Tony Robbins y una lección de ventas que sobrevivió más de 30 años

Una vieja grabación de apenas 21 minutos vuelve a circular en las redes. Más allá de las cifras espectaculares que acompañan su difusión, contiene conceptos sobre ventas, comunicación y toma de decisiones que siguen teniendo sorprendente vigencia.

Hay contenidos que envejecen rápidamente y otros que, varias décadas después, obligan a volver a mirarlos.

Una antigua grabación de Tony Robbins, realizada cuando su gigantesca industria de seminarios, coaching y desarrollo personal todavía estaba en construcción, pertenece a esta segunda categoría.

Son aproximadamente 21 minutos frente a un rotafolio, sin grandes escenarios, pantallas gigantes ni producción espectacular. Robbins habla de ventas, persuasión, objeciones, confianza y, sobre todo, de algo que muchas organizaciones continúan intentando comprender: por qué una persona decide comprar y por qué otra, frente a la misma propuesta, dice que no.

El video circula acompañado de una afirmación impactante: que hoy habría que pagar un millón de dólares por un día con Robbins. Conviene hacer una precisión. Existen referencias periodísticas sólidas de clientes que han pagado más de un millón de dólares anuales por su coaching privado, pero no encontramos una fuente igualmente sólida que permita afirmar que esa sea literalmente su tarifa por un solo día.

Y esa aclaración, curiosamente, hace todavía más interesante la historia.

Porque el verdadero valor del video no está en saber cuánto cuesta Tony Robbins hoy, sino en preguntarnos:

¿qué podemos aprender de aquellos 21 minutos más de tres décadas después?

La venta empieza mucho antes del precio

Uno de los conceptos centrales de Robbins es sencillo: cuando una persona responde “no tengo tiempo” o “no tengo dinero”, posiblemente todavía no estamos frente a la verdadera objeción.

La pregunta más interesante es otra:

¿Percibe suficiente valor como para actuar?

Esta distinción cambia completamente una conversación comercial.

Un vendedor tradicional escucha:

“Es demasiado caro”.

Y rápidamente intenta bajar el precio.

Un profesional de ventas debería preguntarse:

“¿No puede pagarlo o todavía no consiguió percibir por qué debería pagarlo?”

No es lo mismo.

El precio es una cifra.
El valor es una percepción.

Y entre ambos se juega buena parte de una venta.

Antes de convencer, preguntar

Otra enseñanza del video conserva plena actualidad: descubrir necesidades antes de presentar soluciones.

Robbins propone formular preguntas para conocer qué quiere cambiar la persona, qué desea conseguir y qué problema necesita resolver. Solo después aparece la propuesta.

Es una regla elemental que demasiadas veces olvidamos:

quien habla demasiado vende menos de lo que cree.

La buena venta comienza escuchando.

¿Qué necesita?

¿Qué quiere mejorar?

¿Qué le preocupa?

¿Qué sucedería si no hace nada?

¿Y qué cambiaría si consiguiera resolverlo?

Las preguntas no deberían funcionar como una trampa para conducir al cliente hacia una respuesta previamente diseñada. Su verdadero poder está en permitirnos comprenderlo.

“Attack and confess”: adelantarse a la objeción

En la grabación aparece una técnica que Robbins denomina “attack and confess” —podríamos traducirla como anticipar y confesar— y efectivamente figura entre los contenidos atribuidos a ese antiguo entrenamiento de ventas.

La idea consiste en no combatir frontalmente una objeción, sino reconocerla y acercarse a ella desde una experiencia propia.

En lugar de:

“Está equivocado, esto realmente vale la pena”.

La conversación puede comenzar de otra manera:

“Entiendo perfectamente esa duda. Yo también la tuve.”

La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente es enorme.

En el primer caso discutimos.

En el segundo construimos identificación.

Una persona puede resistirse a un argumento. Es mucho más difícil que discuta con una experiencia auténtica.

El poder de los pequeños “sí”

Otro principio utilizado en ventas consiste en construir una secuencia de pequeños acuerdos.

¿Esto es importante para usted?

Sí.

¿Le gustaría resolverlo?

Sí.

¿Cree que hacerlo tendría consecuencias positivas?

Sí.

¿Preferiría comenzar antes que continuar postergándolo?

Sí.

No se trata —o no debería tratarse— de manipular al comprador.

Utilizada profesionalmente, esta secuencia sirve para comprobar algo fundamental: si existe coherencia entre lo que una persona dice necesitar y la decisión que está considerando tomar.

La venta moderna necesita recuperar esa frontera ética.

Persuadir no es manipular.

Persuadir significa ayudar a una persona a evaluar una decisión. Manipular significa conseguir que decida en contra de sus propios intereses.

