Jacobo Malowany

Jacobo Malowany

El verano ya comenzó
Y lo hizo con una de esas noches que quedan suspendidas en la memoria. El 4 de enero, los jardines del Jean Clevers Parque Hotel se transformaron en escenario de una celebración que combinó estética, relato, gastronomía y vínculos reales. Estuve allí, conversé, observé y me dejé llevar por una atmósfera que no se improvisa: se diseña.

Desde el primer paso, todo transmitía cuidado. La iluminación cálida sobre el verde, los livings blancos, las barras encendidas y ese murmullo elegante que solo aparece cuando la convocatoria está bien curada. Nada resultaba forzado. Cada gesto parecía responder a una misma idea: celebrar el vino como cultura y el encuentro como experiencia.

La noche llevó el sello de Juan Herrera Producciones, con una organización precisa, fluida, casi invisible, de esas que permiten que el invitado solo se ocupe de disfrutar. Conversando con Juan, quedó claro que no se trató de un hecho aislado: ya hay más de 25 celebraciones proyectadas para 2026, con equipos y clientes que vuelven porque saben que las expectativas se cumplen.

Una fiesta “de marca”

La celebración de H. Stagnari en Punta del Este ya se consolidó como una de las citas sociales del verano. Tiene identidad propia. Se habla de “La República Independiente de La Puebla” no como slogan, sino como relato compartido. Se entra a un universo donde el vino cuenta historia y la marca se vive, no se declama.

La presencia de Virginia Moreira, directora y rostro visible del proyecto, aporta cercanía y coherencia. Se la ve, se la escucha, se la reconoce. Sus palabras breves, los agradecimientos y el brindis colectivo marcaron ese tono institucional que no enfría, sino que ordena y da sentido.

Llegar, mirar, quedarse

El dress code acompañó sin rigidez: lino, tonos claros, brillos sutiles. Las fotos en el ingreso, casi un ritual, convivieron con conversaciones que fluían solas. Lo noté enseguida: era un lugar que invitaba a crear vínculos, a dar entrevistas, a quedarse un rato más. Charlamos con muchos asistentes y todos coincidían en lo mismo: la sensación de estar “donde hay que estar”.

Entre copas ya servidas de espumosos y blancos jóvenes, la música acompañó el atardecer. Luego subió de pulso, sin romper nunca la armonía. El violinista sorprendió con un set que detuvo miradas, y más tarde la cantante —finalista de La Voz, del team Rada— aportó un momento íntimo y potente, que se amplificó luego en redes, donde su propio Instagram terminó de contar la historia desde otro ángulo.

Fuego, campo y vino

Uno de los corazones de la noche estuvo al costado del parque. Allí, el fuego dibujaba sombras mientras los corderos de Ale Akland se doraban lentamente. Fue más que cocina: un ritual. Paciencia, técnica y show en vivo. La carne salía en oleadas, en porciones pensadas para comer de pie, sin cortar el ritmo social. El perfume del asador se mezclaba con tintos y espumosos, reforzando ese relato de territorio: campo, fuego y vino uruguayo llevados a un entorno chic de Punta del Este.

Cada bandeja que circulaba subía el murmullo. Se hablaba más fuerte, se reía más. El fuego marcaba también el pulso de la noche.

Voces, nombres y escenas

Hubo charlas que valieron por sí solas. Nos emocionamos escuchando a Carlos Páez Vilaró, compartiendo fragmentos de La segunda cordillera y su testimonio de vida, sin estridencias, con verdad. En otros rincones, entrevistas en vivo con Puglia, Kesman y Leo Sarro; la presencia siempre magnética de Carlos Perciavalle; y hasta una conversación geopolítica inesperada con Tomás Friedman. Jet set uruguayo completo, sí, pero sobre todo personas conversando, sin poses. Hasta la diseñadora Susana Bernik nos recordo sus desfiles.  La fundadora de Bethel Spa  Lourdes Rapalín, lider en el sector del bienestar, quien dirige la empresa junto a su esposo, Álvaro Padín dando detalles de todo lo que se viene para el 2026. Y los homenaje a  Juan Carlos Lopez por sus programas de Americando.  Conversamos con Valeria Ripoll y Paola Riani, En fin una noche para el recuerdo. 

