Pantallas, urgencia y escuela: cuando educar se vuelve contracultural

Mientras Francia discute limitar el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales, en las aulas el debate dejó de ser abstracto. Cada día, docentes y estudiantes conviven con una tensión silenciosa: la escuela intenta enseñar procesos largos en un mundo entrenado para la respuesta inmediata. La atención fragmentada, la ansiedad por el estímulo constante y la dificultad para sostener el esfuerzo ya no son excepciones; se volvieron paisaje.

En este contexto, resulta pertinente la advertencia de Bill Gates, fundador de Microsoft, publicada en su blog Gates Notes. Gates retoma los argumentos del psicólogo Jonathan Haidt y su libro The Anxious Generation, para poner una alerta clara: la exposición temprana y constante a los teléfonos inteligentes está debilitando habilidades clave como la creatividad, el pensamiento crítico y la autonomía emocional.

Gates no demoniza la tecnología. Reconoce su utilidad en momentos puntuales de concentración o entretenimiento. El problema aparece cuando ese “momento” se transforma en una forma de estar en el mundo: largos períodos de ocio improductivo, interacción pasiva y dependencia de estímulos diseñados para no soltarnos. Para las nuevas generaciones, la pantalla no es una herramienta más; es el centro de la experiencia cotidiana.

Desde la escuela, esta realidad se traduce en una batalla diaria contra la urgencia. Enseñar a leer en profundidad, a argumentar, a equivocarse y volver a intentar exige un tiempo que compite con un sistema de recompensas inmediatas. Salvo que exista conciencia —y la voluntad explícita de “poner el celular en la caja”— la pedagogía queda en desventaja.

Las propuestas que Gates destaca no son simples, pero sí orientadoras: postergar el acceso a celulares hasta edades más maduras; establecer verificaciones de edad efectivas en redes sociales; y, sobre todo, reconstruir la infraestructura de la infancia. Espacios físicos seguros y estimulantes donde el juego, el encuentro y la exploración vuelvan a ser centrales. Lugares donde se aprenda a convivir sin mediación permanente de una pantalla.

La pregunta de fondo no es si se acerca el fin de los celulares. La pregunta es si estamos dispuestos a redefinir su lugar. Regular no es prohibir; es decidir colectivamente qué valoramos. En tiempos donde todo apura, educar —paradójicamente— implica frenar. Crear condiciones para que pensar, imaginar y conversar vuelvan a tener tiempo. Y sentido.

 
 
 

Los tres niveles de gobierno y la lógica de los eventos territoriales

Uruguay organiza su gestión pública en tres niveles de gobierno, cada uno con competencias claras y complementarias.
El primer nivel, el nacional, define políticas de alcance país, marcos normativos y grandes lineamientos presupuestales.
El segundo nivel, departamental, a cargo de las intendencias, gestiona el territorio, diseña políticas culturales y turísticas propias y cuenta con autonomía para asignar recursos, articular actores y ejecutar proyectos.
El tercer nivel, el municipal, actúa en escala local: barrios y ciudades. Su rol se centra en la cercanía con la comunidad, la logística, el uso del espacio público y la articulación cotidiana con vecinos y comercios.

En este esquema, Canelones Suena Bien depende del segundo nivel de gobierno, mientras que la ciudad de Atlántida se gestiona desde su municipio, el tercer nivel. Esta distinción no es menor cuando se analizan resultados, impactos y retornos.

Un evento masivo no es casualidad

La generación de un evento que convoca multitudes responde a una decisión estratégica. El segundo nivel de gobierno dispone de la autonomía necesaria para asignar un presupuesto, generalmente compartido con otros actores públicos y privados, y para diseñar un modelo de gestión que combine cultura, turismo y economía local.
A esto se suma la venta de espacios como formato de ingresos y, en contextos actuales, la posibilidad de monetizar contenidos digitales, como transmisiones por plataformas de video, ampliando el alcance y el retorno.