El vendedor también vende su estado

Hay otro concepto especialmente interesante para quienes trabajamos desde hace años en ventas, marketing, formación y coaching: el estado emocional importa.

Robbins desarrollaría ampliamente esta idea durante su carrera. Incluso en su trabajo posterior de coaching de alto nivel aparece la observación sistemática del estado psicológico y emocional de sus clientes.

Podemos conocer perfectamente nuestro producto y fracasar.

Podemos dominar una presentación y no generar confianza.

Podemos memorizar veinte técnicas de cierre y no cerrar ninguna venta.

¿Por qué?

Porque antes de comprar nuestra propuesta, muchas veces el cliente está evaluando algo mucho más elemental:

¿le creo a esta persona?

La congruencia entre palabras, gestos, seguridad, conocimiento y convicción termina formando parte del producto.

Siete frases para llevar a una conversación comercial

No son fórmulas mágicas. Son preguntas para abrir conversaciones:

“¿Qué tendría que ocurrir para que esto realmente valiera la pena para usted?”

“¿Qué es lo que más le preocupa antes de tomar la decisión?”

“Si el precio no fuera el problema, ¿qué otra cosa le impediría avanzar?”

“¿Qué costo tiene para usted continuar seis meses más sin resolverlo?”

“¿Qué resultado haría que dentro de un año dijera: fue una excelente decisión?”

“¿Qué necesitaría saber para sentirse seguro antes de decidir?”

Y quizás la más importante:

“¿Esto realmente es lo que usted necesita?”

Porque también hay ventas que profesionalmente debemos estar dispuestos a perder.

De un rotafolio a una industria multimillonaria

Mirar hoy aquella grabación tiene además un enorme interés desde el marketing.

A comienzos de los años noventa, Robbins ya había convertido seminarios, audios e infomerciales en una potente maquinaria comercial. En 1991, Los Angeles Times informaba que cobraba USD 60.000 por intervenir durante un día en determinados encuentros corporativos privados y describía una oferta de seminarios que iba desde cursos de ventas relativamente accesibles hasta programas de miles de dólares.

Décadas después, su posicionamiento cambió radicalmente.

Sus clientes privados llegaron a pagar cifras superiores al millón de dólares anual por un acompañamiento intensivo.

Ahí aparece otra formidable lección de marketing:

el conocimiento puede permanecer relativamente estable mientras cambia extraordinariamente el valor percibido de quien lo ofrece.

No vendemos solamente conocimiento.

Vendemos trayectoria, confianza, resultados, reputación, especialización y capacidad para producir una transformación.

La gran enseñanza no está en el millón de dólares.

Después de tantos años enseñando ventas y marketing, encuentro particularmente interesante regresar a estos formatos.

Las herramientas cambian. Hoy tenemos inteligencia artificial, automatización, CRM, redes sociales, neuromarketing y cantidades de datos que un vendedor de hace treinta años ni siquiera podía imaginar.

Pero delante de nosotros continúa existiendo una persona.

Una persona que duda.

Que desea algo.

Que teme equivocarse.

Que compara.

Que posterga.

Que necesita confiar.

Y finalmente decide.

Por eso aquel Tony Robbins frente a un sencillo rotafolio todavía tiene algo para enseñarnos.

Las tecnologías de venta cambian. La psicología de la decisión cambia mucho más lentamente.

Quizás esa sea la verdadera razón por la cual vale la pena dedicarle 21 minutos a una grabación de hace más de tres décadas.

No para aprender cómo conseguir que “cualquiera diga que sí”.

Eso sería reducir demasiado el arte de vender.

Sino para comprender algo bastante más poderoso: una gran venta no comienza cuando aprendemos a cerrar. Comienza cuando aprendemos a escuchar.

Y la pregunta final queda abierta para nuestros lectores:

¿Cuánto de aquello que aprendimos sobre ventas hace treinta años continúa funcionando hoy, en plena era de la inteligencia artificial?

Hablar de eliminar la pobreza en cinco años parece, a primera vista, una meta difícil de imaginar. Sin embargo, Martín Burt no plantea la idea solamente desde la teoría. Economista, emprendedor social y exintendente de Asunción, lleva décadas trabajando en modelos de desarrollo y es creador del Semáforo de Eliminación de Pobreza, una metodología aplicada internacionalmente que coloca a las familias como protagonistas de su propio proceso de transformación.

En el Foro Social de ACDE 2026, realizado en el LATU, Burt llevó esa experiencia al escenario uruguayo y lanzó una afirmación que invita a debatir: “Uruguay podría eliminar la pobreza en cinco años”. Su propuesta combina tecnología, inteligencia artificial, acompañamiento y, sobre todo, un cambio de mirada: dejar de observar la pobreza únicamente desde las estadísticas para comenzar a escuchar a quienes la viven.