Un cierre que no se apura

Hacia la madrugada, el DJ bajó revoluciones. Las luces se volvieron más cálidas. Quedó ese núcleo que siempre queda: las últimas copas, los contactos anotados, las fotos finales. La fiesta no terminó ahí. Continuó al día siguiente en redes y medios, en clips, galerías y notas que reconstruyen —cada una a su manera— la república efímera del vino uruguayo que H. Stagnari instala cada verano en Punta del Este.

Me fui con una certeza: hay eventos que se recuerdan por lo que muestran y otros por lo que hacen sentir. Esta noche logró ambas cosas.

Lunes, 05 Enero 2026 17:12

Sponsor 1

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit. Aenean commodo ligula eget dolor. Aenean massa. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Donec quam felis, ultricies nec, pellentesque eu, pretium quis, sem. Nulla consequat massa quis enim. Donec pede justo, fringilla vel, aliquet nec, vulputate eget, arcu. In enim justo, rhoncus ut, imperdiet a, venenatis vitae, justo. Nullam dictum felis eu pede mollis pretium. Integer tincidunt. Cras dapibus. Vivamus elementum semper nisi. Aenean vulputate eleifend tellus. Aenean leo ligula, porttitor eu, consequat vitae, eleifend ac, enim. Aliquam lorem ante, dapibus in, viverra quis, feugiat a, tellus. Phasellus viverra nulla ut metus varius laoreet. Quisque rutrum. Aenean imperdiet. Etiam ultricies nisi vel augue. Curabitur ullamcorper ultricies nisi. Nam eget dui. Etiam rhoncus. Maecenas tempus, tellus eget condimentum rhoncus, sem quam semper libero, sit amet adipiscing sem neque sed ipsum. Nam quam nunc, blandit vel, luctus pulvinar, hendrerit id, lorem. Maecenas nec odio et ante tincidunt tempus. Donec vitae sapien ut libero venenatis faucibus. Nullam quis ante. Etiam sit amet orci eget eros faucibus tincidunt. Duis leo. Sed fringilla mauris sit amet nibh. Donec sodales sagittis magna. Sed consequat, leo eget bibendum sodales, augue velit cursus nunc,

La información publicada en El Observador, firmada por María Noel Durán, confirma una tendencia que el sector turístico uruguayo viene analizando desde hace años: el mercado brasileño ya no es complementario, sino estratégico. Su crecimiento sostenido, su capacidad de gasto y su cercanía cultural posicionan a Brasil como el gran desafío —y oportunidad— del turismo uruguayo en el mediano y largo plazo.

Desde la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur), en coordinación con el Ministerio de Turismo, se ha definido con claridad este rumbo. Así lo expresó su actual presidente, Fernando Tapia, al señalar que Brasil es “el mercado que puede mover la aguja” de forma estructural. Los datos acompañan esa lectura: Uruguay recibe alrededor de 2,2 millones de turistas argentinos por año, frente a 500.000 brasileños, aunque en 2010 eran apenas 150.000. El salto ha sido importante, pero el margen de crecimiento sigue siendo amplio, especialmente desde San Pablo hacia el sur y, en particular, desde Río Grande del Sur.

Frontera viva y aprendizaje binacional

En charlas mantenidas con Marina Cantera, expresidenta de Camtur, y con el propio Tapia, durante los encuentros de Camtur Conecta —especialmente el realizado en Rivera, con enfoque binacional— quedó en evidencia que la frontera norte funciona como un espacio singular. Allí no hay dos mercados separados, sino una dinámica compartida, donde el consumo, el entretenimiento y la experiencia turística dialogan de forma natural.

Brasil no se comporta como Argentina. Sus expectativas, ritmos y formas de disfrutar son distintas. Gramado aparece una y otra vez como ejemplo: entretenimiento permanente, propuestas temáticas, servicios integrados y una experiencia pensada para permanecer, consumir y recomendar.

