El Salón Internacional del Vino abrió su XXIII edición con esa mezcla tan particular de expectativa y celebración tranquila. Desde el ingreso, la escena se ordenó sola: copas brillando bajo la luz cálida, mesas ocupadas por botellas que viajaron desde distintos puntos del país y del mundo, y un público diverso que no llegó a correr, sino a quedarse. Con una convocatoria de más de 2500 personas cada año, se ha consolidado como uno de los eventos vitivinícolas más esperados de la región.

Más de 140 bodegas y unas 600 etiquetas marcaron el pulso de la noche. Caminé sin apuro. Un paso, una copa, una historia. Enólogos y sommeliers oficiaron de guías, no desde el discurso técnico, sino desde la cercanía: por qué ese vino, de dónde viene, en qué momento del año conviene volver a abrirlo. El salón general, con su propuesta gastronómica pensada para acompañar —pastas, pescados, carnes, opciones vegetarianas— sostuvo el clima de feria elegante y accesible, donde el intercambio vale tanto como la degustación.

El sector VIP, ya agotado, funcionó como un mundo aparte. No por distancia, sino por detalle. Caviar, jamón ibérico, risotto Venere, productos que invitan a bajar la voz y afinar los sentidos. Aun así, la frontera fue simbólica: el vino, como siempre, tendió puentes.

No tomé notas de inmediato. Preferí mirar. Ver cómo la gente se movía, cómo elegía una copa y cómo, después del primer sorbo, algo cambiaba en el gesto. Hay experiencias que se comprenden mejor así, sin la urgencia de describirlas mientras suceden.

La escena se repitió varias veces a lo largo de la noche, siempre con pequeñas variaciones. Alguien se acercaba a una mesa, escuchaba con atención, tomaba la copa, giraba el vino con un gesto aprendido —o intuitivo— y probaba. Luego venía la pausa. Ese instante breve en el que el cuerpo decide si lo que acaba de pasar merece quedarse un poco más.

En Enjoy Punta del Este, la noche se ordenó alrededor de la degustación. No como acto técnico ni como desfile de etiquetas, sino como una forma de estar. Las copas rara vez se llenaron del todo. Se servía poco, lo justo. Quien sirve así espera algo del otro lado: atención.

Observé copas que buscaban la luz, miradas concentradas en el color, silencios que decían más que una explicación larga. Algunos cerraban los ojos apenas un segundo antes de probar. Otros iban directo al gusto, sin rodeos. Había quienes escuchaban con detalle al enólogo y quienes preferían callar y decidir solos. Ninguna forma parecía incorrecta. El vino admitía todas.

El recorrido fue amplio, casi inabarcable. Más de un centenar de bodegas, cientos de etiquetas, historias distintas detrás de cada botella. Imposible probar todo, y quizás ahí estuvo uno de los mayores aciertos del Salón Internacional del Vino: no invitó a acumular sabores, sino a elegir. Cada stand funcionó como un pequeño territorio, con su propio relato, donde la información estuvo disponible pero nunca impuesta.

La gastronomía apareció como un acompañamiento consciente, nunca como un desvío. Pastas, pescados, carnes y opciones vegetarianas ofrecieron un soporte equilibrado para la degustación, pensadas para sostener el paladar y no para distraerlo. Comer no interrumpió el recorrido: lo acompañó. Cada plato dialogó con la copa sin levantar la voz, recordando que el maridaje también es una forma de conversación.

Las charlas no giraron en torno a precios ni rankings. Se habló de cosechas, de lugares, de recuerdos asociados a un sabor. “Este lo tomé una vez en…”, “este me sorprendió”, “a este hay que volver más tarde”. La degustación no terminó en la copa; continuó en la palabra y, a veces, en el silencio compartido.

Como comunicador, me interesó especialmente el comportamiento del público. No hubo apuro ni ruido excesivo. Se caminó despacio, se volvió sobre una etiqueta ya probada, se compararon sensaciones. La experiencia se vivió como práctica cultural más que como espectáculo.

Entre las mesas, hubo un punto que concentró miradas y conversaciones con otro peso simbólico: el stand del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI). No funcionó solo como espacio informativo, sino como lugar de encuentro. Por allí pasó el presidente de Cámara Uruguaya de Turismo (CAMTUR), Fernando Tapia, acompañado por la subsecretaria de Turismo, Ana Claudia Caram, en una visita breve pero significativa, marcada más por el intercambio directo que por los gestos formales. En la foto, Rosita Moreno, síntesis de ese cruce entre producción, turismo y personas que entienden al vino como parte viva del territorio.

Al final de la noche, me llevé una copa. No como souvenir, sino como memoria tangible. Hoy ya ocupa su lugar en mi vitrina. Cada vez que la vea, sabré que no guarda solo vidrio y diseño, sino un momento preciso: el de una noche en la que el vino logró detener el tiempo y dejar una marca silenciosa.