Martín Burt en el Foro Social de ACDE: “Uruguay podría eliminar la pobreza en 5 años”
En el marco del Foro Social de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), denominado “La Cara Humana de las Empresas”, desarrollado este martes en el LATU, el economista paraguayo Martín Burt presentó una nueva perspectiva para abordar la pobreza basada en el protagonismo de las propias familias y el uso de la tecnología como herramienta de transformación social.

Burt, fundador del Semáforo de Eliminación de Pobreza, destacó que esta metodología ya se aplica en más de 60 países y sostuvo que “Uruguay deberá encontrar soluciones uruguayas a problemas uruguayos”.

El especialista explicó que el modelo propone dejar de mirar únicamente las estadísticas tradicionales y comenzar a consultar directamente a las familias sobre qué significa para ellas dejar de ser pobres.

“Hay que tener en cuenta a la parte interesada, que es la familia: saber qué está bien, qué está mal, cuáles son sus prioridades y, a partir de ahí, mostrarle cómo otras familias en situaciones similares lograron superar esos problemas”, señaló.

El Semáforo de Eliminación de Pobreza permite que cada familia realice un auto diagnóstico identificando sus fortalezas y desafíos en diferentes áreas de su vida. A partir de ese análisis, se construye un plan familiar para avanzar hacia la superación de las distintas dimensiones de la pobreza.

Durante su exposición, Burt afirmó que Uruguay tiene condiciones para avanzar hacia un nuevo modelo de combate a la pobreza y planteó que con equipos capacitados y herramientas tecnológicas se podría acompañar a miles de familias en la elaboración de sus propios planes. Proyecta que “en 5 años se podría eliminar la pobreza en Uruguay”.

“Posiblemente haya unas 200.000 familias humildes en Uruguay. Con alrededor de 1.000 personas capacitadas, cada una acompañando a unas 200 familias, se podría lograr que cada una tenga su propio diagnóstico y un banco de soluciones basado en experiencias exitosas de otras familias”, explicó.

Tecnología, motivación y autonomía familiar

El economista remarcó que la tecnología modificó las posibilidades de intervención social, ya que actualmente las familias cuentan con teléfonos inteligentes y acceso a herramientas digitales.

“Hoy todas las familias tienen Facebook, WhatsApp y teléfono, con inteligencia artificial se puede hacer que cada familia en Uruguay tenga su propio plan familiar para eliminar su pobreza”, afirmó.

Burt cuestionó los modelos tradicionales de asistencia que muchas veces dejan a las familias en un rol pasivo. “El Estado, con buenas intenciones, muchas veces creyó que sabía todo y no consultó a las familias. Hoy tenemos la posibilidad de preguntarles directamente qué necesitan y empoderarlas para que sean protagonistas de su propio proceso”, expresó.

En ese sentido, destacó la importancia de trabajar sobre la motivación, la capacitación y la confianza en las propias capacidades. Citando los aportes del psicólogo Albert Bandura sobre la auto eficacia, sostuvo que para que una persona cambie debe responder afirmativamente dos preguntas: “¿Vale la pena hacerlo?” y “¿Seré capaz de hacerlo?”.

“Además de motivación y capacitación, se necesita apoyo social y grupal. Las personas cambian cuando sienten que pueden cambiar”, indicó. “La pobreza no es solamente falta de dinero”. Durante la jornada, Burt también planteó que la pobreza tiene múltiples dimensiones y que no siempre está vinculada exclusivamente al ingreso económico.

“En algunos casos la pobreza es falta de dinero, en otros falta de servicios públicos, pero también puede estar relacionada con baja autoestima, baja motivación o problemas emocionales. La familia debe ser consciente de sus fortalezas y debilidades”, sostuvo.
Asimismo, resaltó la importancia de reconocer las capacidades existentes dentro de cada familia y evitar miradas que solo se concentren en las carencias. “Las familias no tienen vergüenza de mostrar su semáforo porque también muestran aquello en lo que no son pobres. Hay que celebrar las cosas que sí tienen”, concluyó.

El Foro Social de ACDE reunió a empresarios, dirigentes y referentes sociales para reflexionar sobre el rol de las empresas y la sociedad en la construcción de soluciones frente a los desafíos sociales actuales.

La presidenta del Foro Social ACDE 2026, Patricia Prego, dio la bienvenida inaugurando la segunda edición de una jornada de reflexión e intercambio. Con el objetivo de potenciar la colaboración de las empresas, las organizaciones de la sociedad civil y el Estado. En esta edición las temáticas principales fueron: educación, familia e infancia.

Avianca apuesta por Uruguay: más vuelos, más conectividad y un vínculo que también es humano

A partir de la última semana de octubre, Avianca pasará a volar diariamente entre Montevideo y Bogotá. La decisión fortalece la conectividad de Uruguay con Colombia y abre nuevas posibilidades hacia una extensa red de destinos en América y Europa. Pero esta noticia también me encuentra mirando a Colombia desde un lugar personal: el de los viajes, los amigos y el afecto construido durante años.

