inteligencia artificial aplicada al turismo.

La tecnología ya está transformando la forma en que los viajeros buscan información, comparan destinos, reservan alojamientos y diseñan sus itinerarios.

Al mismo tiempo, las empresas turísticas utilizan herramientas de IA para mejorar la atención al cliente, automatizar procesos y generar contenidos promocionales.

La preocupación compartida por los países del MERCOSUR apunta a encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica, protección de datos, transparencia y desarrollo económico.

Las decisiones que se adopten durante los próximos años podrían influir directamente en la competitividad de miles de empresas turísticas de la región.

Una discusión que va más allá del turismo

La reunión también permitió analizar nuevos segmentos con potencial de crecimiento, como el turismo religioso y el turismo de egresados, además de fortalecer la articulación entre el sector público y privado.

Pero quizás la principal conclusión es otra.

América del Sur comienza a debatir cómo posicionarse en un escenario global donde la competencia entre destinos es cada vez más intensa y donde las decisiones estratégicas trascienden las campañas publicitarias.

La integración regional, la innovación tecnológica, la sostenibilidad y el aprovechamiento de grandes eventos internacionales aparecen como piezas de una misma conversación.

En ese contexto, Uruguay intenta ocupar un lugar activo, no solamente como destino turístico, sino como uno de los países que busca aportar ideas y modelos para el desarrollo del turismo sudamericano durante la próxima década.

Cuando se habla de turismo, la mayoría de las personas piensa en playas, hoteles, aeropuertos o campañas de promoción. Sin embargo, detrás de cada destino exitoso existe otro componente menos visible pero cada vez más importante: las reglas que ordenan la actividad y la forma en que un país decide relacionar el turismo con su territorio, sus comunidades y el medio ambiente.

Ese fue uno de los temas centrales que Uruguay llevó a la Comisión Regional para las Américas de ONU Turismo, donde el ministro Pablo Menoni presentó dos iniciativas que podrían tener consecuencias mucho más amplias que una simple participación institucional: el fortalecimiento del Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe y el desarrollo de un programa piloto de turismo regenerativo con alcance regional.

La noticia puede parecer técnica, pero encierra una señal estratégica. Uruguay no solo busca atraer visitantes; también aspira a participar en la construcción de las normas, metodologías y modelos que orientarán el turismo latinoamericano durante los próximos años.

El país donde se estudian las reglas del turismo

El Observatorio de Derecho del Turismo para América Latina y el Caribe tiene sede en Montevideo, en la Casa de las Naciones Unidas, y funciona en coordinación con ONU Turismo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Su misión es analizar cómo evolucionan las leyes vinculadas al sector y generar herramientas que permitan a los países adaptarse a desafíos cada vez más complejos.

La actividad turística ya no se limita a hoteles y agencias de viaje. Hoy debe responder a fenómenos como los alquileres temporarios, la accesibilidad universal, los derechos laborales, la protección de datos, la sostenibilidad ambiental y las nuevas plataformas digitales.

Por esa razón, Uruguay trabaja actualmente en directrices para la aplicación de la Ley 20.325 sobre alquileres turísticos, estudios sobre los derechos laborales de las mujeres en el sector y programas de capacitación sobre accesibilidad universal.

La importancia de estas acciones radica en que las conclusiones y metodologías que se generen desde Montevideo podrían transformarse en referencias para otros países de la región.

Del turismo sostenible al turismo regenerativo

La segunda iniciativa presentada por Uruguay apunta a una tendencia que comienza a ganar espacio en los principales foros internacionales: el turismo regenerativo.

Durante décadas el objetivo fue reducir impactos negativos. Más tarde surgió el concepto de turismo sostenible. Ahora aparece un nuevo desafío: que la actividad contribuya activamente a mejorar los territorios donde se desarrolla.

La diferencia es profunda.

Mientras la sostenibilidad busca conservar recursos, el turismo regenerativo procura que la actividad genere beneficios medibles para las comunidades, fortalezca los ecosistemas y contribuya al desarrollo económico local.

En términos prácticos, implica que un destino no solo reciba visitantes, sino que mejore su calidad ambiental, fortalezca su identidad cultural y genere oportunidades para quienes viven allí.

El programa impulsado por Uruguay y aprobado por ONU Turismo contempla capacitación, transferencia de herramientas metodológicas y proyectos piloto que involucrarán gobiernos locales, empresas, instituciones educativas y organizaciones comunitarias.

