Cuando la montaña recuerda sus reglas
La muerte de una compatriota uruguaya en Ushuaia reabre el debate sobre los riesgos y el sentido del turismo de aventura
La montaña estaba allí mucho antes que nosotros. Inmóvil, inmensa, indiferente a nuestros sueños, fotografías y desafíos personales. En Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, basta levantar la vista para verla dominando el horizonte. Forma parte del paisaje cotidiano de quienes viven allí y del imaginario de miles de viajeros que llegan cada año atraídos por la promesa de caminar entre glaciares, bosques y cumbres que parecen marcar el fin del mundo.
El inicio de la montaña o cerro es accesible para todos, de hecho, recién salía de una fractura en el tobillo y es un camino de 500 metros que no tiene más dificultad que la subida o la bajada para las personas. Fue en 2015 durante un viaje por la Patagonia. Recuerdo que desde la ciudad las montañas parecían cercanas, casi accesibles. Sin embargo, quienes frecuentan esos senderos saben que la distancia en la montaña nunca se mide solamente en kilómetros. El clima, el viento, la nieve, el terreno y las decisiones humanas forman parte de una ecuación que puede cambiar en cuestión de minutos.
Desde el puerto de Ushuaia, las montañas parecen formar parte del decorado cotidiano. Los montes Martial se levantan detrás de los techos de la ciudad y acompañan cada caminata por sus calles. Esa cercanía visual genera una ilusión frecuente entre los viajeros: creer que la montaña está al alcance de la mano. Sin embargo, basta internarse unos kilómetros en sus valles glaciarios para comprender que el paisaje más fotografiado del fin del mundo también exige respeto, preparación y experiencia.
Esta semana, una tragedia golpeó a la comunidad de montaña fueguina y también a Uruguay. Emiliano Feidas, guía de montaña, músico y referente del montañismo local, y Abril Melina Marino Pereira, de 25 años se encontraba de vacaciones en Argentina, fallecieron durante una travesía en el glaciar Vinciguerra, uno de los escenarios naturales más impactantes de Tierra del Fuego.
La noticia generó conmoción porque involucra a dos personas vinculadas a una actividad que precisamente busca conectar al ser humano con la naturaleza en su estado más puro. Feidas había construido su vida profesional alrededor de la montaña, organizando travesías, escaladas y experiencias de trekking. En sus redes sociales compartía paisajes, recorridos y reflexiones sobre el valor humano de la aventura.
En una de ellas escribió: "Vivir una experiencia de este tipo es mucho más que una postal bonita. Hay un valor intrínseco que es muy personal: la voluntad, la paciencia, conocerse un poco más. Pero también hay un valor colectivo, donde el compañerismo y la empatía no se negocian".
Sus palabras resumen buena parte de lo que buscan quienes practican turismo aventura.
Un segmento que sigue creciendo
Lejos de disminuir, el interés por este tipo de experiencias continúa creciendo en todo el mundo.
Datos recientes de la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV), Adventure Travel Trade Association (ATTA), Booking.com y el Global Sustainable Tourism Council muestran que las mujeres representan actualmente el 53% del mercado global de viajes de aventura. Además, el 84% de los viajeros considera importante realizar viajes responsables y sostenibles.
La aventura también cambió de significado. Ya no se trata únicamente de adrenalina. El viajero moderno busca experiencias auténticas, contacto con comunidades locales, aprendizaje y conexión con la naturaleza.
Para destinos como la Patagonia argentina, este perfil representa una oportunidad importante porque genera mayor permanencia, gasto turístico y valoración del patrimonio natural.
El riesgo que nunca desaparece
Sin embargo, existe una realidad que ninguna campaña promocional puede ocultar: el riesgo cero no existe.
La presencia de guías profesionales, equipamiento adecuado, planificación y experiencia reducen significativamente los peligros, pero no los eliminan completamente. La montaña, el mar, los ríos o los desiertos conservan un componente impredecible que forma parte de su propia naturaleza.
Por esa razón, los operadores responsables suelen insistir en conceptos que a veces pasan desapercibidos entre la emoción del viaje: preparación física, respeto por las condiciones climáticas, equipamiento adecuado y comprensión de los límites personales.
Paradójicamente, cuanto más experiencia posee una persona en ambientes naturales, mayor suele ser su respeto por ellos. Los montañistas experimentados conocen una verdad simple: la cumbre nunca está garantizada.
La diferencia entre conquistar y convivir
Durante años, el turismo utilizó expresiones como "conquistar una montaña", "vencer un glaciar" o "dominar la naturaleza". Hoy esa visión está cambiando.
Cada vez más viajeros entienden que la experiencia no consiste en derrotar al entorno sino en convivir con él durante unas horas o unos días. La montaña permite el paso, pero nunca entrega garantías.
Por eso las tragedias generan una reflexión que va más allá del accidente puntual. Nos recuerdan que detrás de cada fotografía espectacular existe una planificación, una responsabilidad y una cuota inevitable de incertidumbre.
La aventura continúa siendo una de las formas más intensas de viajar porque nos enfrenta a algo que la vida urbana intenta ocultar: no todo está bajo control.
Una lección que trasciende el viaje
La muerte de Emiliano Feidas y de Abril Melina Marino Pereira deja un profundo dolor para familiares, amigos y para toda la comunidad vinculada al turismo aventura.
También deja una enseñanza que probablemente comprenderían quienes aman la montaña. Alcanzar una meta siempre implica asumir riesgos. Lo importante es gestionarlos con profesionalismo, respeto y humildad.
Porque la aventura no consiste únicamente en llegar a la cima.
Muchas veces consiste en comprender que la naturaleza sigue teniendo la última palabra.
A tener en cuenta
En un mundo donde gran parte de la vida cotidiana transcurre entre pantallas y certezas programadas, la aventura continúa convocando a millones de viajeros. Los estudios internacionales muestran que el turismo de naturaleza y aventura mantiene un crecimiento sostenido, impulsado por personas que buscan algo más que un destino: buscan una experiencia capaz de transformarlas. Quizás por eso la montaña, el mar o los glaciares siguen ejerciendo una atracción tan poderosa. Nos recuerdan que todavía existen lugares donde el ser humano no controla todas las variables y donde cada paso exige respeto, preparación y humildad.
Para esta nota en particular, las fuentes más sólidas son ATTA, AAETAV, GSTC y la información oficial de Parques Nacionales de Argentina, ya que combinan estadísticas, sostenibilidad y gestión del riesgo en entornos naturales.