Hay aerolíneas que uno conoce por sus estadísticas, sus rutas o sus anuncios comerciales. Y hay otras que también forman parte de la propia historia como viajero.

Mi experiencia con Avianca siempre ha sido muy bien valorada. He volado desde Madrid hacia Medellín y Bogotá y, ya dentro de América, hacia ciudades como Cali y Cartagena. Diferentes rutas y momentos, pero con una constante: aviones modernos, puntualidad y un servicio que me dejó una buena impresión.

Por eso, cuando una compañía anuncia más frecuencias hacia Uruguay, la noticia puede leerse desde dos perspectivas: la experiencia del pasajero y la importancia estratégica que tiene para nuestro turismo disponer de mejores conexiones internacionales.

Montevideo-Bogotá será diaria

Avianca anunció que desde la última semana de octubre de 2026 aumentará su operación entre Montevideo y Bogotá, pasando de cuatro frecuencias semanales a un vuelo diario.

La medida también alcanza a Paraguay: la ruta Asunción-Bogotá pasará de tres frecuencias semanales a una operación diaria.

Los vuelos serán realizados con aeronaves Airbus A320 con capacidad para 180 pasajeros.

Para Uruguay, el salto de cuatro a siete vuelos semanales es significativo. No representa solamente tres frecuencias adicionales: significa disponer de una conexión todos los días, algo especialmente relevante para organizar viajes, reducir tiempos de espera y facilitar las conexiones.

Bogotá es mucho más que un destino final

Ese es probablemente el mayor valor de la decisión.

Bogotá funciona como una puerta de entrada a Colombia, pero también como punto de conexión con la red internacional de Avianca. La compañía informa que actualmente opera más de 700 vuelos diarios y 155 rutas, conectando más de 80 destinos en 25 países de América y Europa.

Para el viajero uruguayo esto amplía las posibilidades hacia Colombia, Centroamérica, el Caribe, Norteamérica y otros mercados.

Y también debemos mirar el avión en sentido contrario.

Cada nueva frecuencia significa más asientos disponibles para que viajeros internacionales puedan llegar a Montevideo. En turismo receptivo, la conectividad no es un detalle operativo: es parte del producto turístico de un país.

Un destino puede tener playas, gastronomía, cultura, naturaleza y buenos servicios, pero necesita puertas de entrada competitivas para transformar esos atributos en visitantes.

Colombia y Uruguay, un mercado con espacio para crecer

El incremento de frecuencias llega además en un momento en que Uruguay busca diversificar sus mercados turísticos y disminuir una dependencia histórica de los países vecinos.

Colombia representa una oportunidad interesante por población, crecimiento de los viajes internacionales y conectividad aérea. Pero para desarrollar ese mercado no alcanza con disponer del vuelo.

La frecuencia diaria debería ser acompañada por promoción turística, acuerdos comerciales, presencia ante operadores y agencias, acciones con medios de comunicación y estrategias digitales específicamente pensadas para el público colombiano.

La conectividad abre la puerta. Después hay que convencer al viajero de atravesarla.

David Alemán, director de ventas de Avianca para Suramérica y Colombia, señaló que el incremento responde a una demanda que los pasajeros estaban esperando y destacó la importancia de Montevideo y Asunción como mercados para fortalecer la presencia de la compañía en el Cono Sur.

También existe una Colombia que uno lleva consigo

Esta noticia llega, además, en días dolorosos para Colombia por la tragedia provocada por la naturaleza.

Por eso quiero separar por un instante las frecuencias, los Airbus, los destinos y las estadísticas.

Quiero expresar mi solidaridad con el pueblo colombiano y, especialmente, con mis muchos amigos de Cali, una ciudad a la que me unen viajes, encuentros y afectos.

Quienes viajamos sabemos que los destinos terminan siendo mucho más que puntos en un mapa. Recordamos personas, conversaciones, sabores, calles y experiencias. Y cuando un lugar que conocemos atraviesa momentos difíciles, la distancia se vuelve mucho más corta.

Estoy convencido de que sus comunidades volverán a levantarse con esa fuerza y capacidad de superación que tantas veces las ha caracterizado.

Más vuelos son una oportunidad; aprovecharlos es el desafío

El anuncio de Avianca es una buena noticia para Uruguay.

Tener un vuelo diario a Bogotá mejora la conectividad, facilita los viajes de los uruguayos y coloca a nuestro país a un enlace de decenas de destinos.

Pero también plantea una responsabilidad.

Si Uruguay pretende transformar la conectividad aérea en crecimiento turístico, cada nueva frecuencia debe convertirse en una herramienta de promoción y captación de visitantes.