Lo que puede venir en los próximos años

Si el proyecto obtiene resultados positivos, Uruguay podría transformarse en un laboratorio regional de innovación turística.

Esto tendría varias consecuencias.

Por un lado, permitiría atraer cooperación internacional, financiamiento y nuevos proyectos vinculados a la sostenibilidad y la acción climática.

Por otro, posicionaría al país como exportador de conocimiento turístico, un rol que tradicionalmente ocupan naciones con mayor escala económica.

También podría abrir oportunidades para intendencias, operadores turísticos, bodegas, emprendimientos rurales, áreas protegidas y comunidades locales que busquen desarrollar modelos de turismo con mayor valor agregado.

En un escenario internacional donde los viajeros son cada vez más sensibles a cuestiones ambientales y sociales, los destinos capaces de demostrar impactos positivos reales tendrán una ventaja competitiva creciente.

Una apuesta silenciosa pero estratégica

Las grandes transformaciones del turismo no siempre nacen de una nueva ruta aérea o de una campaña publicitaria. Muchas veces comienzan en espacios técnicos donde se diseñan normas, indicadores y metodologías que luego terminan influyendo en miles de empresas y millones de viajeros.

La presentación realizada por Uruguay ante ONU Turismo apunta precisamente en esa dirección.

Mientras gran parte del mundo discute cómo crecer sin comprometer los recursos del futuro, el país intenta posicionarse en una conversación que definirá cómo será el turismo de América Latina durante las próximas décadas. Y esa puede convertirse en una de las inversiones estratégicas más importantes para el sector turístico nacional.

La reciente convocatoria de Uruguay para la Copa América ha generado controversia por la ausencia de Luis Suárez, una decisión que merece análisis desde múltiples perspectivas. Si bien la selección cuenta con figuras importantes, la exclusión del máximo goleador histórico representa un error estratégico que va más allá de lo puramente deportivo.

Luis Suárez y la oportunidad perdida de la marca Uruguay en el Mundial

La convocatoria de Uruguay para el Mundial ya está definida. Como en toda lista, aparecen nombres que generan consenso y otros que abren debate. Entre ellos surge una ausencia que trasciende lo estrictamente futbolístico: Luis Suárez.

Noticias y Destinos no es un medio deportivo. Habitualmente hablamos de turismo, cultura, tecnología, innovación y desarrollo. Sin embargo, existen figuras que superan el ámbito donde construyeron su fama y se transforman en activos de imagen para un país. Luis Suárez pertenece a esa categoría.

El valor de Suárez: Más que un futbolista

Luis Suárez no es simplemente un jugador más; es un icono mundial que trasciende las fronteras del fútbol. Su presencia en la convocatoria garantizaría un foco mediático especial, especialmente considerando que reside en Miami, donde Uruguay disputará dos de sus tres partidos de fase de grupos. Esta conexión local habría multiplicado el impacto mediático de la Celeste en suelo estadounidense, generando oportunidades de marketing y posicionamiento de marca país que ningún otro jugador puede ofrecer.

La discusión no pasa necesariamente por si hoy integra el grupo de los mejores delanteros uruguayos del momento. La pregunta es otra: ¿qué representa Luis Suárez para Uruguay ante el mundo?

El delantero continúa activo en Miami, una de las ciudades más observadas del planeta. Mantiene vigencia deportiva, convierte goles y sigue siendo una referencia global. Su nombre es conocido en Europa, América, Asia, Oceanía y África. Pocos uruguayos vivos poseen ese nivel de reconocimiento internacional.

En eventos globales como una Copa del Mundo, la selección nacional también funciona como una plataforma de promoción del país Cada conferencia de prensa, cada entrenamiento abierto, cada entrevista y cada imagen distribuida por cadenas internacionales multiplica la visibilidad de Uruguay.

El propio calendario del torneo parece reforzar ese argumento. Uruguay debutará en Miami frente a Arabia Saudita y volverá a jugar allí ante Cabo Verde. Son dos encuentros en una ciudad donde Suárez reside, donde es una figura reconocida y donde genera interés mediático permanente. En términos de comunicación internacional, resulta difícil imaginar una combinación más favorable.

Las cámaras seguramente buscarán a figuras como, uno de los grandes referentes del fútbol europeo actual. También a Giorgian De Arrascaeta ídolo en Brasil y protagonista de uno de los mercados futbolísticos más importantes del continente. Son jugadores imprescindibles.

Pero Suárez aporta algo diferente.

