PyP: Petru y Pablo, humor del bueno de verdad
El año pasado los vi actuar por separado, en obras distintas, y ocurrió algo simple y necesario: durante un buen rato uno se olvida de todo. De las preocupaciones, del ruido cotidiano. Esa risa que no empuja ni incomoda, que aparece y se queda. Por eso, cuando supe que Petru Valenski y Pablo Atkinson se juntaban en un mismo espectáculo, no hubo dudas. Los dos juntos, no me los pierdo.
PyP: Petru y Pablo llega a Atlántida con una propuesta que combina humor, café concert, transformismo, música, canto, imitaciones y una participación del público que hace que cada función sea distinta. Hay cambios de vestuario, personajes que entran y salen, parodias, escenas reconocibles de la vida cotidiana y también un momento para la emoción, sin subrayados. Todo con ritmo, oficio y ese pulso rioplatense que ambos manejan con naturalidad.
Petru Valenski construyó una trayectoria sólida y profundamente popular desde el humor cotidiano y el transformismo. Sus personajes dialogan con la realidad, exageran lo reconocible y generan una risa cercana, cómplice. El timing, la improvisación y la lectura del público forman parte de su sello. Petru sabe llevar la escena y conducir al espectador con una naturalidad que solo dan los años de tablas.
Pablo Atkinson, actor, director y performer, suma una mirada integral al espectáculo. Combina interpretación, música y humor con una estética cuidada y una puesta dinámica. Además de estar en escena, dirige el show, lo que se traduce en transiciones ágiles, ritmo sostenido y un relato que no se dispersa. Su versatilidad permite pasar del humor descontracturado a momentos de sensibilidad sin perder coherencia.
El encuentro sucede en la Liga de Fomento de Atlántida, un espacio que vuelve a apostar por espectáculos que reúnen generaciones y se disfrutan en comunidad. La función dura 1 hora y 15 minutos, con dirección de Pablo Atkinson, y todo indica que el boca a boca hará lo suyo: las entradas se agotan rápido.
Viernes 13 de febrero, 22 horas.
Si la idea es reírse bien y salir un poco más liviano de lo que se entró, conviene no dejarlo para después. A veces el mejor plan es el más simple: sentarse, mirar el escenario y dejar que el humor haga su trabajo. Con Petru y Pablo, eso está garantizado.
Dos estilos, un mismo escenario y una risa que se contagia. Petru y Pablo llegan a Atlántida y las entradas vuelan.
Un capítulo aparte merece el trabajo de Rodrigo Muñoz, cuyo esfuerzo silencioso sostiene la llegada de espectáculos de calidad al interior. Producir teatro implica asumir riesgos, coordinar agendas, apostar por salas y públicos diversos y, sobre todo, creer en la cultura como encuentro. En tiempos donde no todo resulta fácil, que propuestas como PyP: Petru y Pablo lleguen a Atlántida habla de una convicción clara: seguir generando movimiento, trabajo y escenarios vivos. Detrás de cada función hay gestión, compromiso y muchas horas que no se ven, pero que hacen posible que la risa finalmente ocurra.