Los aviones pueden acercar países en pocas horas. El turismo tiene una tarea todavía más interesante: conseguir que esas rutas acerquen también personas, culturas y oportunidades.

Brasil crece mientras cae el turismo receptivo: Uruguay sale a la región por un mercado cada vez más estratégico

Mientras el turismo receptivo uruguayo cayó 11,8% en el primer semestre de 2026, la llegada de brasileños aumentó 4,4% y su gasto alcanzó los US$ 170 millones. La Semana de Uruguay en Río de Janeiro adquiere así una dimensión que supera la promoción: busca convertir cultura, gastronomía, conectividad, inversiones y turismo en una misma estrategia de posicionamiento país.

Uruguay está saliendo a buscar turistas. Y los números indican que Brasil no es simplemente uno de los mercados posibles: es uno de los mercados donde hoy existe una oportunidad concreta de crecimiento.

Desde el 10 y hasta el 16 de agosto, la Semana de Uruguay en Río de Janeiro despliega una agenda que combina turismo, cultura, educación, negocios, gastronomía, vinos, música e inversiones. A primera vista podría interpretarse como otra acción de promoción internacional. Sin embargo, detrás de la programación existe una cuestión mucho más importante para el turismo uruguayo: cómo competir por el viajero brasileño y lograr que Uruguay gane presencia en su mapa de decisiones.

Para Noticias y Destinos, allí está la noticia.

Porque promocionar un destino ya no consiste solamente en mostrar playas, hoteles o paisajes. Los países compiten por atención, conectividad, experiencias y, fundamentalmente, por construir una imagen capaz de despertar el deseo de viajar.

Brasil va a contramano de la caída

Las cifras del primer semestre permiten comprender por qué Uruguay decidió profundizar su presencia en ese mercado.

Entre enero y junio de 2026 llegaron al país 216.862 visitantes brasileños, frente a 207.646 durante igual período de 2025. El crecimiento fue del 4,4%.

El dato adquiere otra dimensión cuando se lo compara con el comportamiento general del turismo receptivo: durante esos mismos seis meses, la llegada total de visitantes a Uruguay descendió 11,8%.

Brasil, por lo tanto, creció mientras el mercado general retrocedía.

Como consecuencia, su participación dentro del turismo receptivo pasó del 10,1% al 12%.

Pero existe un segundo indicador todavía más interesante: el gasto.

Los brasileños dejaron aproximadamente US$ 170 millones durante el semestre, un 8,1% más que un año atrás. El gasto promedio por visitante pasó de US$ 758 a US$ 784, mientras que la estadía media se mantuvo en 6,1 noches.

No alcanza entonces con contar turistas. Importa cuánto permanecen, cuánto consumen, qué territorios recorren y qué actividades incorporan durante su estadía.

Esa debería ser una de las claves de la estrategia uruguaya.

Punta del Este lidera, pero Montevideo avanza

Punta del Este continúa encabezando las preferencias de los visitantes brasileños, concentrando el 28,2% y registrando además el mayor gasto promedio.

Sin embargo, aparece un movimiento que merece atención: Montevideo creció 18,7% y ya alcanza una participación del 27,2% dentro del mercado brasileño.

La cercanía entre ambos porcentajes abre una lectura interesante.

Uruguay tiene la oportunidad de dejar de vender destinos de manera aislada para comenzar a presentar experiencias complementarias: Montevideo, Punta del Este, bodegas, gastronomía, patrimonio, cultura, termas, naturaleza, pueblos, rutas y escapadas que permitan extender la estadía y distribuir el gasto turístico.

Ahí aparece uno de los grandes desafíos del país.

El brasileño que llega por primera vez puede hacerlo atraído por Punta del Este o Montevideo. El objetivo debería ser que descubra que Uruguay no termina allí.

Río y São Paulo: dónde está el viajero que Uruguay quiere conquistar

El aumento de visitantes procedentes de São Paulo y Río de Janeiro ayuda también a entender la elección de la ciudad carioca para esta acción.

No se trata solamente de estar presentes en Brasil. Hay que estar presentes donde están los públicos con mayor capacidad y predisposición para viajar hacia Uruguay.

El 76,7% de los brasileños llega por ocio y vacaciones, aunque comienza a adquirir mayor relevancia el segmento de reuniones, congresos y eventos.

Esto permite trabajar con más de un Uruguay.

El de las vacaciones y las playas, pero también el de los fines de semana largos, la gastronomía, el vino, los eventos, los congresos, la cultura, las compras, el patrimonio y las experiencias vinculadas con la naturaleza.

Y existe un elemento decisivo para transformar promoción en turistas: la conectividad.