Desde esta mirada, resulta clave diferenciar inversión de gasto. El posicionamiento de Atlántida durante la semana del evento, medido en minutos de exposición mediática en formatos tradicionales y digitales, superó ampliamente la inversión realizada. No se trató de un gasto: se disfrutaron cuatro shows de primer nivel, se brindó escenario a dos bandas locales y se activó una cadena de valor que excede la noche del concierto.

Públicos, microsegmentación y derrama

Los datos de asistencia muestran diferencias claras según día y propuesta. El sábado, miles de personas participaron con segmentaciones diversas: en Canelones Suena Bien, el promedio superó los 30 años, mientras que el primer día la franja fue más amplia, entre 15 y 50 años. La microsegmentación explica estos resultados: propuestas, horarios y artistas convocan públicos distintos y generan impactos distintos.

En paralelo, otros espacios de la ciudad ofrecían alternativas simultáneas. La LIFA, el fútbol con presencia de un equipo europeo y actividades recreativas atrajeron principalmente a jóvenes y familias. Todos los sábados la dinámica se repite: el baile convoca a los jóvenes; el 31 de enero, con DJ y Luana, volvio a suceder. La piscina recibe excursiones a diario y completa un ecosistema activo. El Camping Ancap, alquileres por el fin de semana y el tiempo acompaño por supuesto. 

Público y privado: dos lógicas, un territorio

La diferencia entre un emprendimiento público y uno privado no es ideológica, es funcional. El primero prioriza el impacto territorial y favorece a las mypes mediante espacios de venta y circulación de personas. El segundo persigue fines empresariales y mide su éxito en rentabilidad directa.
Desde la experiencia local, los jóvenes dejan menos consumo inmediato en los comercios, mientras que eventos como Canelones Suena Bien redistribuyen ingresos en momentos de baja estacional y, como suele decirse, traen gente al pueblo.

Esta primera parte propone una lectura técnica y neutra: los eventos bien diseñados son herramientas de marketing de ciudades, capaces de posicionar, activar economías locales y construir identidad, siempre que se los analice como inversión estratégica y no como gasto aislado.

Desde la Dirección de MIPYMES, de la Intendencia de Canelones, se instrumentó un proceso ordenado y transparente: se realizó un llamado abierto, se convocó, se recibieron más de 100 postulaciones y se seleccionaron 60 emprendimientos, todos formalizados. Muchos de ellos ya contaban con comercios en la zona, por lo que el beneficio no se limitó a la venta puntual, sino también a ganar visibilidad, ampliar públicos y reforzar marca. Cuando estos eventos se trabajan con método, los resultados se proyectan durante el resto del año: se fijan objetivos, se mide impacto y se construye continuidad. No se trata de un hecho aislado ni de un gesto ocasional, sino de gestión aplicada, lejos de la lógica del “baño del Papa”.

Desde la Asociación Turística de Canelones, integrante de la Cámara Uruguaya de Turismo, se entendió que lo gestionado respondió a una estrategia clara. Los vouchers de $500 por pernoctar dos noches activaron consumo en toda la franja costera y también beneficiaron a comercios fuera del microcentro, que sumaron movimiento en un período de alta demanda. Si se aplica el principio de Pareto, ese 20 % de los cerca de 100.000 asistentes generó una derrama relevante, siempre condicionada a la existencia de una oferta atractiva. Durante las aproximadamente cuatro horas del evento, la multitud no consume en el microcentro: la gente está concentrada en el predio y se produce una pausa comercial inevitable. La derrama real ocurre antes y después, y ahí aparecen las decisiones de gestión. Atlántida, aun sin el evento, ya estaba desbordada; el CSB ordenó tiempos, concentró públicos y extendió la permanencia en destino. Las recorridas por la ciudad mostraron entusiasmo genuino, incluso de personas que salieron a disfrutar la noche sin participar del concierto. De cara al próximo año, la ATC buscará potenciar este fenómeno con nuevas ideas y estrategias; quienes cuestionan la sede olvidan que el único que pierde es quien renuncia a un momento de visibilidad que no resulta efímero: el próximo año puede ser mejor.

