El verano ya comenzó
Y lo hizo con una de esas noches que quedan suspendidas en la memoria. El 4 de enero, los jardines del Jean Clevers Parque Hotel se transformaron en escenario de una celebración que combinó estética, relato, gastronomía y vínculos reales. Estuve allí, conversé, observé y me dejé llevar por una atmósfera que no se improvisa: se diseña.
Desde el primer paso, todo transmitía cuidado. La iluminación cálida sobre el verde, los livings blancos, las barras encendidas y ese murmullo elegante que solo aparece cuando la convocatoria está bien curada. Nada resultaba forzado. Cada gesto parecía responder a una misma idea: celebrar el vino como cultura y el encuentro como experiencia.
La noche llevó el sello de Juan Herrera Producciones, con una organización precisa, fluida, casi invisible, de esas que permiten que el invitado solo se ocupe de disfrutar. Conversando con Juan, quedó claro que no se trató de un hecho aislado: ya hay más de 25 celebraciones proyectadas para 2026, con equipos y clientes que vuelven porque saben que las expectativas se cumplen.
Una fiesta “de marca”
La celebración de H. Stagnari en Punta del Este ya se consolidó como una de las citas sociales del verano. Tiene identidad propia. Se habla de “La República Independiente de La Puebla” no como slogan, sino como relato compartido. Se entra a un universo donde el vino cuenta historia y la marca se vive, no se declama.
La presencia de Virginia Moreira, directora y rostro visible del proyecto, aporta cercanía y coherencia. Se la ve, se la escucha, se la reconoce. Sus palabras breves, los agradecimientos y el brindis colectivo marcaron ese tono institucional que no enfría, sino que ordena y da sentido.
Llegar, mirar, quedarse
El dress code acompañó sin rigidez: lino, tonos claros, brillos sutiles. Las fotos en el ingreso, casi un ritual, convivieron con conversaciones que fluían solas. Lo noté enseguida: era un lugar que invitaba a crear vínculos, a dar entrevistas, a quedarse un rato más. Charlamos con muchos asistentes y todos coincidían en lo mismo: la sensación de estar “donde hay que estar”.
Entre copas ya servidas de espumosos y blancos jóvenes, la música acompañó el atardecer. Luego subió de pulso, sin romper nunca la armonía. El violinista sorprendió con un set que detuvo miradas, y más tarde la cantante —finalista de La Voz, del team Rada— aportó un momento íntimo y potente, que se amplificó luego en redes, donde su propio Instagram terminó de contar la historia desde otro ángulo.
Fuego, campo y vino
Uno de los corazones de la noche estuvo al costado del parque. Allí, el fuego dibujaba sombras mientras los corderos de Ale Akland se doraban lentamente. Fue más que cocina: un ritual. Paciencia, técnica y show en vivo. La carne salía en oleadas, en porciones pensadas para comer de pie, sin cortar el ritmo social. El perfume del asador se mezclaba con tintos y espumosos, reforzando ese relato de territorio: campo, fuego y vino uruguayo llevados a un entorno chic de Punta del Este.
Cada bandeja que circulaba subía el murmullo. Se hablaba más fuerte, se reía más. El fuego marcaba también el pulso de la noche.
Voces, nombres y escenas
Hubo charlas que valieron por sí solas. Nos emocionamos escuchando a Carlos Páez Vilaró, compartiendo fragmentos de La segunda cordillera y su testimonio de vida, sin estridencias, con verdad. En otros rincones, entrevistas en vivo con Puglia, Kesman y Leo Sarro; la presencia siempre magnética de Carlos Perciavalle; y hasta una conversación geopolítica inesperada con Tomás Friedman. Jet set uruguayo completo, sí, pero sobre todo personas conversando, sin poses. Hasta la diseñadora Susana Bernik nos recordo sus desfiles. La fundadora de Bethel Spa Lourdes Rapalín, lider en el sector del bienestar, quien dirige la empresa junto a su esposo, Álvaro Padín dando detalles de todo lo que se viene para el 2026. Y los homenaje a Juan Carlos Lopez por sus programas de Americando. Conversamos con Valeria Ripoll y Paola Riani, En fin una noche para el recuerdo.
Un cierre que no se apura
Hacia la madrugada, el DJ bajó revoluciones. Las luces se volvieron más cálidas. Quedó ese núcleo que siempre queda: las últimas copas, los contactos anotados, las fotos finales. La fiesta no terminó ahí. Continuó al día siguiente en redes y medios, en clips, galerías y notas que reconstruyen —cada una a su manera— la república efímera del vino uruguayo que H. Stagnari instala cada verano en Punta del Este.
Me fui con una certeza: hay eventos que se recuerdan por lo que muestran y otros por lo que hacen sentir. Esta noche logró ambas cosas.