Cada nueva frecuencia aérea, cada recuperación de una ruta y cada mejora en las conexiones terrestres amplían el mercado potencial. La promoción puede despertar el deseo, pero si llegar resulta caro, complejo o requiere demasiadas escalas, parte de esa intención desaparece.

Por eso promoción y conectividad deberían caminar juntas.

No vender solamente turismo: vender Uruguay

La subsecretaria de Turismo, Ana Claudia Caram, definió uno de los conceptos centrales de esta estrategia al señalar que no se trata únicamente de mostrar lo que Uruguay tiene, sino “mostrar lo que Uruguay es”.

La diferencia parece pequeña, pero desde el marketing de destinos es enorme.

Un país no construye posicionamiento internacional únicamente enumerando atractivos. Lo construye transmitiendo identidad.

La gastronomía habla de territorio. El vino cuenta historias familiares y productivas. El candombe expresa cultura. La literatura construye memoria. El cine muestra maneras de mirar. La educación genera vínculos. Las inversiones transmiten confianza. Y el turismo puede transformar todos esos elementos en experiencias.

La Semana de Uruguay apuesta precisamente a esa integración.

Una semana para construir marca país

La programación comenzó con acuerdos de cooperación entre instituciones uruguayas y brasileñas, actividades educativas y encuentros culturales.

Uno de los ejes turísticos será el roadshow “Uruguai, viva melhor do que você imagina”, dirigido a presentar la diversidad de la oferta nacional.

También se desarrollarán un seminario sobre oportunidades de inversión y el evento empresarial “Dia do Uruguai no Rio de Janeiro”, buscando que la presencia uruguaya trascienda el turismo tradicional y llegue al mundo de los negocios.

La cultura ocupa un espacio particularmente importante.

El Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro recibe la exposición “Íconos del Uruguay”, mientras que el Museo do Ingá, en Niterói, presenta “El Paisaje que Somos”. A ello se suman una rueda de candombe en Largo da Prainha y tres noches del Festival Medio y Medio en el histórico Circo Voador.

También habrá cine uruguayo, gastronomía y promoción de vinos nacionales.

Son actividades diferentes, pero todas construyen algo que en turismo tiene enorme valor: recordación.

Del tannat al candombe: cada experiencia comunica

Durante años el marketing turístico se concentró en promocionar lugares. Hoy los destinos más competitivos intentan transmitir sensaciones, estilos de vida e historias.

En ese terreno Uruguay posee activos interesantes.

Un brasileño puede descubrir el país mediante una copa de tannat, una cuerda de tambores, una película, una exposición, un plato, una conversación de negocios o una imagen del paisaje.

Después aparece la posibilidad del viaje.

Por eso gastronomía y vinos no deberían considerarse complementos de una campaña turística. Son productos turísticos en sí mismos y herramientas extraordinarias de comunicación del territorio.

Lo mismo ocurre con la cultura.

El Cristo Redentor vestido de Uruguay

Uno de los momentos de mayor impacto simbólico será la iluminación del Cristo Redentor con los colores de la bandera uruguaya, dentro de las actividades vinculadas al 201.º aniversario de la Declaratoria de la Independencia.

Habrá además una ofrenda floral ante el monumento a José Artigas en la Plaza Chaim Weizmann y un encuentro del ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, con integrantes de la colectividad uruguaya residente en Río.

La iluminación del Cristo posee además un valor comunicacional evidente: coloca visualmente a Uruguay sobre uno de los íconos turísticos más reconocidos del planeta.

En tiempos dominados por las redes sociales y la comunicación audiovisual, una imagen capaz de circular puede alcanzar audiencias que difícilmente alcanzarían varias campañas convencionales.

El desafío empieza después de Río

Sin embargo, una semana de promoción, por potente que sea, no garantiza resultados por sí sola.

La verdadera medición comenzará después.

¿Crecerán las búsquedas de Uruguay en Brasil? ¿Habrá nuevas operaciones comerciales? ¿Aumentará la conectividad? ¿Los operadores incorporarán más productos uruguayos? ¿Llegarán más brasileños fuera del verano? ¿Conocerán otros departamentos además de Maldonado y Montevideo? ¿Aumentarán la estadía y el gasto?

Esas preguntas convierten una acción promocional en política turística.

Uruguay tiene además una ventaja geográfica extraordinaria: Brasil está al lado. Pero la proximidad no garantiza preferencia.

El viajero brasileño tiene dentro de su propio país algunos de los destinos turísticos más competitivos de América y, al mismo tiempo, una creciente oferta internacional.

Uruguay debe darle razones para elegirnos.

De atraer turistas a construir mercado

La Semana de Uruguay en Río llega, por tanto, en un momento oportuno.