Lo demás —fechas, cifras, entradas— llegará después. Esto no. Esto sucede una sola vez: el instante exacto en el que una copa logra que alguien se detenga y mire distinto.

 
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La Semana del Mar 2026: cuando el océano marca el pulso cultural de Punta del Este

Cada verano, Punta del Este vuelve a mirar hacia el mar no solo como paisaje, sino como origen de preguntas, memorias y relatos compartidos. Entre el 2 y el 8 de febrero de 2026, la Semana del Mar celebra su 24ª edición y confirma un lugar singular dentro del calendario cultural del balneario: una propuesta que invita a detenerse, observar y reflexionar sobre el vínculo profundo entre la sociedad y el océano.

La Semana del Mar no busca el espectáculo inmediato. Propone otra velocidad. Una cadencia donde el arte, la ciencia y la palabra se entrelazan para recordar que el mar también piensa, enseña y transforma.

Un proyecto nacido del compromiso cultural

La iniciativa nació en 2001, impulsada por la profesora María Luisa Cordone junto a la comunicadora Adriana Expósito, con una idea clara: construir un espacio veraniego que combinara creación artística, divulgación científica y conciencia ambiental. A lo largo de más de dos décadas, ese espíritu se sostuvo con coherencia y sensibilidad.

Tras el fallecimiento de Cordone en 2024, Adriana Expósito asumió la conducción del evento, cuidando su identidad original y reafirmando el mar como patrimonio natural y cultural. No como consigna abstracta, sino como experiencia concreta, cercana y compartida.

Edición 2026: una semana para escuchar al mar

La 24ª edición se desarrolla con entrada gratuita en dos espacios clave del balneario: el Salón Benito Stern del Municipio de Punta del Este y la Caja de Arte de Punta Shopping. La programación articula muestras visuales, música, presentaciones de libros y charlas que cruzan arte, biodiversidad y relatos de navegación.

Lunes 2 de febrero
La apertura oficial tiene lugar a las 19:00, con la presencia de autoridades y participantes. La música del pianista Guillermo Querejazu acompaña la inauguración de una muestra fotográfica realizada por alumnos del Centro Cultural Kavlin, una mirada joven sobre el mar como territorio de aprendizaje.

Martes 3 de febrero
A las 18:30 se realiza el vernissage de la Muestra del Mar 2026 en la Caja de Arte, con obras de Karina Carrara, Agó Páez Vilaró, Pascual Freda, Guillermo Querejazu, Verónica Beznozko y Theodore Grossman. La jornada integra arte visual y gastronomía, con el acompañamiento de proyectos locales y la curaduría culinaria del chef Pedro Young.
A las 19:00, la charla En el camino de las ballenas: la mirada desde Uruguay reúne al equipo de Ballenas Uy, con material audiovisual y un corto documental que conecta ciencia, territorio y conservación.

Miércoles 4 de febrero
La palabra escrita ocupa el centro con la presentación del libro El Capitán Miranda recorriendo los mares del mundo, de Agó Páez Vilaró y Zunilda Borsani, un recorrido por la historia naval y la memoria marítima uruguaya.

Viernes 6 de febrero
El conversatorio El mar como fuente de inspiración propone un diálogo entre artistas y creadores. Karina Carrara, Pablo Suárez y Noé Leforestier exploran cómo el océano se filtra en la obra, en la mirada y en el proceso creativo.

Sábado 7 de febrero
La Semana del Mar acompaña al Festival Internacional de Cine de Punta del Este, integrándose al ecosistema cultural del balneario sin superponer actividades.

Domingo 8 de febrero
El cierre, a las 19:00, llega de la mano de Sergio Puglia con una charla que funciona como síntesis sensible de la semana: vivir Punta del Este desde el mar, desde la experiencia personal y desde el respeto por un entorno que define al destino.

El mar como relato compartido

Lejos de la lógica del evento efímero, la Semana del Mar construye continuidad. Año tras año, convoca a públicos diversos y genera un espacio donde el conocimiento circula sin estridencias. El mar aparece como recurso natural, pero también como archivo vivo de historias, oficios y miradas.

En tiempos de consumo acelerado, esta propuesta sostiene una idea simple y poderosa: escuchar al mar también es una forma de entendernos. Y Punta del Este, durante una semana, vuelve a hacerlo desde la cultura.

 “La Liga de Fomento de Atlantida, como otrora, reuniendo arte, buen gusto, diferentes estilos y pueblo, conjugados en un mismo lugar”.

La programación de febrero en la Liga de Fomento de Atlántida acompaña ese pulso con propuestas culturales, deportivas y sociales, pero el 14 de febrero queda marcado como el punto de máxima intensidad del mes.