La Asociación Turística de Canelones, además del esquema general de vouchers, subió la promoción con un 10 % adicional dirigido a asociados del corredor gastronómico, reforzando el vínculo entre evento, operadores y territorio. La ATC entiende estas acciones como herramientas de mediano plazo y no como estímulos aislados. En ese sentido, su presidente remarcó que “estos eventos no tienen un objetivo de fin de semana: el verdadero cometido es publicitar y posicionar el destino; quien no consumió anoche, vuelve en la brevedad”, y confirmó el compromiso de la asociación para potenciar el próximo año, reafirmar alianzas y generar nuevos incentivos que permitan mayor captación de consumo durante el evento. Desde otros ámbitos de la Intendencia de Canelones también se expresó que el impacto trasciende lo económico inmediato: Atlántida y Canelones ganan agenda nacional y regional. La llegada de ómnibus desde Treinta y Tres y visitantes de Rivera —no habituales del verano— confirma ese posicionamiento. A la derrama económica para operadores se suma una derrama publicitaria sostenida en el tiempo. En palabras del presidente de la ATC, el balance resulta claro: apoyo pleno a Canelones Suena Bien, por su valor cultural, turístico y estratégico, y por un estándar organizativo profesional en producción, audio y seguridad que deja una señal inequívoca del rumbo elegido.

Jacobo Malowany 

 


El video de Telemundo me obligó a detenerme, repensar el debate y poner en palabras una opinión que suele quedar atrapada en consignas simplificadas. La inflación no es buena ni mala por sí misma: depende del contexto, del crecimiento y de cómo se la usa —o se la disimula— en la economía. Por eso sentí la necesidad de escribir y aportar una mirada más amplia, con experiencia internacional y sin dogmas, a una discusión que merece algo más que titulares rápidos.

Cuando la inflación baja también incomoda

Durante años, el problema de Uruguay fue claro: inflación alta, pérdida de poder adquisitivo y salarios que corrían detrás de los precios. En ese contexto, bajar la inflación no solo era deseable, era una prioridad. Por eso sorprende —y genera confusión— que hoy el Banco Central busque evitar que la inflación siga cayendo.

La pregunta es legítima: ¿por qué una inflación baja puede ser un problema si durante décadas fue el enemigo a derrotar?
La respuesta corta es esta: porque una inflación demasiado baja no es lo mismo que estabilidad, y porque las economías modernas funcionan sobre equilibrios más frágiles de lo que suele creerse.

El objetivo no es “baja inflación”, es inflación estable

Uruguay, como la mayoría de las economías que utilizan metas de inflación, no apunta a cero. El objetivo del Banco Central del Uruguay es 4,5%, con un rango de tolerancia entre 3% y 6%. Estar fuera de ese rango —por arriba o por abajo— implica desvíos que requieren corrección.

Con una inflación en 3,6% y riesgo de perforar el piso, la preocupación no es ideológica ni técnica: es macroeconómica.

Lo que el razonamiento acierta

El planteo tiene tres puntos correctos:

  1. Inflación baja + crecimiento débil es una mala combinación
    La experiencia internacional es clara. Cuando la inflación cae por debajo de lo esperado y la economía no acelera, se enfrían decisiones de consumo e inversión. No porque la gente “quiera ahorrar más”, sino porque se posterga: si los precios no suben, no hay apuro. Japón convivió décadas con ese problema.

  2. El salario real sube… y eso no siempre es neutro
    Con salarios pactados sobre una inflación mayor, una inflación efectiva más baja eleva el salario real. Para los trabajadores, es una mejora. Para las empresas, puede ser un aumento de costos no previsto, especialmente en sectores con márgenes ajustados. En economías con baja productividad, eso sí puede tensionar empleo.

  3. La inflación también es una variable fiscal
    Muchos impuestos están indexados o crecen en términos nominales con la inflación. Con inflación baja, la recaudación crece menos, mientras varios gastos permanecen rígidos. En países con cuentas fiscales ajustadas, eso importa.

Hasta acá, el razonamiento no es absurdo. Es incompleto, pero no falso.

Donde el argumento se vuelve débil

El problema aparece cuando se sugiere que la inflación baja “es mala en sí misma”. No lo es.
Es un problema solo si no está acompañada por crecimiento, productividad y políticas adecuadas.