La visión desde el Enjoy de Punta del Este para atraer al brasileño es diseñar experiencia

Javier Escurra, director de marketing de Enjoy Punta del Este, fue claro durante su conferencia en Festuris: atraer al público brasileño implica facilitar la llegada y diseñar experiencias completas. Vuelos especiales, paquetes cerrados y propuestas que integren alojamiento, entretenimiento y gastronomía dentro del mismo ecosistema. No se trata solo de promoción, sino de remover fricciones y generar comodidad desde el primer contacto.

Durante su conferencia en Festuris, en el escenario Tour & Business, Javier Escurra puso el acento en un concepto clave para entender al visitante brasileño: innovar no es solo sumar tecnología, sino transformar una buena idea en una experiencia real y memorable.

Frente a un auditorio colmado de profesionales del turismo, Escurra remarcó que el público brasileño responde cuando la propuesta está pensada de forma integral.
“En turismo, innovar es mejorar procesos, productos y experiencias. Es cambiar la forma en que las personas viven un destino”, señaló, al tiempo que subrayó que la creatividad debe tener impacto concreto en el disfrute del visitante.

En esa línea, explicó que la estrategia de Enjoy Punta del Este con Brasil parte de facilitar la llegada y eliminar fricciones: conectividad aérea específica, paquetes cerrados, entretenimiento permanente y servicios que permitan al turista alojarse, divertirse y consumir dentro de un mismo ecosistema.
“El brasileño valora la experiencia completa. No compra solo un hotel o un evento; compra una vivencia”, afirmó.

La conferencia, acompañada por una presentación centrada en innovación aplicada al turismo, reforzó una idea que atraviesa todo el debate actual: atraer al mercado brasileño no depende solo de campañas, sino de entender cómo vive, consume y disfruta. Un mensaje que dialoga de forma directa con la estrategia país que impulsa Camtur y con las acciones concretas que comienzan a tomar forma desde los destinos.

Comunicar distinto, ofrecer distinto

En este contexto, la iniciativa de la Asociación Turística de Canelones de invitar a 46 periodistas brasileños en setiembre de 2026 se presenta como un primer paso concreto dentro de una estrategia más amplia. Comunicar, difundir y, sobre todo, hacer vivir experiencias pensadas para el público brasileño, no como réplica de la oferta argentina, sino como propuesta diferenciada.

La memoria reciente de Punta del Este guarda escenas elocuentes: fiestas organizadas por empresarios brasileños con despliegues de lujo, consumo sin discreción y una lógica de disfrute intensa. Incluso este verano, bastaba observar desde fuera algunas reuniones privadas para entender que el interés existe y el poder de gasto también.

Hay millones de brasileños a distancia corta. El desafío ya no es atraerlos en abstracto, sino responder con precisión a una pregunta clave:
¿Qué le ofrece Uruguay al turista brasileño que no le ofrece a ningún otro mercado?

Ahí empieza, verdaderamente, la estrategia.

 

 

La escena prometía una postal perfecta del verano en José Ignacio: mesas exclusivas, champagne frío, música electrónica internacional y un público dispuesto a pagar cifras de alto vuelo por una noche irrepetible. Sin embargo, la madrugada de Año Nuevo dejó una lección incómoda para la industria de los eventos premium: el lujo no se mide solo en precios, sino en previsión, experiencia y respuesta ante lo inesperado.

La protagonista involuntaria fue Marta Fort, hija del recordado Ricardo Fort, quien denunció públicamente una situación que rápidamente cruzó fronteras y se viralizó en redes y medios de Uruguay y Argentina.

Una noche que duró media hora

Fort había pagado 20 mil dólares por una mesa para 18 personas en una fiesta de Año Nuevo realizada en el Medellín Polo Club, en José Ignacio, a pocos kilómetros de Punta del Este. El evento, organizado por la firma Reveillon, tenía como figura central al DJ brasileño Mochakk, uno de los nombres más convocantes del circuito electrónico actual.

