Fiesta de San Cono 2026: fe, promesas y turismo en uno de los eventos más convocantes de Uruguay
San Cono: la fe que transforma a Florida en un destino de peregrinación y encuentro
La tradición de San Cono en Florida es una devoción popular de raíz italiana que llegó con inmigrantes de Teggiano, en el sur de Italia, y desde 1885 convoca cada 3 de junio a miles de fieles en la capilla del santo. Con el tiempo, esa fe se transformó en una fiesta religiosa y popular que mezcla promesas, agradecimientos, feria callejera y fuerte identidad local.
Origen de la tradición
San Cono nació en Teggiano, Italia, y su culto fue trasladado a Uruguay por la colectividad italiana residente en Florida. En 1882 se encargó una réplica de la imagen del santo, en 1883 comenzó la construcción de la capilla y el 3 de junio de 1885 se realizó la primera procesión, que marcó el inicio de la celebración anual. Desde entonces, la fecha quedó asociada al santo y a la idea de pedir o agradecer favores, algo que forma parte de la religiosidad popular.
Días donde la fe, las promesas, las historias familiares y las creencias populares se mezclan con el movimiento de miles de personas. En Uruguay, una de esas jornadas ocurre cada 3 de junio en la ciudad de Florida. Allí, la celebración de San Cono convierte a la capital departamental en un escenario singular donde religión, tradición, cultura y turismo caminan juntos por las mismas calles.
Un santo llegado desde Italia
San Cono nació en Teggiano, en la región italiana de Salerno, y perteneció a la Orden Benedictina. Su figura comenzó a ser venerada por la población mucho antes de su canonización oficial, que llegó en 1871 por decisión del papa Pío IX. Fueron precisamente inmigrantes italianos quienes llevaron su devoción a Uruguay durante el siglo XIX.
La historia cuenta que familias provenientes de Salerno mantuvieron viva esa tradición en Florida y promovieron la construcción de una capilla dedicada al santo. La primera procesión se realizó en 1885 y desde entonces la celebración se repite cada año sin perder vigencia.
El santo de la suerte y los sueños
La figura de San Cono está rodeada de simbolismos que explican parte de su enorme popularidad. En el imaginario popular de Uruguay y Argentina es considerado protector de los sueños y una referencia frecuente para quienes buscan números asociados a la suerte. Esa dimensión mística, que combina tradición religiosa con creencias populares, ayudó a expandir su fama mucho más allá de Florida.
Quizás allí radique parte de su fuerza cultural. Mientras algunos llegan buscando una experiencia espiritual, otros mantienen viva una tradición heredada de padres y abuelos. En ambos casos, la ciudad se transforma durante esos días en un espacio donde las historias personales encuentran un punto de encuentro colectivo.
El impacto turístico de la fe
La celebración genera un movimiento que trasciende el aspecto religioso. Florida recibe cada año una importante afluencia de visitantes que utilizan servicios gastronómicos, alojamiento, transporte y comercio local. La tradicional feria, los espectáculos, las actividades culturales y la presencia de vendedores de distintos puntos del país convierten a la festividad en uno de los principales acontecimientos del calendario departamental.
La magnitud de la convocatoria llevó incluso a que el 3 de junio fuera declarado feriado laborable departamental, una señal de la relevancia social y económica que tiene la fecha para Florida.
Un santuario que cuenta historias
La Capilla de San Cono conserva cientos de ofrendas entregadas por los devotos como agradecimiento. Fotografías, placas, objetos personales y recuerdos forman parte del Museo de Ofrendas, un espacio que permite comprender la dimensión humana detrás de cada promesa cumplida.
Más allá de las creencias, el lugar funciona como un archivo emocional de miles de personas. Cada objeto representa una historia de esperanza, agradecimiento o búsqueda de consuelo.
Florida y el turismo religioso
En los últimos años, Florida fortaleció su posicionamiento como destino de turismo religioso. A la devoción por San Cono se suma el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, conformando un circuito espiritual que atrae visitantes durante todo el año.
La Fiesta de San Cono demuestra cómo una tradición nacida con inmigrantes italianos logró integrarse al ADN cultural uruguayo. Es una celebración donde la fe mueve personas, genera actividad económica, preserva la memoria colectiva y proyecta a Florida como un destino diferente dentro del mapa turístico nacional.
Porque mientras algunos llegan buscando una respuesta, otros simplemente regresan para agradecer. Y en esa mezcla de esperanza, ritual y encuentro, San Cono continúa convocando multitudes más de cien años después.