Ahí es donde entra la comparación internacional.

¿Cómo viven los países de baja inflación?

Antes de 2020, Europa y el Reino Unido convivían con inflaciones cercanas a cero sin colapso económico. ¿Por qué? Porque compensaban con:

  • políticas fiscales activas,

  • mercados financieros profundos,

  • crédito barato,

  • productividad creciente.

La pandemia rompió ese equilibrio. El shock de oferta, el gasto público masivo y la guerra en Ucrania llevaron la inflación europea a niveles no vistos en 40 años. El Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo endurecieron política monetaria con fuerza, aun sabiendo que provocarían desaceleración.

¿La lección?
No que la inflación baja sea peligrosa, sino que la inflación desanclada —alta o baja— es el verdadero problema.

El punto clave que falta en el debate uruguayo

El verdadero riesgo para Uruguay no es que la inflación esté en 3% o 4%.
El riesgo es usar la inflación como variable de ajuste encubierto: para salarios, para empresas deficitarias o para cuentas fiscales.

Una economía sana no necesita inflación para funcionar.
Necesita productividad, inversión, competencia y reglas claras.

En definitiva, es un problema desde distintas perspectivas

La inflación baja no es una mala noticia por definición. Es incómoda solo cuando deja al descubierto problemas que estaban escondidos: baja productividad, márgenes frágiles, rigideces fiscales.

Subir la inflación no soluciona esos problemas. Solo los disimula.

La estabilidad no debería preocupar.
Lo que debería preocupar es qué tan dependientes somos de la inflación para que el sistema cierre.

Fuentes y referencias

  • Banco Central del Uruguay (BCU) – Metas de inflación y política monetaria
    Comunicaciones oficiales y Reportes de Política Monetaria.

  • Fondo Monetario Internacional (FMI) – Inflación baja y riesgos macroeconómicos
    Low Inflation: What Should Policymakers Do?

  • Banco Central Europeo (BCE) – Inflación, crecimiento y política monetaria
    Informes sobre inflación en la zona euro (pre y post pandemia).

  • Banco de Inglaterra – Impacto de inflación baja y alta en salarios y actividad
    Monetary Policy Reports (2021–2023).

  • OECD / World Bank – Inflación, cuentas fiscales y crecimiento
    Estudios sobre política fiscal en contextos de baja inflación.

 

 

Rosario Cervini impulsa una encuesta ciudadana sobre el impacto de Canelones Suena en Atlántida

La actual concejala del Municipio de Atlántida y ex candidata a la Alcaldía local, impulsa en estas horas una encuesta digital dirigida a vecinos y vecinas de la ciudad, con el objetivo de relevar opiniones directas sobre el impacto y la organización del evento musical Canelones Suena.

La iniciativa busca recoger miradas reales de la comunidad en un contexto donde existen distintas dudas y percepciones respecto a los efectos de este tipo de eventos masivos sobre la vida cotidiana de habitantes y comerciantes, la infraestructura urbana, la tranquilidad del entorno y el cuidado del ambiente.

Asimismo, la encuesta apunta a conocer la opinión ciudadana sobre la conveniencia de su realización, así como sobre la ubicación más adecuada para este tipo de propuestas culturales dentro del territorio.

La consulta es breve y anónima, y se presenta como una herramienta de participación que permite sistematizar opiniones diversas en torno a un evento de alto impacto local.

Las personas interesadas en participar pueden hacerlo a través del siguiente enlace:

https://forms.gle/ifzoeFvia9eQcq6n6

La participación es voluntaria y los datos recolectados se utilizarán con fines de análisis y reflexión sobre la propuesta cultural.


 

 

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En esta reflexión íntima y lúcida, el arquitecto Esteban Molet Gurrera comparte medio siglo de oficio y pensamiento, recorriendo el placer silencioso de crear, proyectar y ver envejecer bien a la arquitectura. Una mirada crítica sobre la obsesión por lo icónico y una defensa clara de lo esencial: el valor del diseño con sentido, tanto en lo monumental como en lo pequeño.