La lluvia —pronosticada con antelación según reportes meteorológicos— obligó a suspender la fiesta tras apenas media hora de música. El problema no fue solo la interrupción, sino la falta de una experiencia de contingencia: no hubo reembolso inmediato, no se permitió retirar bebidas ya pagadas y la evacuación del predio se dio en un clima de tensión, según relataron varios asistentes.

El reclamo que expuso una grieta

En programas de streaming como All Access y DGO Stream, Fort expresó su enojo con crudeza, sintetizando una sensación que muchos compartieron: pagar un high ticket genera una expectativa mínima de profesionalismo. Cuando esa expectativa no se cumple, el escándalo es casi inevitable.

Más allá del tono, el fondo del reclamo interpela a toda la industria del lujo estival. En destinos como José Ignacio, donde el clima puede cambiar en minutos, la experiencia no termina en la música o el DJ: comienza en la planificación, continúa en los protocolos y se define en la capacidad de respuesta.

Lujo, clima y responsabilidad

No es la primera vez que eventos de alto perfil enfrentan cancelaciones por lluvia o habilitaciones en la zona. Ya ocurrió en otras temporadas con figuras internacionales, y siempre deja la misma pregunta flotando en el aire salino del Atlántico:
¿qué valor real se ofrece cuando se cobra una entrada de cuatro cifras?

El high ticket no compra solo acceso; compra seguridad, previsión y respeto por el cliente. Si el pronóstico ya anticipaba lluvias, la experiencia debía contemplarlo. En el lujo, improvisar sale caro, no solo en dólares, sino en reputación.


Ficha rápida del evento

Aspecto Detalles
Lugar Medellín Polo Club, José Ignacio
Artista DJ Mochakk (Brasil)
Costos Entrada general: USD 1.000 / Mesas VIP: hasta USD 40.000
Mesa denunciada USD 20.000 (18 personas)
Motivo de suspensión Lluvia
Duración efectiva Aproximadamente 30 minutos
Reclamos Sin reembolso, retiro de bebidas impedido

Verano 2026 deja una señal clara: el glamour atrae, pero la experiencia sostiene. Y cuando eso falla, ni el apellido, ni el precio, ni el champagne logran tapar el ruido del desencanto.

 
 
 

En un mercado donde las marcas compiten por atención, recordación y vínculos reales, LM Vinos y Eventos desarrolla una propuesta que entiende el evento como una inversión: un espacio diseñado para fortalecer relaciones, generar conversación y dejar huella. La empresa trabaja con un enfoque integral que combina curaduría de vinos, diseño de experiencias y comunicación, aplicable tanto a celebraciones privadas como a encuentros corporativos.

El proyecto está liderado por Marcelo Molinelly, junto a su socio Leonardo Romero, llegado desde Ecuador con trayectoria y conocimiento en el universo del vino y la planificación de eventos, y con el aporte comunicacional de Dahiana Molinelly, influencer y generadora de contenidos que convierte cada vivencia en un relato coherente con la marca.

Una propuesta de valor que se gestiona como experiencia, no como servicio suelto

LM Vinos y Eventos trabaja bajo una lógica empresarial: cada evento responde a objetivos claros y a un diseño pensado para lograr resultados visibles, desde la atmósfera hasta el último detalle. Curaduría de vinos, ambientación, gastronomía, música y dinámica del encuentro operan como un sistema.

Marcelo Molinelly lo resume desde su mirada de experiencia:

“Una copa bien elegida abre diálogos, relaja tensiones y conecta personas que no se conocen. Ahí aparece la experiencia. El vino no invade, acompaña”.

Esa perspectiva guía la construcción de propuestas a medida, evitando formatos repetidos y priorizando el perfil del público y el propósito del encuentro.

https://www.youtube.com/watch?v=RyvGgqXF6OQ

Liderazgo complementario: sensibilidad local y visión internacional

La presencia de Leonardo Romero suma un componente decisivo: estructura, método y mirada regional. Llegado desde Ecuador, aporta experiencia en distintos mercados y formatos, con una orientación clara hacia la planificación profesional.

“Uruguay tiene una identidad vitivinícola sólida y muy genuina. Nuestro trabajo no consiste en imponer modelos, sino en potenciar esa identidad con conocimiento y estructura, cuidando el detalle y el resultado final”.