Los datos muestran que existe demanda. El gasto crece. Montevideo gana terreno. Punta del Este conserva su fortaleza. Río de Janeiro y São Paulo aparecen como mercados relevantes y el viajero brasileño demuestra interés por Uruguay incluso en un semestre en el que el turismo receptivo nacional retrocedió.

Ahora comienza una segunda etapa.

No alcanza con atraer más brasileños. Hay que lograr que viajen durante más meses del año, permanezcan más tiempo, recorran más territorio y encuentren nuevas razones para regresar.

Ahí está la diferencia entre conseguir turistas y construir un mercado turístico.

Y quizás ese sea el mayor valor de salir a la región: comprender que Uruguay no compite solamente mostrando lo que tiene. Compite consiguiendo que otros quieran vivirlo.

Porque un destino puede promocionarse con imágenes.

Pero se posiciona cuando consigue ocupar un lugar en la mente —y en el deseo— del viajero.

Brasil vuelve al centro de la estrategia turística: promoción, conectividad y Canelones preparan un nuevo escenario

Uruguay intensifica su presencia comercial en Brasil, Azul recuperará la ruta Porto Alegre–Montevideo y Canelones se prepara para recibir en septiembre a periodistas y comunicadores brasileños. Tres movimientos diferentes que apuntan hacia un mismo objetivo: transformar la cercanía con Brasil en más visitantes, mayor conectividad y nuevas oportunidades para los destinos uruguayos.

Hay momentos en los que distintas acciones comienzan a encajar dentro de una misma estrategia. Lo que está ocurriendo entre Uruguay y Brasil parece ir en esa dirección.

Por un lado, Uruguay salió a buscar al turista brasileño directamente en sus principales mercados emisores mediante el roadshow “Uruguay más de lo que imaginás”. Por otro, la conectividad aérea recupera una ruta particularmente importante: desde el 14 de diciembre de 2026 Azul volverá a unir Porto Alegre con Montevideo.

Y existe un tercer movimiento que desde Canelones apunta a otra herramienta fundamental para posicionar un destino: lograr que quienes comunican turismo conozcan el territorio, vivan sus experiencias y después puedan contarlas.

El 15 de septiembre periodistas y comunicadores brasileños llegarán a Atlántida, en el marco de una iniciativa que busca mostrar Canelones directamente a profesionales capaces de multiplicar posteriormente ese conocimiento en diferentes mercados de Brasil.

No son acciones aisladas. Promoción, conectividad y comunicación comienzan a encontrarse.

Uruguay fue a Brasil a buscar mercado

La Cámara Uruguaya de Turismo (CAMTUR), junto al Ministerio de Turismo, puso en marcha durante agosto una nueva etapa del roadshow “Uruguay más de lo que imaginás”, con presentaciones en Porto Alegre, São Paulo, Belo Horizonte y Río de Janeiro.

El objetivo trasciende la promoción institucional. Se trata de acercar destinos, empresas y productos uruguayos a operadores, agentes de viajes y profesionales capaces de convertir el interés por Uruguay en ventas.

Porto Alegre tiene una importancia especial.

Rio Grande do Sul mantiene una relación histórica, cultural y comercial con Uruguay. La proximidad permite pensar el viaje de una manera diferente a la de mercados de larga distancia: escapadas, fines de semana, gastronomía, bodegas, compras, naturaleza, eventos y vacaciones pueden convivir dentro de una oferta que no necesariamente depende exclusivamente del verano.

Durante el encuentro se presentaron propuestas de turismo patrimonial, enogastronómico, rural, termal, de naturaleza, lujo y compras, además de acontecimientos deportivos y la infraestructura disponible para turismo corporativo y el segmento MICE.

La presencia de representantes de Montevideo, Maldonado, Canelones y Colonia, junto con bodegas, hoteles, operadores y empresas turísticas, permitió mostrar algo fundamental: Uruguay puede venderse en Brasil como una suma de experiencias y no solamente como dos o tres destinos tradicionales.

Las cifras ayudan a comprender por qué existe este interés.

Según datos difundidos por el Ministerio de Turismo, más de 504.000 brasileños visitaron Uruguay durante 2025, generando aproximadamente US$ 336 millones.

Brasil, por lo tanto, no representa solamente cercanía. Representa mercado.

Azul recupera un puente que Uruguay necesitaba

A esa estrategia promocional se suma ahora una noticia especialmente significativa para el sur brasileño.

A partir del 14 de diciembre de 2026, Azul retomará sus operaciones regulares entre Porto Alegre y Montevideo, suspendidas después de las graves inundaciones de 2024 que afectaron al aeropuerto de la capital de Rio Grande do Sul.

Los pasajes estarán disponibles para la venta desde el 13 de agosto.

La compañía operará los lunes y viernes con aeronaves Embraer 195-E2, con capacidad para 136 pasajeros.