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Columnista invitado: Gabriel Farias, comunicador y periodista especializado en aviación.
La historia de Santa Lucía, el destino que fue “la Punta del Este” de otra época
Santa Lucía: la primera ciudad turística del Uruguay que enamoró a familias y veraneantes mucho antes de Punta del Este
Mucho antes de que el este uruguayo concentrara la atención del turismo de verano, existía una ciudad que ya simbolizaba descanso, naturaleza y prestigio social. Santa Lucía construyó, desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, una identidad turística singular vinculada al paisaje, las quintas de descanso y una forma de vivir el ocio que marcó época en Uruguay.
Hoy, al celebrarse 92 años de su declaración como ciudad de interés turístico, la memoria colectiva vuelve sobre una etapa donde las familias montevideanas y numerosos argentinos encontraban en Santa Lucía un refugio elegante, tranquilo y verde, lejos del ritmo urbano y del humo de la capital.
La Ley 10.746, aprobada en 1934, reconoció oficialmente a Santa Lucía como la primera ciudad turística de Canelones y también del Uruguay. Aquella declaración no surgió por casualidad. La ciudad ya era, desde décadas anteriores, un punto de encuentro social y de descanso para sectores acomodados que buscaban aire puro, río, jardines y vida social en un entorno natural.
La época dorada de las quintas y los jardines
A comienzos del siglo XX, Santa Lucía vivió una etapa donde las quintas de verano se transformaron en símbolo de prestigio. Las familias competían por mostrar el jardín más cuidado, las especies vegetales más exóticas y las construcciones más refinadas. El paisaje urbano comenzó a mezclarse con grandes terrenos arbolados, galerías, pérgolas y espacios de descanso que daban a la ciudad un perfil muy distinto al de otros destinos de la época.
Entre esos lugares sobresale la histórica Quinta Capurro, convertida en uno de los ejemplos más representativos de aquella arquitectura vinculada al ocio, al contacto con la naturaleza y a la vida social de las familias tradicionales. Más que una residencia, estos espacios funcionaban como centros de encuentro, tertulias y temporadas completas de verano.
En aquellos años, llegar a Santa Lucía era también una demostración de posición social. Las familias pasaban semanas enteras junto al río, organizaban reuniones y disfrutaban de un estilo de vida pausado, asociado a la contemplación y al descanso.
Cuando Santa Lucía era “la Punta del Este de la época”
Durante las décadas de 1940 y 1950, la ciudad alcanzó uno de sus momentos de mayor notoriedad turística. Las playas del río Santa Lucía, los espacios verdes y las residencias de veraneo consolidaron una imagen que todavía permanece viva en el recuerdo de generaciones enteras.
Muchos comenzaron a definirla como “la Punta del Este de la época”, no por el lujo ostentoso que hoy se asocia al principal balneario del país, sino por su capacidad de atraer visitantes, construir vida social y ofrecer una experiencia de descanso diferente.
Argentinos llegaban atraídos por el clima sereno y el encanto natural, mientras que cientos de montevideanos utilizaban el ferrocarril y las rutas de acceso para escapar del ruido urbano y conectar con una vida más tranquila.
El río era protagonista absoluto. Las jornadas se organizaban alrededor del agua, las caminatas y las reuniones familiares. La naturaleza todavía dominaba el paisaje y el turismo estaba profundamente vinculado a la contemplación y al encuentro humano.
Patrimonio, memoria y turismo histórico
Con el paso de los años, Santa Lucía preservó gran parte de esa identidad histórica. Sus calles, construcciones, plazas y relatos continúan formando parte de un patrimonio que hoy vuelve a cobrar valor en tiempos donde el turismo cultural y de cercanía gana espacio.
Actualmente,la Asociación Turística de Canelones, junto a la Dirección de Turismo, trabaja en la recuperación de testimonios, circuitos patrimoniales y acciones destinadas a consolidar el reconocimiento de Santa Lucía como Ciudad Histórica del Turismo.
La ciudad busca rescatar no solo edificios o espacios físicos, sino también una manera de entender el turismo: más humana, contemplativa y conectada con la naturaleza.
Un modelo turístico adelantado a su tiempo
Mirada desde el presente, Santa Lucía aparece como una experiencia adelantada a su tiempo. Mucho antes de que existieran conceptos como turismo slow, bienestar o escapadas de cercanía, la ciudad ya ofrecía exactamente eso: descanso, naturaleza, identidad y calidad de vida.