La combinación entre ambos liderazgos permite a LM Vinos y Eventos moverse con solvencia en dos segmentos: el social —más emocional— y el corporativo —más estratégico—, sin perder coherencia de marca.

El vino como recurso corporativo: hospitalidad, networking y posicionamiento

En el entorno empresarial, el vino opera como herramienta de vínculo. LM Vinos y Eventos lo trabaja como un recurso de hospitalidad que facilita conversación y cercanía: ideal para reuniones con clientes, lanzamientos, actividades de fidelización, networking y experiencias internas para equipos.

Marcelo lo plantea en términos directos:

“En un evento corporativo, el vino no habla de lujo. Habla de hospitalidad y cercanía. Ayuda a que la gente se quede, converse y se conozca”.

Comunicación con coherencia: narrar lo que ocurre, no lo que se promete

La comunicación de la marca, liderada por Dahiana Molinelly, sostiene un principio clave: credibilidad. El contenido nace de lo vivido, no de un guion.

“No cuento eventos, cuento lo que se siente estar ahí. Si la experiencia no emociona, no funciona. La gente reconoce cuando algo es real”.

Esa mirada traduce el trabajo del equipo a una narrativa visual y editorial que refuerza el posicionamiento: encuentros auténticos, cuidados, con un lenguaje estético claro y cercano.

Articulación con el ecosistema local

La propuesta también refuerza valor en el entorno: integración de vinos uruguayos, proveedores alineados a cada experiencia y una selección que contribuye a visibilizar bodegas y emprendimientos vinculados al sector. Cada evento se convierte, además, en un espacio de circulación de identidad local.

Una empresa alineada con las nuevas demandas

LM Vinos y Eventos interpreta un cambio de época: el público ya no busca solo un evento bien armado, busca sentido, clima, pertenencia y recuerdo. En ese contexto, el vino funciona como puente entre personas y como herramienta para construir vínculos.

Con un liderazgo complementario y una comunicación coherente con la experiencia, la empresa consolida una propuesta profesional: diseñar encuentros que generen valor antes, durante y después del brindis.

La moralidad, la responsabilidad y el libertinaje
Columna de opinión | Jacobo Malowany

El año comienza y vuelve una lección antigua. Una profesora insistía, con una claridad que entonces parecía excesiva, en una distinción básica: libertad no es libertinaje. No se trataba de moralizar, sino de aprender a pensar. Hoy, cuando la reacción precede al juicio y la opinión se dispara antes de la reflexión, aquella advertencia recupera sentido público.

La libertad implica elección consciente y aceptación de consecuencias. Supone reconocer límites que no se imponen desde afuera, sino que se asumen para convivir. La libertad madura no necesita espectáculo; se ejerce incluso cuando nadie mira.
El libertinaje, en cambio, confunde deseo con derecho. Actúa sin freno ético y llama autenticidad a la irresponsabilidad. Donde la libertad construye vínculos, el libertinaje los erosiona.

Esta confusión se expresa en dobles discursos cotidianos, y el nuevo año ya ofrece escenas que lo muestran con nitidez.

Primer ejemplo. Venezuela y el atajo del relato único.
Las noticias del día hablan de Venezuela. Abundan opiniones categóricas, diagnósticos exprés y verdades que se gritan como si el volumen garantizara la razón. Yo, en cambio, conozco a mi vecino venezolano y a sus amigos, con quienes comparto charlas a menudo, aquí y en mi etapa en España. Son personas formadas, resilientes, que agotaron sus créditos y salieron a la vida casi sin nada; hoy muchos celebran logros que no entran en un titular.
Al mismo tiempo, quienes permanecen en su país denuncian una intervención armada sufrida el 2 de enero y viven con miedo y desgaste. Dos realidades conviven. El doble discurso aparece cuando proclamamos empatía universal y practicamos simplificación selectiva: elegimos un relato para cancelar el otro. En términos de Zygmunt Bauman, preferimos certezas rápidas en una modernidad líquida que no tolera la complejidad. Y como recuerda Adela Cortina, sin razón cordial —sin empatía concreta— la ética se vuelve abstracta y excluyente.