El placer de las obras grandes y pequeñas

Arq. Esteban Molet Gurrera

La arquitectura es como una novia que te exige y de momento, no te da lo que esperas, o lo inmediato que quieres recibir a cambio.

En mis 50 años desde que me recibí como arquitecto, creo que el mayor placer que he recibido ha sido ver algunas de mis obras que ya llevan más de 30 o 40 años de haberse terminado, en muy buen estado, tanto que todavía dan ganas de contemplarlas. Afortunadamente, esta satisfacción nadie te la quita; es muy agradable encontrar obras en Polanco, Las Lomas, del Valle, Acapulco, Cancún, obras que hicimos hace tantos años y que algunas personas que en ese momento estén contigo, digan: “¿Tú hiciste ese edificio?” Uno se siente muy bien de haber construido algo así.

Para mí, la obra terminada es una fase muy importante, ya que es la culminación de todo el trabajo creativo, sin embargo, disfruto mucho todo el proceso desde el comienzo, cuando realizo los primeros croquis, pues sé que van a llevar mis ideas a buen puerto, mientras voy añadiendo las partes que se requieren para desarrollar un edificio completo, inteligente o no.

El desarrollo de un proyecto me provoca un placer enorme y una satisfacción invaluable y es que estoy casi siempre solo, mis croquis y yo, avanzando la idea inicial para llegar al primer “proyecto conceptual”, pues esa parte del proceso creativo del proyecto es para mí un diálogo entre mi creatividad y el resultado que da cada raya, cada trazo, todos los colores, lápices y plumones, al generar formas, geometría y volúmenes que pronto se vayan concretando físicamente en objetos reales, hasta llegar a la culminación de la obra.

Lo que para mí funciona como una serie de fases que se van completando con su consecuente satisfacción, ya que cada momento tiene para mí un valor de parto sin dolor.

Es el momento que hace realidad que pueda construirse, edificarse, una obra arquitectónica que iniciaste con la primera raya y continuaste con el proyecto conceptual o el guion de la arquitectura que se va a erguir; en el momento en que se unan todos los factores necesarios: planos ejecutivos, licencias y permisos, la inversión total, la planeación y la construcción en sí, esa obra se llevará a cabo. Esto no es poco y todo tiene que conjuntarse con la simultaneidad y combinación de todos los requerimientos que han de cumplirse en su totalidad.

Hay obras arquitectónicas muy grandes que de estética no tienen nada y resultan bultos enormes o cajas de zapatos tiradas en un armario o clóset llamado espacio, que no tienen ni pies ni cabeza.

China y el resto de los países asiáticos, están llenos de bultos icónicos que de icónicos no tienen nada, resaltan formas caprichosas y sin sentido; eso me hace regresar a lo pequeño, a lo sencillo y, a veces, volver a lo simple me causa más gusto y placer, por la belleza de los pequeños detalles.

La arquitectura está en lo grande y en lo pequeño, siempre y cuando valga la pena el concepto de diseño. Igual de bien o de mal, lo grande y lo pequeño, hay que saberlo trabajar, componer con el mismo gusto y talento, tanto la arquitectura monumental como la de pequeña escala.

Como decía, ahora casi todos los edificios tratan de ser icónicos y para dar mayor énfasis, se visten con un disfraz; es como vestirse todos los días para una boda o fiesta, y para mí resulta una exageración. A veces pienso que se visten de payaso para hacerse los simpáticos o los graciosos y su interés básico es llamar la atención.

Cada edificio autonombrado icónico equivale, sin exagerar, a lo que valdrían varios edificios normales con usos normales, más bien para necesidades más humanas y más prioritarias, no de vanidad o de moda, con marcas de valores exorbitantes, ya saben a cuales me refiero, pues su precio no equivale a su utilidad real, su valor es solo de marca.

De esta misma forma distintos arquitectos han diseñado muchos edificios icónicos, solo con la finalidad de lucir y presumir su edificio, al precio que sea, sin ver la desproporción comparativa con edificios de buena arquitectura, sin pretensiones icónicas erróneas y tristemente, ya en pronta extinción.


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