En una época donde el turismo global vuelve a valorar los destinos auténticos, la historia de Santa Lucía recupera vigencia y recuerda que Uruguay ya contaba, hace más de un siglo, con una ciudad capaz de construir un imaginario turístico propio.
Sergipe y Aracaju: el nordeste brasileño que busca atraer turistas uruguayos
Para muchos uruguayos, Aracaju todavía es un nombre lejano dentro del mapa turístico de Brasil. Mientras destinos como Río de Janeiro, Florianópolis o Bahía concentran gran parte de la atención internacional, la capital del estado de Sergipe aparece casi como un secreto guardado del nordeste brasileño. Y justamente allí reside parte de su atractivo: playas tranquilas, cultura popular viva, gastronomía con identidad y una ciudad que conserva una relación más humana con el visitante. En tiempos donde muchos viajeros buscan experiencias menos masificadas y más auténticas, Aracaju comienza a mostrarse como una puerta diferente para descubrir las bellezas del Nordeste, entre el azul del Atlántico, los manglares, el forró y la hospitalidad de una región que vive la alegría como parte de su paisaje cotidiano.
Aracaju: la capital tranquila del nordeste brasileño que en junio se transforma en una gran fiesta popular
En el II Encuentro de Periodistas y Comunicadores de Turismo de FEBTUR, realizado en Porto Seguro, una conversación dejó abierta una próxima ruta de viaje. Luciene Almeida —“Tia Lu”—, directora de Promociones y Ferias de la Secretaría de Turismo de Aracaju, transmitió con entusiasmo la identidad de una ciudad que apuesta a crecer mostrando cultura, hospitalidad y calidad de vida. Su invitación para conocer Aracaju y difundir sus atractivos abrió una nueva expectativa de cobertura para Noticias & Destinos, especialmente de cara a junio, cuando el nordeste brasileño vive una de sus celebraciones más intensas: el San Juan.
Crónica de una ciudad que no necesita exagerar para enamorar
Aracaju despierta como una capital distinta dentro del Nordeste brasileño. No busca imponerse desde el vértigo ni desde la monumentalidad. Su seducción aparece en los detalles: las avenidas costeras amplias, las playas urbanas de aguas cálidas, los paseos junto al río Sergipe y una sensación permanente de tranquilidad que todavía sobrevive al crecimiento turístico.
Fundada en 1855 y considerada una de las capitales planificadas de Brasil, Aracaju conserva una escala humana poco habitual para una ciudad costera brasileña. El viajero rápidamente percibe que aquí el tiempo parece moverse de otra manera. Las caminatas por la Orla de Atalaia, uno de los espacios urbanos más conocidos de la ciudad, mezclan gastronomía, artesanías, música y vida cotidiana sin la presión de los grandes centros turísticos masivos.
La propia campaña turística de la ciudad resume parte de esa esencia definiendo a Aracaju como “una ciudad acogedora, segura y llena de vida”, donde conviven tranquilidad, modernidad y tradición. Esa sensación aparece una y otra vez en quienes la visitan: un destino donde el descanso todavía parece posible.
A eso se suma una gastronomía profundamente ligada al mar y a la cultura nordestina. El cangrejo aparece como uno de los símbolos culinarios de Aracaju, junto a sabores tradicionales como la tapioca, el beiju, la castaña y el maní cocido, considerado patrimonio cultural de Sergipe. También sobresale la mangaba, una fruta típica utilizada en jugos, dulces y helados que forma parte de la identidad gastronómica local.
Junio: cuando Aracaju cambia de ritmo
Pero si existe un momento especial para descubrir la ciudad, ese período parece ser junio. Allí emerge con fuerza la cultura popular nordestina a través de los festejos juninos y especialmente del tradicional Forró Caju, uno de los eventos culturales más importantes de Sergipe.
Durante semanas, la ciudad se llena de música forró, cuadrilhas, comidas típicas elaboradas a base de maíz y una atmósfera colectiva difícil de describir desde afuera. No se trata únicamente de espectáculos: es una celebración profundamente vinculada a la identidad cultural del Nordeste brasileño.
La agenda cultural de Aracaju, además, se extiende durante buena parte del año. El aniversario de la ciudad en marzo, la Semana de la Sergipanidad en octubre, el Festival del Cangrejo, el Pré-Caju y las celebraciones navideñas muestran una ciudad acostumbrada a vivir la cultura en el espacio público y a transformar sus calles en puntos de encuentro.