Música, moda, teatro y deporte en el corazón del verano

Durante febrero, la Liga de Fomento de Atlántida despliega una programación diversa que consolida al espacio como uno de los puntos de encuentro cultural y social más activos de la temporada, con propuestas que combinan espectáculos, creatividad y actividades recreativas.

7 de febrero – L-Gante | Música urbana

El mes se abre con la presentación de L-Gante, uno de los referentes más convocantes de la música urbana regional. Su show propone un cruce entre cumbia 420, trap y cultura popular, marcando el inicio de un febrero con fuerte presencia musical y gran convocatoria.

8 de febrero – Desfile de moda

La Liga de Fomento se transforma en pasarela para una noche dedicada al diseño y al modelaje profesional. Una propuesta cuidada, con identidad y estilo, que vuelve a colocar a Atlántida en el circuito de la moda estival, en un encuentro donde la estética se vive en vivo.

13 de febrero – PyP | Humor y teatro

El viernes 13 llega el turno del teatro con PyP, el espectáculo de Petru Valensky y Pablo Atkinson. Café concert, música, transformismo y humor directo se combinan en una función cercana, pensada para reírse sin apuro y compartir una noche distinta, en diálogo permanente con el público.

14 de febrero – Charlotte de Witte | Techno internacional

El Día de los Enamorados marca el punto más alto del mes con la llegada de Charlotte de Witte, una de las DJs más influyentes del techno mundial. En una jornada que comienza a las 16 horas y se extiende hasta la medianoche, Atlántida se integra al mapa internacional del género, en una experiencia que une música, atardecer y noche, con miles de asistentes esperados.

 

Todo febrero – Actividades deportivas

La programación se completa con actividades deportivas permanentes: gimnasio, tenis, pádel y fútbol, promoviendo el movimiento y la vida saludable durante todo el verano. A esto se suma la expectativa por el campus deportivo del Celta de Vigo, que refuerza el perfil formativo y recreativo del espacio, especialmente para jóvenes y familias.

Con esta agenda, febrero confirma a la Liga de Fomento de Atlántida como un espacio vivo, donde cultura, entretenimiento y deporte conviven en un mismo calendario, acompañando el crecimiento del destino y la intensidad del verano.

Además, todos los sábados a partir de las 23.59 horas, el baile de Piedra Lisa se convierte en uno de los puntos de encuentro nocturnos del verano en Atlántida. La propuesta suma ritmo y movimiento a la agenda de la Liga de Fomento de Atlántida, acompañando la noche con música, pista y un clima que convoca a público local y visitantes, reforzando el pulso nocturno del balneario durante toda la temporada.

 

Charlotte de Witte elige Atlántida: un destino que entra en el mapa del techno mundial

Acostumbrada a encabezar escenarios como Ibiza, Tomorrowland, Awakenings o el Amsterdam Dance Event, Charlotte de Witte suma un nuevo punto a su mapa internacional: Atlántida, Uruguay.

El 14 de febrero, Día de los Enamorados, la artista belga llegará a Atlántida Piedra Lisa para un show que trasciende la lógica de una fecha más. Su elección del destino no es menor: Charlotte de Witte se presenta en muy pocos escenarios fuera del circuito europeo y de los grandes festivales globales, y cada aparición define territorio, escena y momento cultural.

Reconocida por su techno oscuro, directo y sin concesiones, por sets en vinilo y una estética minimal que rehúye del marketing excesivo, Charlotte se ha convertido en una de las figuras más influyentes de la música electrónica contemporánea. Fundadora del sello KNTXT, su presencia suele marcar un antes y un después en los lugares donde actúa.

En Atlántida compartirá escenario con Enrico Sangiuliano, con quien además forma pareja, reforzando el carácter simbólico de una noche que une vínculo personal, conexión artística y una fecha asociada al encuentro. Una coincidencia que suma sentido sin necesidad de artificios.

La llegada de Charlotte de Witte posiciona a Atlántida en una conversación que normalmente pertenece a destinos como Ibiza, Berlín o Ámsterdam. No se trata solo de un show: es una señal de que el balneario entra, aunque sea por una noche, en el radar del techno mundial.

La llegada de una fiesta de estas características a Uruguay es también el reflejo de un esfuerzo sostenido desde el ámbito privado, que apuesta por elevar la propuesta cultural y fortalecer el turismo a través de eventos de escala internacional. Se espera la asistencia de miles de personas, tanto del país como de la región, con impacto directo en alojamiento, gastronomía y servicios. En ese marco, la LIFA cumple con los estándares exigidos en materia de seguridad, logística y organización, garantizando una experiencia cuidada, profesional y alineada con las prácticas habituales de los grandes destinos donde este tipo de eventos se desarrollan con normalidad.

