La escena prometía una postal perfecta del verano en José Ignacio: mesas exclusivas, champagne frío, música electrónica internacional y un público dispuesto a pagar cifras de alto vuelo por una noche irrepetible. Sin embargo, la madrugada de Año Nuevo dejó una lección incómoda para la industria de los eventos premium: el lujo no se mide solo en precios, sino en previsión, experiencia y respuesta ante lo inesperado.
La protagonista involuntaria fue Marta Fort, hija del recordado Ricardo Fort, quien denunció públicamente una situación que rápidamente cruzó fronteras y se viralizó en redes y medios de Uruguay y Argentina.
Una noche que duró media hora
Fort había pagado 20 mil dólares por una mesa para 18 personas en una fiesta de Año Nuevo realizada en el Medellín Polo Club, en José Ignacio, a pocos kilómetros de Punta del Este. El evento, organizado por la firma Reveillon, tenía como figura central al DJ brasileño Mochakk, uno de los nombres más convocantes del circuito electrónico actual.
La lluvia —pronosticada con antelación según reportes meteorológicos— obligó a suspender la fiesta tras apenas media hora de música. El problema no fue solo la interrupción, sino la falta de una experiencia de contingencia: no hubo reembolso inmediato, no se permitió retirar bebidas ya pagadas y la evacuación del predio se dio en un clima de tensión, según relataron varios asistentes.
El reclamo que expuso una grieta
En programas de streaming como All Access y DGO Stream, Fort expresó su enojo con crudeza, sintetizando una sensación que muchos compartieron: pagar un high ticket genera una expectativa mínima de profesionalismo. Cuando esa expectativa no se cumple, el escándalo es casi inevitable.
Más allá del tono, el fondo del reclamo interpela a toda la industria del lujo estival. En destinos como José Ignacio, donde el clima puede cambiar en minutos, la experiencia no termina en la música o el DJ: comienza en la planificación, continúa en los protocolos y se define en la capacidad de respuesta.

Lujo, clima y responsabilidad
No es la primera vez que eventos de alto perfil enfrentan cancelaciones por lluvia o habilitaciones en la zona. Ya ocurrió en otras temporadas con figuras internacionales, y siempre deja la misma pregunta flotando en el aire salino del Atlántico:
¿qué valor real se ofrece cuando se cobra una entrada de cuatro cifras?
El high ticket no compra solo acceso; compra seguridad, previsión y respeto por el cliente. Si el pronóstico ya anticipaba lluvias, la experiencia debía contemplarlo. En el lujo, improvisar sale caro, no solo en dólares, sino en reputación.
Ficha rápida del evento
| Aspecto | Detalles |
|---|---|
| Lugar | Medellín Polo Club, José Ignacio |
| Artista | DJ Mochakk (Brasil) |
| Costos | Entrada general: USD 1.000 / Mesas VIP: hasta USD 40.000 |
| Mesa denunciada | USD 20.000 (18 personas) |
| Motivo de suspensión | Lluvia |
| Duración efectiva | Aproximadamente 30 minutos |
| Reclamos | Sin reembolso, retiro de bebidas impedido |
Verano 2026 deja una señal clara: el glamour atrae, pero la experiencia sostiene. Y cuando eso falla, ni el apellido, ni el precio, ni el champagne logran tapar el ruido del desencanto.
