El viento estaba bebiendo luna
Viernes, 19 Diciembre 2025 16:40

Una fábula psicodélica sobre la soledad, firmada por Ramiro Guzmán y musicalizada por Hugo Fattoruso

Hay canciones que no nacen: respiran. El viento estaba bebiendo luna pertenece a esa estirpe. Suena como un eco viejo que se arrastra desde el fondo del mar, pero vibra con una melancolía moderna. Es una suerte de cuento-canción donde los personajes parecen salidos de un viaje ácido suave: un viento borracho de luna, un cangrejo famoso que aprendió lo imposible —caminar hacia adelante— y un hueco emocional que late como un bajo de jazz en la madrugada.

Ramiro Guzmán Zuluaga entiende la creación como una extensión vital de sus vivencias. Poeta, pintor o músico según el impulso del momento, escribe más que nada porque siente que es “algo de su todo”, una forma de exteriorizar sus recuerdos, experiencias, sueños y emociones. Nacido el 25 de septiembre de 1972, recurre a esa paleta íntima que lo acompaña desde siempre para generar obras que brotan de lo vivido. No se considera ajeno a ningún lenguaje artístico y se permite transitar todos, sin inhibiciones, cuando siente que una idea lo convoca. En ese cruce habitan las historias que escribe, marcadas por la sensibilidad, la búsqueda de sentido y el impulso profundo de dar forma a los pensamientos que lo atraviesan.

La letra, escrita en clave poética por Ramiro Guzmán, flota entre la ternura, el absurdo y la filosofía de playa desierta. Y ahí aparece él: Hugo Fattoruso, el mago de los teclados, el alquimista que convierte cualquier historia mínima en universo. Su interpretación vuelve este relato íntimo en una pieza que podría cerrar un documental sobre los márgenes de la sensibilidad humana. 


La letra

El viento estaba bebiendo
luna. El cangrejo lo oía silvar entre
las piedras. Era un cangrejo famoso. Era
el único cangrejo que había logrado
caminar hacia delante. Había salido en
televisión muchas
veces. Había ido a fiestas acompañado
por su bellísima cangreja, pero el
cangrejo sentía soledad.

Había en su vida un gran hueco. Solo los
aullidos del viento, ese bebedor de
luna, la hacían recordar al
amor. El viento era como una cangreja
más feucha, pero que de verdad lo amaba.

A veces, solo a veces, el agua era
cariñosa. Entonces él sentía aliviado su
mundo, pero otras veces, las más, el
agua era un lugar hostil.

Un día el cangrejo salió en televisión
en un megaprograma especial en directo
para todos los planetas.
miró fijo a la cámara y sorpresivamente
dijo, "Nada hay en mí de especial más
que la suerte y la desgracia de ser yo
mismo como cada uno de ustedes." Los
televidentes se alegraron y la luna
entonces estuvo bebiendo vento.


Una fábula existencial 

A primera vista, todo parece un juego surrealista. Pero bajo ese tono de cuento costeño, late una verdad mucho más cruda: la fama no salva a nadie de sí mismo. El cangrejo que camina hacia adelante —hazaña imposible para su especie— vive rodeado de luces, cámaras, alfombras rojas y una cangreja hermosa… y aun así arrastra un vacío que ni el mar puede llenar.

La letra juega con la paradoja de que lo extraordinario no compensa la falta de amor propio. En el cierre, el cangrejo confiesa frente a todos los planetas que no tiene nada de especial. Una declaración honesta que desarma al universo entero. Y la luna, que antes bebía luz, ahora bebe viento. Un pequeño gesto poético que dice: la verdad también mueve los astros.

La música de Fattoruso acuna la historia con un aura minimalista, casi ritual. Un clima de fogón cósmico donde cada silencio dice más que un golpe de batería.


Hugo Fattoruso: el alquimista del Río de la Plata

Músico, compositor, multiinstrumentista, creador de mundos sonoros. Desde Los Shakers de los 60 —la banda uruguaya que sonó como si Liverpool quedara en Montevideo— hasta Opa, Rey Tambor, Hugo Fattoruso & Barrio Sur y su inmensa carrera solista, Hugo Fattoruso es una de las figuras más influyentes de la música rioplatense.

Fusionó candombe con jazz, rock, funk, electrónica y folclore. Tocó con Milton Nascimento, Chico Buarque, Fito Páez, Hermeto Pascoal, Jaime Roos y un mosaico interminable de artistas. Su estilo mezcla precisión rítmica, sutileza melódica y una capacidad única para convertir lo cotidiano en atmósfera.

En esta pieza, Fattoruso hace lo que mejor sabe: convertir un texto íntimo en un paisaje sonoro donde la poesía respira.


Para escucharla

? https://www.youtube.com/watch?v=CpXzsR2j-B4&list=RDCpXzsR2j-B4&start_radio=1