Representa memoria colectiva, trayectoria y reconocimiento inmediato. Es una marca consolidada. Su sola presencia genera titulares, atrae periodistas y despierta interés en públicos que quizás no siguen habitualmente el fútbol uruguayo.

La historia reciente demuestra que las selecciones campeonas suelen combinar presente y legado. La convocatoria de futbolistas veteranos no es una excepción. Continúa siendo la principal referencia de Argentina. Sigue formando parte de las conversaciones internacionales alrededor de Brasil. Numerosas selecciones mantienen referentes mayores de 35 años porque comprenden que el impacto trasciende los noventa minutos.

La marca país se construye con exportaciones, cultura, turismo, innovación y también con símbolos humanos capaces de abrir puertas. Uruguay dispone de pocos embajadores con el nivel de conocimiento global de Luis Suárez.

Quizás la explicación de su ausencia sea puramente deportiva. Los entrenadores tienen información que el público desconoce y son quienes toman las decisiones finales. Pero desde la óptica de la promoción internacional, de la construcción de imagen y del posicionamiento de Uruguay en uno de los eventos más vistos del planeta, resulta legítimo preguntarse si en esos 25 nombres no faltaba uno que hace años lleva al país en cada estadio donde juega.

Porque algunos futbolistas no solo representan un puesto dentro de la cancha. Representan una historia. Y las historias también venden destinos, despiertan curiosidad y posicionan países.

Luis Suárez es una de esas historias.

Jacobo Malowany redactor responsable de Noticiasydestinos

 La fumata blanca todavía flotaba sobre Roma cuando comenzó una de las primeras señales de esta nueva etapa. El nuevo Papa elegía llamarse León XIV. Para muchos fue apenas una continuidad histórica. Para otros, una decisión cargada de mensaje. En aquel momento, desde Noticias y Destinos ya marcábamos en una columna publicada en ShopNews que ese nombre no parecía casual. León XIII había sido el pontífice que enfrentó intelectualmente el impacto humano de la Revolución Industrial con la encíclica Rerum Novarum. Ahora, en medio de la revolución tecnológica y de la inteligencia artificial, otro León aparecía mirando un nuevo cambio civilizatorio.

Nada es casual cuando se mira estratégicamente.

La historia enseña que cada revolución trae fascinación y temor. Pasó con las máquinas, con la electricidad, con Internet y ahora con la inteligencia artificial. Siempre aparece la misma sensación: “todo ya pasó”, “el futuro llegó”, “los viejos modelos murieron”. Los dinosaurios se extinguieron por no adaptarse, repiten muchos empresarios y tecnólogos. Y en esa frase también se esconde una advertencia brutal para trabajadores, docentes, periodistas, empresas y gobiernos.

Porque el gran debate ya comenzó: ¿desaparece el trabajo o desaparece una forma de empleo? ¿La inteligencia artificial reemplazará personas o transformará radicalmente lo que entendemos por productividad y conocimiento?

La IA se transformó para muchos en la nueva espada de Damocles suspendida sobre la sociedad moderna. Promete eficiencia, automatización y crecimiento económico, pero también despierta miedo sobre concentración de poder, pérdida de empleos y manipulación de la verdad. Mientras algunos la observan con desconfianza, otros avanzan a velocidad de tsunami.

Y quizás allí aparece el punto más interesante de León XIV: no hablar desde el rechazo a la tecnología, sino desde la necesidad urgente de discutir ética, poder y humanidad antes de que la ola termine definiendo sola el destino de todos.

León XIV, la inteligencia artificial y la ola que ya llegó

Cuando el papa León XIII publicó en 1891 la encíclica Rerum Novarum, el mundo atravesaba una transformación que parecía imparable. La Revolución Industrial cambiaba la manera de producir, trabajar y vivir. Las máquinas despertaban fascinación y miedo. Muchos creían que el hombre quedaría desplazado y que el poder económico terminaría concentrado en pocas manos.

Más de un siglo después, otro León vuelve a mirar una revolución que redefine el futuro. Esta vez no son las fábricas ni las locomotoras. Es la inteligencia artificial.

La coincidencia histórica no parece casual. León XIV recoge parte de aquella preocupación social y la traslada a una nueva época: la revolución tecnológica.

El futurista Alvin Toffler hablaba de las “olas” que transforman la civilización. La primera fue agrícola. La segunda industrial. La tercera digital. Pero algunos autores contemporáneos ya no hablan de una simple ola. Hablan de “la ola del tsunami”. Una fuerza tan grande que puede reorganizar economías, profesiones, gobiernos y hasta la manera en que pensamos.

