La otra Edad Media: saberes ancestrales y cultura viva en La Esmeralda
Uruguay no atravesó la Edad Media como lo hizo Europa. No hubo castillos, feudos ni reinos amurallados. Mientras en otras latitudes se organizaban monarquías y gremios, este territorio estaba habitado por pueblos originarios con otros tiempos, otras lógicas y una relación profunda con la naturaleza. Aquí también se vivía una historia intensa, rica y compleja, que hoy comienza a ser revisitada desde nuevas miradas.
Antes de la conquista, los charrúas, guenoas-minuanes, yaros y otros grupos nómadas ocuparon amplias zonas del actual territorio uruguayo. Muchos de ellos habitaron y transitaron el este del país, incluyendo la franja costera y serrana de lo que hoy es el departamento de Rocha. No se trata de una referencia lejana: estos pueblos vivieron en los mismos paisajes que hoy recorren residentes y visitantes.
Antes de la conquista: saberes del territorio
Desarrollaron una cultura compleja basada en:
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La oralidad y la memoria colectiva, donde el conocimiento se transmitía de generación en generación.
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La caza, la pesca y la recolección, con técnicas adaptadas al entorno costero, serrano y de pradera.
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El uso simbólico del cuerpo y los objetos, desde pinturas corporales hasta armas, utensilios y adornos.
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Una espiritualidad ligada al territorio, a los ciclos naturales y a los ancestros.
Mientras Europa vivía su Edad Media entre murallas, aquí se vivía una historia distinta, sin escritura alfabética, pero con una fuerte identidad cultural. Hoy, los historiadores y antropólogos reconstruyen ese tiempo a partir de crónicas, hallazgos arqueológicos y relatos indirectos.
La Esmeralda como puente entre historia y experiencia
En ese cruce entre pasado y presente se inscribe el Mercado de la Edad Media de La Esmeralda, una propuesta cultural y turística que, lejos de limitarse a la recreación europea, propone un viaje simbólico al pasado como forma de aprendizaje, encuentro y disfrute.
Durante el fin de semana del 24 y 25 de enero, el parque público del balneario se transformó en un espacio donde la historia se volvió experiencia viva. Vecinos y turistas recorrieron un entorno natural que, siglos atrás, también fue escenario de vida, tránsito y encuentro para los pueblos originarios del este.
Clanes de recreación histórica ofrecieron demostraciones de esgrima, tiro con arco, lanzamiento de hacha y juegos inspirados en la Edad Media, acompañados por música de inspiración celta, danzas y ambientaciones itinerantes. Más allá de la estética, la propuesta invitó a reflexionar sobre los oficios, los saberes y las formas de organización social del pasado.
El mercado reunió a cerca de 30 expositores entre artesanos y productores nacionales, recuperando trabajos en madera, vidrio, alfarería, orfebrería y herboristería, y generando movimiento económico local. La presencia de turistas de Argentina y Brasil reafirmó el posicionamiento de La Esmeralda como un destino que apuesta por la cultura como eje del desarrollo turístico.
Cultura viva, identidad y turismo con sentido
El evento combinó:
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Recreación histórica con clanes como Vuelo de Cuervo, Cruachan y El Templo del Jabalí, que ofrecieron esgrima, tiro con arco, lanzamiento de hacha y juegos de fuerza.
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Artesanía y oficios tradicionales, con más de 30 expositores trabajando madera, vidrio, cerámica, orfebrería, herboristería y acuñación de monedas.
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Música y danzas de inspiración celta, intervenciones artísticas y ambientación que invitó a “viajar en el tiempo”.
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Propuestas educativas y lúdicas para todas las edades, pensadas para familias, niños, jóvenes y adultos.
La experiencia convocó a vecinos y turistas de Uruguay, Argentina y Brasil, consolidando a La Esmeralda como un destino que apuesta por la cultura como motor turístico.
Cultura viva, turismo con sentido
Más allá de la estética medieval, el valor del evento está en su capacidad de activar preguntas:
¿cómo vivían las personas antes de la modernidad?, ¿qué oficios se perdieron?, ¿qué saberes siguen vigentes?, ¿cómo se construye identidad desde el juego y la experiencia?
En un país sin Edad Media europea, propuestas como esta permiten rescatar el pasado desde la pedagogía, el arte y el turismo, generando espacios donde la historia no se lee: se camina, se escucha y se vive.
La Esmeralda demuestra que el turismo cultural no necesita grandes escenarios. A veces alcanza con un parque, una comunidad comprometida y la decisión de mirar el pasado para entender mejor el presente.