La llegada de una fiesta de estas características a Uruguay es también el reflejo de un esfuerzo sostenido desde el ámbito privado, que apuesta por elevar la propuesta cultural y fortalecer el turismo a través de eventos de escala internacional. Se espera la asistencia de miles de personas, tanto del país como de la región, con impacto directo en alojamiento, gastronomía y servicios. En ese marco, la LIFA cumple con los estándares exigidos en materia de seguridad, logística y organización, garantizando una experiencia cuidada, profesional y alineada con las prácticas habituales de los grandes destinos donde este tipo de eventos se desarrollan con normalidad.

Noticias y Destinos estará presente cubriendo el evento para sus lectores y seguidores.

VERANO HYPNOSE. 
14.02.26// @charlottedewittemusic @enricosangiuliano
TICKETS 

mientrada.com.uy/Hypnose

 
 

Canelones Suena Bien: cultura abierta, derrame económico y posicionamiento territorial

Canelones Suena Bien se consolida como uno de los ejemplos más claros de inversión cultural con retorno turístico y económico en Uruguay. La primera jornada en Atlántida dejó una postal contundente: más de 60.000 personas reunidas frente al mar para disfrutar de un espectáculo de primer nivel, gratuito y bien producido, en un escenario natural que ya forma parte del relato del festival. La convocatoria, sostenida hasta altas horas de la madrugada, confirmó que el evento trascendió la condición de espectáculo para convertirse en una marca reconocible, esperada por el público y asociada a calidad.

El derrame económico resultó visible y directo. Puestos gastronómicos con alta rotación, kioscos colmados y comercios del entorno trabajando a plena capacidad hasta pasada la una de la mañana reflejaron un movimiento real en la ciudad. Escenas cotidianas —como locales gastronómicos de la zona de Circunvalación llenos “de bote a bote”— evidenciaron cómo incluso una parte del público que consuma alcanza para activar ingresos distribuidos. En un contexto de 60.000 asistentes, basta con que unos pocos miles gasten para generar impacto en múltiples rubros.

Un dato clave fue el comportamiento de la hotelería, que trabajó al 100 % de ocupación, confirmando que el festival no solo convoca público local, sino que genera pernoctes y estadías vinculadas al evento. En ese marco, la implementación del voucher gastronómico de $500 se transformó en una herramienta concreta de circulación económica. El beneficio fue ampliamente utilizado y orientó el consumo hacia restaurantes, bares y paradores, fortaleciendo al sector gastronómico en jornadas de alta afluencia. Más que un incentivo aislado, el voucher funcionó como un mecanismo de articulación entre cultura, turismo y comercio local.

Desde el punto de vista cultural, el festival ofreció un espectáculo de alto nivel, comparable al de las grandes fiestas urbanas internacionales. Artistas con alcance regional e internacional, sonido cuidado y una producción sólida reforzaron la percepción de calidad. Esta combinación posicionó a Atlántida en la agenda mediática y en la conversación pública, con presencia en noticieros y redes sociales durante varios días. La ciudad “entró en el mapa” no por una campaña tradicional, sino por una experiencia vivida y narrada por el propio público.

La organización del evento también permitió ordenar flujos urbanos, concentrando la convocatoria fuera del centro tradicional y reduciendo tensiones, sin afectar el movimiento económico. El operativo de limpieza posterior, iniciado desde la madrugada y continuado durante la mañana siguiente por equipos de Gestión Ambiental, cerró el ciclo con una señal clara: evento masivo, sí, pero ciudad cuidada y preparada para recibir.

Desde la Asociación Turística de Canelones, su presidente Carlos Tabó destacó el valor estratégico de iniciativas como Canelones Suena Bien para el desarrollo turístico del departamento y subrayó que la implementación del voucher gastronómico fue una señal concreta de compromiso con el sector. “Estos eventos demuestran que la cultura, cuando se planifica con visión territorial, genera resultados concretos: ocupación hotelera plena, movimiento en la gastronomía, trabajo para emprendedores y visibilidad sostenida del destino”, señaló. Tabó remarcó además que “los espectáculos abiertos y de calidad fortalecen la experiencia del visitante y mejoran la percepción del lugar”, y sostuvo que el desafío está en seguir articulando cultura, turismo y producción local, involucrando desde el inicio a comerciantes y emprendedores e integrando propuestas complementarias como ferias y circuitos gastronómicos, para que el impacto positivo alcance a toda la cadena.

Canelones Suena Bien confirma así que los espectáculos abiertos y de calidad no son un gasto, sino una inversión cultural que posiciona territorio, activa consumo, genera trabajo y construye expectativa de continuidad. Que el público ya pregunte quién vendrá el próximo año es, quizá, el indicador más claro de que el festival dejó de ser un evento puntual para convertirse en parte del calendario identitario del departamento.


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