Y lo cierto es que la sensación empieza a ser esa.

La inteligencia artificial ya no es una curiosidad tecnológica. Está entrando en las aulas, las empresas, los medios de comunicación, la medicina, la guerra, la publicidad y la vida cotidiana. Cada día entiende mejor cómo piensa quien la utiliza. Aprende contextos, hábitos, estilos y necesidades. Responde con una naturalidad que hace apenas dos años parecía ciencia ficción.

Yo llevo cuatro años utilizándola, enseñándola y observando cómo evoluciona. Lo que hoy hacemos en un curso, dentro de tres meses ya cambió. Nuevas herramientas aparecen permanentemente. Lo que ayer sorprendía, hoy quedó viejo. Es imposible enseñar inteligencia artificial sin seguir aprendiendo.

También veo algo muy concreto: automatiza procesos rutinarios, acelera tareas, mejora productividad y abre oportunidades reales para estudiantes, emprendedores y empresas. Negar eso sería tan absurdo como negar Internet en los años noventa.

Pero junto al entusiasmo aparecen riesgos evidentes.

La inteligencia artificial puede equivocarse. Puede “inventar” información. Puede ser autocomplaciente y responder lo que el usuario quiere escuchar. Y el mayor problema es que muchas personas creen automáticamente en lo que escribe porque desconoce cómo funciona. La IA no “piensa” como un ser humano. Predice respuestas. Y cuando esa predicción parece convincente, el peligro es confundir fluidez con verdad.

A eso se suma otro escenario mucho más complejo: la lucha por el poder tecnológico global.

Hoy el debate ya no es solamente técnico. También es económico, geopolítico y militar. Empresas como OpenAI y Anthropic compiten por liderazgo, influencia y desarrollo ético. Detrás aparecen gobiernos, inversiones multimillonarias y disputas entre Estados Unidos y China por dominar la próxima gran revolución tecnológica.

Por eso resulta tan simbólico que León XIV haya puesto sobre la mesa la cuestión ética acompañado justamente por referentes de una empresa de inteligencia artificial. El mensaje parece claro: la Iglesia no plantea rechazar la tecnología. Plantea discutir quién la controla, cómo se utiliza y qué modelo de humanidad queremos construir alrededor de ella.

La encíclica deja una idea central: el ser humano debe seguir estando en el centro.

Y allí aparece quizás la mayor advertencia del documento. No se trata solamente de si la IA será útil o peligrosa. Se trata de evitar que el conocimiento, la verdad y el poder económico queden concentrados en muy pocas manos. La preocupación ya no es solo tecnológica. Es profundamente humana.

La revolución industrial generó décadas de sufrimiento antes de crear derechos laborales, regulaciones y protección social. La pregunta es si esta nueva revolución aprenderá de aquella experiencia o repetirá los mismos errores a una velocidad mucho mayor.

Porque la ola ya llegó.

Podemos ignorarla o intentar comprenderla. Podemos usarla para ampliar capacidades humanas o dejar que profundice desigualdades. Podemos convertirla en una herramienta de desarrollo o en un mecanismo de control.

La inteligencia artificial no parece detenerse. Lo que todavía está abierto es quién escribirá las reglas de esta nueva era.

Fuentes consultadas y referencias para profundizar
  • Encíclica Rerum Novarum de Pope Leo XIII (1891), considerada uno de los textos fundamentales sobre la cuestión social durante la Revolución Industrial.
  • Reflexiones y declaraciones públicas de Pope Leo XIV sobre inteligencia artificial, ética y dignidad humana.
  • Alvin Toffler, autor de La tercera ola, obra clave para comprender los cambios civilizatorios provocados por las revoluciones tecnológicas.
  • The Coming Wave, ensayo contemporáneo sobre el impacto de la inteligencia artificial y las tecnologías exponenciales.
  • Experiencias y observaciones personales del autor en formación, consultoría y enseñanza de inteligencia artificial aplicada a educación, marketing y automatización de procesos.
  • Análisis de la evolución y competencia entre OpenAI y Anthropic en el escenario actual de desarrollo de inteligencia artificial.
  • Debates internacionales sobre ética tecnológica, automatización laboral, concentración de poder digital y regulación de inteligencia artificial en Estados Unidos, China y Europa.
 

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