Primero la tormenta. El cielo cargado, la espera, esa pausa obligada que parecía poner todo en suspenso. Y después, como suele pasar en Punta del Este, llegó la calma. Las luces se encendieron, la gente volvió a la calle y el desfile se hizo. Contra todo pronóstico, la noche terminó jugando a favor.
En pleno Gorlero, en Galería Atlántica, Rustico’s cueros auténticos inauguró la temporada 2026 con un evento que mezcló moda, cuero, música, arte y experiencia. Y sí, pasaron cosas.
La Colo, enviada especial
Nuestra enviada especial, La Colo, estuvo ahí desde el inicio y lo cuenta sin vueltas: “Después de la tormenta vino la calma y se desarrolló todo el desfile”. Y cuando eso ocurre, el clima cambia. Se relaja. Se disfruta distinto.
Pasarela, marcas y presencia
Hubo desfile de modas con piezas de Rustico’s, junto a Terrana y Aiyana. Modelos con presencia, cuero en distintos formatos, texturas nobles y una pasarela que se vivió muy de cerca, sin distancias ni rigideces.
Desde abajo, miradas cómplices, celulares en alto y más de un “mirá esa presencia” que se escuchó entre el público. El cuero, protagonista absoluto, confirmó que no pasa de moda cuando está bien trabajado.
Conducción, música y ritmo
La conducción estuvo a cargo de John, que sostuvo el ritmo del evento con energía y cercanía. Sin tiempos muertos, sin solemnidad.
La música quedó en manos de DJ Molly, y ahí ya no hubo excusas: nadie se quedó quieto. El evento pasó de pasarela a celebración con naturalidad.
Vino, arte y viajes
Para los paladares atentos, Leonardo de LM Vinos y Eventos sumó una degustación de vinos que acompañó la noche como corresponde. Copas que iban y venían, charlas que se alargaban un poco más de lo previsto.
El arte también tuvo su espacio. Daisy presentó sus cuadros, conversó con los invitados y explicó cómo sumarse a su club de cruceros, sumando una dimensión inesperada a una noche que ya venía completa.
Un evento que lo tuvo todo
Moda, música, arte, sorteos, premios, gente linda, risas y ese clima difícil de fabricar donde todo fluye. Y, por supuesto, La Colo en modo total: viviendo, mostrando, contando y haciendo ese “quilombo del bueno” que convierte un evento en relato.
Al final, lo que queda no es solo la pasarela ni las fotos. Queda la sensación de haber sido parte. De esos encuentros que empiezan con incertidumbre y terminan con sonrisas.
Después de la tormenta, vino la calma.
Y el desfile.
