Un hotel que vuelve a brillar frente al Atlántico
Entre La Paloma y La Pedrera, en un tramo donde el océano dibuja la identidad de Rocha, el Hotel Terrazas de Costa Azul vive una nueva etapa. Ubicado literalmente sobre la playa, ofrece una experiencia única para quienes buscan descanso, paisaje y cercanía real con el mar.
Hoy, bajo la gestión de Andrea Lemos, el establecimiento muestra una transformación visible: espacios renovados, atención más cálida y un trabajo constante que devuelve al hotel el lugar que siempre quiso tener en el corredor costero.
La magia del lugar y el valor de la renovación
Este salto cualitativo se nota en cada detalle. La remodelación reciente mejoró infraestructura, confort y estética, recuperando la personalidad del hotel. Muchos de los comentarios críticos que aún aparecen en plataformas corresponden a periodos anteriores. La administración de Lemos no solo respondió a esas necesidades: las solucionó.
Una gestión que entiende el territorio
En entrevista con Noticias y Destinos, Andrea Lemos compartió cómo comenzó este proceso:
“La magia nace en el lugar. Tenía una historia que merecía ser recuperada. El año pasado tomamos la responsabilidad de escuchar, ordenar y devolverle sentido al espacio.”
Ese trabajo incluyó reformas, puesta en valor de áreas clave y la decisión de abrir el hotel a nuevas dinámicas durante todo el año.
Un hotel en el mar: ubicación estratégica y encanto natural
El Hotel Terrazas de Costa Azul ofrece una cualidad difícil de replicar: estar en la playa, sin intermediarios. Desde las habitaciones, el sonido del oleaje marca el ritmo de la estadía, y la Rambla Costanera queda a pasos, conectando con los dos grandes balnearios de referencia de la zona.
La amplitud de las habitaciones, la comodidad general y la calidez del servicio son elementos que los huéspedes destacan al evaluar su experiencia:
“La ubicación es estupenda, mismo en la playa. Habitación amplia y cómoda, buen desayuno y una excelente atención. Muy recomendable.”
La infraestructura actual refleja una remodelación visible, un trabajo sostenido que ha permitido modernizar espacios, mejorar servicios y devolverle al hotel su capacidad de recibir visitantes con un estándar más alto.
Un proyecto que se transforma desde adentro
La llegada de Andrea Lemos marcó un punto de inflexión. Su visión mezcla gestión, sensibilidad por lo humano y una profunda conexión con el territorio. En la entrevista, Lemos resumió este proceso:
“La magia nace en el lugar. Tenía una historia que merecía ser recuperada. El año pasado tomamos la responsabilidad de ordenar, escuchar a la gente y trabajar para que el hotel volviera a encontrar su rumbo.”
El proceso incluyó reformas, mejoras de uso diario, reorganización de espacios, eventos de prueba y una apuesta por volver a posicionar al hotel como punto de encuentro para visitantes, familias y grupos.
Según Lemos:
“Cada visitante que llegó esta temporada se enamoró del lugar. Y eso nos confirma que vamos por el camino correcto.”
Críticas del pasado y realidad actual
Es importante destacar que las críticas negativas que circulan en plataformas y redes corresponden a períodos anteriores a la gestión actual. Desde la llegada de Andrea Lemos:
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Se realizaron mejoras edilicias claras, visibles para cualquier visitante.
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Se optimizó la atención al huésped.
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Se resolvieron problemas históricos que afectaban la experiencia.
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Se generó un nuevo clima de trabajo, basado en profesionalidad y cercanía.
La nueva administración dejó en evidencia que el hotel no solo mejoró: cambió de etapa.
Eventos, formación y vida activa durante todo el año
Uno de los grandes avances del hotel es su capacidad de funcionar más allá de la temporada.
En noviembre, por ejemplo, recibió casi 200 personas en un evento propio, demostrando que los espacios pueden adaptarse a nuevas dinámicas y que el público confía en la propuesta.
Lemos lo explicó así:
“Fue un desafío grande, pero la gente vino porque creía en el trabajo que hicimos. La formación y los eventos consolidaron al equipo.”
Esa visión, centrada en un trabajo colaborativo y en la construcción de comunidad, le da al hotel una nueva proyección.
La propuesta gastronómica del Hotel Terrazas de Costa Azul suma un capítulo propio con Hakuna Matata, un emprendimiento familiar que nació en Punta del Este hace cinco años y que hoy encuentra en el hotel un espacio ideal para crecer. Allí degusté una paella humeante y una lasaña de esas que se recuerdan, elaboradas con recetas cuidadas y productos de elaboración propia, incluyendo charcutería artesanal. Las meriendas se volvieron un ritual para quienes llegan a la clásica curva camino a La Pedrera: carrot cake, crumble de manzana y un flan con torta que ya reclama estatus de clásico. Una cocina cercana, de oficio y de familia, disponible todos los días del verano.
Un hotel que mira al futuro
El Hotel Terrazas de Costa Azul es hoy un proyecto de futuro, con bases ya visibles:
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Ubicación privilegiada.
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Infraestructura en crecimiento.
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Una administración comprometida.
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Un equipo en formación continua.
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Capacidad para recibir huéspedes, grupos y eventos.
La combinación de mar, paisaje y renovación lo posiciona como una de las propuestas más prometedoras en el corredor entre La Paloma y La Pedrera.
Costa Azul recupera así un espacio que vuelve a latir con fuerza. Y el hotel, renovado y vivo, acompaña ese renacer.