Las plazas, parques y espacios abiertos se convierten en escenarios donde conviven familias, turistas y artistas populares. Incluso el visitante más distante termina participando de una experiencia donde música, gastronomía y comunidad parecen mezclarse naturalmente.
Tia Lu resumió parte de ese espíritu durante el encuentro de FEBTUR al destacar que Aracaju busca posicionarse mostrando “sus atractivos naturales, culturales, gastronómicos y el potencial del turismo como herramienta de desarrollo económico y generación de oportunidades”.
Cooperación con Canelones
Durante el encuentro, la Asociación Turística de Canelones también mantuvo conversaciones con representantes de Aracaju para comenzar a construir una alianza estratégica orientada al intercambio de acciones de promoción turística entre ambos destinos. El presidente de la ATC, Carlos Tabó, destacó la importancia de fortalecer estos vínculos con Brasil y expresó que “es fundamental generar alianzas para que más brasileños conozcan Uruguay durante todo el año”. En ese sentido, subrayó especialmente el potencial del enoturismo y las bodegas canarias como una de las grandes puertas de entrada para el mercado brasileño, cada vez más interesado en experiencias vinculadas al vino, la gastronomía y los paisajes rurales.

Un recuerdo importante
Por qué Aracaju merece más de una noche
Aracaju funciona especialmente bien para quienes buscan otro tipo de experiencia dentro de Brasil. No compite con el ruido de las grandes metrópolis ni con el turismo acelerado. Propone algo diferente: descanso, autenticidad y cercanía.
Por eso conviene quedarse varios días. La ciudad permite combinar playa, gastronomía, excursiones naturales y vida cultural sin grandes desplazamientos. Además, Sergipe —el estado más pequeño de Brasil— facilita recorridos relativamente cortos entre distintos atractivos turísticos.
También aparece un elemento cada vez más valorado por muchos viajeros: la sensación de seguridad y tranquilidad urbana. En comparación con otras grandes ciudades costeras brasileñas, Aracaju suele ser mencionada por turistas nacionales e internacionales como un destino más amable para caminar y disfrutar sin apuro.
Una invitación abierta
La presencia de la Secretaría de Turismo de Aracaju en el encuentro de FEBTUR formó parte de una estrategia para fortalecer el posicionamiento de la capital sergipana ante periodistas y comunicadores de distintos países.
En ese intercambio surgió la invitación para conocer la ciudad próximamente y descubrir en primera persona aquello que Tia Lu transmitió con pasión y alegría: una capital donde el Nordeste todavía conserva una relación íntima con su cultura, su gente y sus ritmos.
Aracaju no parece una ciudad que quiera impresionar de inmediato. Primero se deja recorrer. Después, lentamente, se queda en la memoria.
El verdadero efecto wow de Porto Seguro no está solo en sus playas
Como un adolescente que vuelve de un recital y guarda la entrada en un cajón, regresé de Porto Seguro con cada una de las cintas en mi muñeca. Muchos me decían: “ya sos grande, sacátelas”. Pero no entendían que no eran simples pulseras. Eran recuerdos vivos. Fragmentos de conversaciones, abrazos, kilómetros, historias y momentos que uno sabe que no vuelven exactamente igual.
Cada cinta tuvo una emoción distinta. Una charla sobre turismo y futuro. Una caminata bajo el calor bahiano. Una entrevista improvisada. Un café mirando el mar. Un intercambio de ideas entre periodistas de distintos lugares. La sensación de descubrir que todavía existen destinos donde la experiencia humana vale más que la velocidad.
Y ahí aparece algo que en marketing turístico se conoce como el “efecto wow”. Ese instante donde un destino deja de ser un lugar para transformarse en memoria emocional. Porto Seguro no se resume en playas o paisajes. Su fuerza está en lo que provoca. En cómo logra que alguien decida conservar una cinta de acceso como si fuera un pequeño tesoro personal.
Porque el turismo real no se mide solo en estadísticas ni en cantidad de visitantes. Se mide en aquello que uno no quiere soltar al volver a casa.
Cada pulsera generada en el encuentro de FEBTUR terminó siendo más que un acceso. Fue una marca silenciosa de experiencias compartidas, de aprendizaje, de identidad y de esa extraña alegría de sentirse, por unos días, nuevamente adolescente.
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