Un estreno que convierte a Colonia en escena
Conocer un teatro nuevo siempre tiene algo de rito iniciático. Hacerlo en Colonia del Sacramento, ciudad acostumbrada a dialogar con su pasado, transforma la experiencia en un acontecimiento cultural que se vive con atención y cierta expectativa contenida. La Temporada Teatral 2026 en el Centro Cultural Bastión del Carmen comenzó así: sin apuros, dejando que cada capa de la noche se revelara a su tiempo.
Antes de que el telón imaginario se levantara, el recorrido propuso una pausa inesperada. En una de las salas, una muestra pictórica de Estefanía Franco Girao, oriunda de Colonia, ofrecía una primera lectura sensible del talento local. Sus obras, de trazo personal y atmósfera introspectiva, funcionaron como antesala perfecta: una invitación a mirar con detenimiento, a afinar la percepción antes del teatro.
Luego llegó la obra. Y la sorpresa fue inmediata.
La puesta en escena de El abanico de Lady Windermere, del dramaturgo Oscar Wilde, se desplegó con una ambición poco frecuente en producciones del interior. Más de veinticinco actores y actrices sobre el escenario, cuatro actos cuidadosamente diferenciados por un vestuario preciso y una escenografía que sostuvo el ritmo sin imponerse. Todo estaba donde debía estar.
La obra —primera gran pieza de éxito de Wilde— conserva intacta su agudeza. Bajo la apariencia de una comedia elegante, se desliza una sátira mordaz sobre la clase alta victoriana, sus dobles discursos y su particular relación con la moral. La trama, agradablemente improbable, gira en torno a una esposa que sospecha una infidelidad, solo para descubrir que la temida “otra mujer” desarma por completo los prejuicios establecidos. Los diálogos, brillantes e ingeniosos, mantienen una vigencia que incomoda y divierte a partes iguales.
La magnitud del proyecto se explica, en parte, por la confluencia de tres elencos colonienses: la Comedia Departamental de Colonia, el Elenco Independiente del Patrimonio y el Grupo Teatral Del Burdell. Esa suma de trayectorias dio como resultado una energía coral, donde cada interpretación encontró su espacio sin perder cohesión.
El elenco —amplio y comprometido— sostuvo la obra con solvencia: Ana Cecilia García, Nancy Ávila, Nelis Carro, Alberto Questa, Amalia García, Andrea Zabala, Pablo Perdomo, Gustavo Dufour, David Brünner, Máximo Giménez, Nicolás Rojas, Lorena Rochón, Norma Morgan, Cristina Guimaraens, Araceli Vignoly, Edith Magrini, Nicolás Duarte, Carlitos Purstcher, Natalia Ramírez, Ana Cristina Grosso, Beatriz Zilavi, Gloria Alves, Soraya Saavedra, Susana Stevens, Micaela Ferrari, Eliana Caballero, Carmen Leguizamo, Juan Hernández y Sebastián Blanco. La asistencia de dirección estuvo a cargo de Susana Stevens, mientras que la dirección general fue asumida por Lorena Rochón y Eduardo Grosso, con una mirada clara sobre los tiempos, los silencios y las tensiones del texto.
Al salir, quedó una certeza difícil de ignorar: Colonia no solo conserva historia, también produce presente cultural. Y cuando el teatro se vive así —con cuidado, ambición y respeto por el espectador—, la ciudad entera parece ampliar su escena.
