El alfajor también cuenta la historia de un destino.
De Mar del Plata a Minas: cuando un sabor se transforma en embajador turístico
Hay recuerdos de viaje que no entran en una fotografía.
No aparecen en las postales ni en las redes sociales. Permanecen guardados en la memoria a través de un aroma, una textura o un sabor. Para millones de viajeros, el alfajor ocupa exactamente ese lugar.
Sucede en Mar del Plata con Havanna. Ocurre en Minas, que construyó una fiesta nacional alrededor de este producto. También comienza a verse en distintas localidades uruguayas donde pequeños emprendedores transforman ingredientes locales en una experiencia que los visitantes desean llevarse a casa.
El turismo moderno ya no vende solamente paisajes. Vende historias. Y pocas historias resultan tan cercanas como la de un alfajor artesanal elaborado con productos de cada territorio.
Durante los últimos años, Noticias y Destinos recorrió distintas regiones del país siguiendo precisamente esas historias. En Piedras de Afilar, departamento de Canelones, sorprendió un alfajor de remolacha que rompía con todas las recetas tradicionales. En Rivera, los reconocidos alfajores Helmes demostraron por qué son considerados una referencia nacional. En Fray Bentos, la edición anterior de la Feria Internacional del Alfajor permitió conocer emprendimientos familiares que encontraron en este producto una forma de representar la identidad de sus ciudades.
Un producto con siglos de historia
Aunque hoy parece inseparable del Río de la Plata, el origen del alfajor se encuentra a miles de kilómetros.
La palabra proviene del árabe "al-hasú", una preparación dulce elaborada con miel, frutos secos y especias. Durante la ocupación musulmana de la península ibérica, la receta llegó a España y posteriormente viajó hacia América.
Con el paso de los siglos, Argentina y Uruguay desarrollaron una versión propia basada en tapas suaves, dulce de leche, chocolate y una enorme diversidad de rellenos y coberturas.
Lo que comenzó como una golosina terminó convirtiéndose en un símbolo cultural.
Cuando un alfajor promociona una ciudad
Pocas marcas explican mejor este fenómeno que Havanna.
Fundada en Mar del Plata en 1947, la empresa logró que generaciones enteras asociaran la ciudad balnearia con una caja de alfajores. Lo que inicialmente era un producto regional terminó transformándose en una franquicia internacional con presencia en numerosos países.
El caso demuestra que un alimento puede convertirse en una poderosa herramienta de promoción turística.
Cada visitante que regresa con una caja de alfajores lleva consigo una parte del destino.
Cada regalo funciona como una recomendación indirecta.
Cada degustación despierta la curiosidad de nuevos viajeros.
Uruguay apuesta a su identidad alfajorera
Del 5 al 7 de junio, la Feria Internacional del Alfajor celebrará su cuarta edición en el LATU, consolidándose como uno de los eventos gastronómicos más importantes del país.
Tras dos ediciones en Fray Bentos y una tercera edición récord en Montevideo, que reunió a más de 15.000 personas, la feria volverá a la capital con más de 60 stands, actividades familiares, espacios gastronómicos, masterclasses y la presencia de marcas nacionales e internacionales.
Durante el lanzamiento realizado en el Ministerio de Turismo, la ministra interina Ana Claudia Caram destacó el crecimiento sostenido del evento y su aporte a la identidad gastronómica nacional, subrayando la importancia que tiene para pequeños emprendimientos familiares que encuentran en la feria una oportunidad de desarrollo y proyección.
El organizador Sebastián Buffa anunció además que esta será la edición más internacional realizada hasta el momento, con más de 70 empresas participantes y una instancia clasificatoria para el Mundial del Alfajor que se desarrollará en Buenos Aires durante agosto.
La feria también servirá como escenario para el lanzamiento de la Fiesta de Minas Capital Nacional del Alfajor y contará por primera vez con la participación institucional de la Fiesta Nacional del Chocolate de Nueva Helvecia.
Mucho más que una golosina
Detrás de cada alfajor existe una historia productiva, cultural y turística.
Los sabores hablan del territorio. Los ingredientes reflejan tradiciones locales. Las recetas familiares transmiten identidad de generación en generación.
Por esa razón, el alfajor dejó de ser únicamente un producto gastronómico para transformarse en un elemento de promoción territorial.
Así como el vino identifica regiones enteras, los quesos representan determinadas localidades o el chocolate define ciudades europeas, el alfajor comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del mapa turístico uruguayo.
Quizás la verdadera magia esté allí.
En la capacidad de convertir un simple bocado en un recuerdo permanente de un viaje.
Y en demostrar que, muchas veces, la mejor manera de conocer un destino es descubrir a qué sabe.
