La moralidad, la responsabilidad y el libertinaje
Columna de opinión | Jacobo Malowany
El año comienza y vuelve una lección antigua. Una profesora insistía, con una claridad que entonces parecía excesiva, en una distinción básica: libertad no es libertinaje. No se trataba de moralizar, sino de aprender a pensar. Hoy, cuando la reacción precede al juicio y la opinión se dispara antes de la reflexión, aquella advertencia recupera sentido público.
La libertad implica elección consciente y aceptación de consecuencias. Supone reconocer límites que no se imponen desde afuera, sino que se asumen para convivir. La libertad madura no necesita espectáculo; se ejerce incluso cuando nadie mira.
El libertinaje, en cambio, confunde deseo con derecho. Actúa sin freno ético y llama autenticidad a la irresponsabilidad. Donde la libertad construye vínculos, el libertinaje los erosiona.
Esta confusión se expresa en dobles discursos cotidianos, y el nuevo año ya ofrece escenas que lo muestran con nitidez.
Primer ejemplo. Venezuela y el atajo del relato único.
Las noticias del día hablan de Venezuela. Abundan opiniones categóricas, diagnósticos exprés y verdades que se gritan como si el volumen garantizara la razón. Yo, en cambio, conozco a mi vecino venezolano y a sus amigos, con quienes comparto charlas a menudo, aquí y en mi etapa en España. Son personas formadas, resilientes, que agotaron sus créditos y salieron a la vida casi sin nada; hoy muchos celebran logros que no entran en un titular.
Al mismo tiempo, quienes permanecen en su país denuncian una intervención armada sufrida el 2 de enero y viven con miedo y desgaste. Dos realidades conviven. El doble discurso aparece cuando proclamamos empatía universal y practicamos simplificación selectiva: elegimos un relato para cancelar el otro. En términos de Zygmunt Bauman, preferimos certezas rápidas en una modernidad líquida que no tolera la complejidad. Y como recuerda Adela Cortina, sin razón cordial —sin empatía concreta— la ética se vuelve abstracta y excluyente.
Segundo ejemplo. Educación: libertad sin compromiso termina en abandono.
En educación hablamos de libertad, de derechos, de oportunidades. Pero evitamos la palabra incómoda: compromiso. Cumplimos programas, cerramos actas, celebramos porcentajes de aprobación. Los números ordenan y tranquilizan. Sin embargo, el compromiso —con el estudio, con el proceso, con el otro— se diluye.
Muchos estudiantes asisten sin implicarse, aprueban sin apropiarse, avanzan sin involucrarse. Y el sistema, en nombre de la oportunidad, a veces confunde acompañar con no exigir. El doble discurso se instala cuando decimos formar ciudadanos libres, pero evitamos pedirles responsabilidad sostenida. Paulo Freire lo advirtió con claridad: educar no es liberar de todo límite, sino formar conciencia crítica y responsabilidad histórica. Fernando Savater lo resume sin rodeos: elegir es hacerse cargo. La libertad sin compromiso no emancipa; abandona. Y ese abandono rara vez aparece en las estadísticas.
Tercer ejemplo. El accidente del comunicador y el juicio social cambiante.
En Uruguay, un comunicador conocido protagonizó un accidente de tránsito con un desenlace trágico. La investigación judicial determinó homicidio culposo y estableció las responsabilidades del caso. No fue la Justicia quien suspendió su actividad profesional: fue la empresa la que decidió apartarlo de la producción tras el hecho.
Antes del fallo, la opinión pública condenó; después, aguardó; más tarde, ante el deterioro de su salud, expresó acompañamiento y deseos de recuperación. Hoy, el propio protagonista reclama respuestas sobre lo ocurrido. No es una contradicción individual, sino colectiva. Pasamos del señalamiento al respaldo con la misma velocidad con la que emitimos opinión. Como advierte Javier Sádaba, una moral sin reflexión se vuelve volátil, dependiente del clima emocional del momento. Pedimos justicia, pero practicamos juicio social inmediato.
Cuarto ejemplo. La discoteca en Suiza y la urgencia de ser espectador.
El trágico incendio de una discoteca en Suiza dejó una imagen inquietante: personas que, ante el peligro inmediato, eligieron filmar antes que huir o ayudar. No se trata de juzgar individuos concretos, sino de leer un síntoma cultural. La necesidad de registrar reemplaza al instinto de preservar la vida. Hans Jonas lo anticipó con su principio de responsabilidad: la tecnología amplifica nuestra capacidad de acción, pero también nuestra omisión. No registrar no es neutral; es una elección. Bauman vuelve a aparecer: cuando la experiencia importa solo si se muestra, la vida se subordina a la imagen.
El problema no reside en opinar, sino en opinar sin pensar. Confundir juicio con justicia. Llamar libertad a la descarga emocional y responsabilidad al castigo inmediato. En ese atajo, la moral se vuelve episódica y el compromiso, opcional.
Quizás el gesto más contracultural consista en recuperar la lentitud: leer con paz, escuchar sin interrumpir, sostener procesos, aceptar la incomodidad del esfuerzo. No es nostalgia; es higiene democrática.
La libertad necesita compromiso para no degradarse en libertinaje. Y la responsabilidad —silenciosa— exige tiempo para no perderse en el ruido.
Empezar el año podría significar eso: menos prisa para condenar, más tiempo para comprender. En un mundo efímero, pensar despacio y comprometerse sigue siendo un acto profundamente público.
Fuentes y referencias conceptuales
-
Zygmunt Bauman
Modernidad líquida; Vida líquida. Análisis sobre la fragilidad de los vínculos, la velocidad social y la volatilidad del juicio en las sociedades contemporáneas. -
Adela Cortina
Ética de la razón cordial; Ciudadanos del mundo. Reflexiones sobre ética cívica, empatía, responsabilidad y convivencia en sociedades plurales. -
Fernando Savater
Ética para Amador; El valor de elegir. La libertad entendida como elección responsable y base de la ciudadanía democrática. -
Hans Jonas
El principio de responsabilidad. Ética para la era tecnológica y la obligación moral hacia las generaciones futuras. -
Javier Sádaba
Ética para el siglo XXI. Análisis crítico sobre la moral contemporánea, el juicio social y la fragilidad ética en contextos emocionales. -
Paulo Freire
Pedagogía del oprimido; Pedagogía de la autonomía. Educación, compromiso, conciencia crítica y responsabilidad como base de la libertad. - Mis aprendizajes de Alfabetizador laboral en mi compromiso con la educación.