El vuelo partirá de Porto Alegre a las 11:00 y llegará al Aeropuerto Internacional de Carrasco a las 12:35. En sentido contrario despegará de Montevideo a las 14:00, con llegada prevista a Porto Alegre a las 15:35.

Pero el verdadero valor de una conexión aérea no se mide solamente por los pasajeros que viven en las dos ciudades que aparecen en el tablero del aeropuerto.

Porto Alegre funciona también como punto de conexión para viajeros procedentes de otros destinos atendidos por Azul. Su regreso amplía, por lo tanto, las posibilidades de alimentar el mercado uruguayo desde diferentes regiones brasileñas.

Con esta recuperación, Porto Alegre vuelve a incorporarse a las ciudades brasileñas conectadas directamente por Azul con Montevideo, junto a Campinas, Belo Horizonte y Recife, además de las operaciones vinculadas con Punta del Este.

Paralelamente, autoridades uruguayas y Aeropuertos Uruguay continúan trabajando sobre la posibilidad de extender la conectividad de Azul —o de su filial Azul Conecta— hacia Rivera, una alternativa que tendría particular significado para la integración turística de frontera.

El 15 de septiembre Brasil también llegará a Canelones

Mientras Uruguay presenta su oferta en territorio brasileño y las compañías aéreas reconstruyen conexiones, Canelones trabaja sobre otro eslabón de la cadena: la comunicación del destino.

El próximo 15 de septiembre, periodistas y comunicadores procedentes de Brasil comenzarán a llegar a Atlántida para participar de una agenda que permitirá conocer diferentes atractivos, experiencias y protagonistas del departamento.

La iniciativa adquiere una dimensión estratégica.

Una campaña publicitaria dice lo que un destino quiere contar de sí mismo. Un periodista que recorre, prueba, conversa, fotografía y descubre el territorio puede construir otra clase de relato: el que nace de la experiencia.

Precisamente allí aparece una oportunidad para Canelones.

Durante años, buena parte de la promoción internacional de Uruguay estuvo concentrada naturalmente en marcas ampliamente instaladas como Montevideo, Punta del Este o Colonia. Canelones tiene ahora el desafío de construir una identidad turística propia ante el mercado brasileño.

Y tiene argumentos para hacerlo.

Costa, vino, gastronomía, patrimonio, ruralidad, cultura, pequeñas localidades, producción, naturaleza y cercanía con el principal aeropuerto internacional del país forman una combinación con posibilidades de transformarse en productos concretos.

La llegada de comunicadores brasileños permitirá mostrar esa diversidad desde el territorio y generar contenidos capaces de continuar circulando después de terminada la visita.

De promocionar Uruguay a generar motivos para viajar

Aquí aparece probablemente el punto más importante.

La conectividad por sí sola no crea turismo. La promoción por sí sola tampoco. Y recibir periodistas sin contar con experiencias capaces de sorprenderlos tampoco garantiza resultados.

La oportunidad surge cuando las tres cosas funcionan juntas.

Uruguay está promocionándose en Brasil.

El sector turístico está generando contactos comerciales.

Azul recupera Porto Alegre–Montevideo.

Y Canelones se prepara para recibir a profesionales brasileños de la comunicación turística.

El desafío siguiente será convertir todo ese movimiento en viajeros.

Para eso habrá que construir productos comercializables, facilitar reservas, desarrollar experiencias, mantener presencia digital, trabajar con operadores brasileños y entender mejor qué busca cada segmento del visitante.

Porque atraer turistas no comienza cuando el avión aterriza en Carrasco. Comienza mucho antes, cuando alguien descubre una historia, encuentra una experiencia que desea vivir y decide que Uruguay merece su próximo viaje.

Brasil: una oportunidad que exige continuidad

La recuperación de Porto Alegre tiene además un componente simbólico. Restablece uno de los vínculos naturales entre Uruguay y el sur brasileño después de las dificultades provocadas por las inundaciones de 2024.

Pero sería un error mirar solamente esa ruta.

São Paulo, Belo Horizonte, Río de Janeiro, Campinas, Recife y otras ciudades representan mercados con perfiles y posibilidades diferentes. La estrategia debe combinar promoción, conectividad, comercialización y presencia sostenida.

El roadshow coloca la oferta uruguaya delante del trade.

Las nuevas conexiones facilitan la llegada.

La presencia de periodistas y comunicadores amplifica el conocimiento de los destinos.

Septiembre encontrará a Brasil descubriendo Canelones. Diciembre volverá a conectar Porto Alegre con Montevideo. Entre ambas fechas existe una oportunidad concreta: conseguir que cada nueva conexión aérea encuentre del otro lado razones suficientes para viajar.

Ese es, finalmente, el verdadero objetivo: que Brasil no solamente conozca más Uruguay, sino que quiera venir, recorrerlo, quedarse y regresar.


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