Segundo ejemplo. Educación: libertad sin compromiso termina en abandono.
En educación hablamos de libertad, de derechos, de oportunidades. Pero evitamos la palabra incómoda: compromiso. Cumplimos programas, cerramos actas, celebramos porcentajes de aprobación. Los números ordenan y tranquilizan. Sin embargo, el compromiso —con el estudio, con el proceso, con el otro— se diluye.
Muchos estudiantes asisten sin implicarse, aprueban sin apropiarse, avanzan sin involucrarse. Y el sistema, en nombre de la oportunidad, a veces confunde acompañar con no exigir. El doble discurso se instala cuando decimos formar ciudadanos libres, pero evitamos pedirles responsabilidad sostenida. Paulo Freire lo advirtió con claridad: educar no es liberar de todo límite, sino formar conciencia crítica y responsabilidad histórica. Fernando Savater lo resume sin rodeos: elegir es hacerse cargo. La libertad sin compromiso no emancipa; abandona. Y ese abandono rara vez aparece en las estadísticas.

Tercer ejemplo. El accidente del comunicador y el juicio social cambiante.
En Uruguay, un comunicador conocido protagonizó un accidente de tránsito con un desenlace trágico. La investigación judicial determinó homicidio culposo y estableció las responsabilidades del caso. No fue la Justicia quien suspendió su actividad profesional: fue la empresa la que decidió apartarlo de la producción tras el hecho.
Antes del fallo, la opinión pública condenó; después, aguardó; más tarde, ante el deterioro de su salud, expresó acompañamiento y deseos de recuperación. Hoy, el propio protagonista reclama respuestas sobre lo ocurrido. No es una contradicción individual, sino colectiva. Pasamos del señalamiento al respaldo con la misma velocidad con la que emitimos opinión. Como advierte Javier Sádaba, una moral sin reflexión se vuelve volátil, dependiente del clima emocional del momento. Pedimos justicia, pero practicamos juicio social inmediato.

Cuarto ejemplo. La discoteca en Suiza y la urgencia de ser espectador.
El trágico incendio de una discoteca en Suiza dejó una imagen inquietante: personas que, ante el peligro inmediato, eligieron filmar antes que huir o ayudar. No se trata de juzgar individuos concretos, sino de leer un síntoma cultural. La necesidad de registrar reemplaza al instinto de preservar la vida. Hans Jonas lo anticipó con su principio de responsabilidad: la tecnología amplifica nuestra capacidad de acción, pero también nuestra omisión. No registrar no es neutral; es una elección. Bauman vuelve a aparecer: cuando la experiencia importa solo si se muestra, la vida se subordina a la imagen.

El problema no reside en opinar, sino en opinar sin pensar. Confundir juicio con justicia. Llamar libertad a la descarga emocional y responsabilidad al castigo inmediato. En ese atajo, la moral se vuelve episódica y el compromiso, opcional.

Quizás el gesto más contracultural consista en recuperar la lentitud: leer con paz, escuchar sin interrumpir, sostener procesos, aceptar la incomodidad del esfuerzo. No es nostalgia; es higiene democrática.
La libertad necesita compromiso para no degradarse en libertinaje. Y la responsabilidad —silenciosa— exige tiempo para no perderse en el ruido.

Empezar el año podría significar eso: menos prisa para condenar, más tiempo para comprender. En un mundo efímero, pensar despacio y comprometerse sigue siendo un acto profundamente público.

Fuentes y referencias conceptuales

  • Zygmunt Bauman
    Modernidad líquida; Vida líquida. Análisis sobre la fragilidad de los vínculos, la velocidad social y la volatilidad del juicio en las sociedades contemporáneas.

  • Adela Cortina
    Ética de la razón cordial; Ciudadanos del mundo. Reflexiones sobre ética cívica, empatía, responsabilidad y convivencia en sociedades plurales.

  • Fernando Savater
    Ética para Amador; El valor de elegir. La libertad entendida como elección responsable y base de la ciudadanía democrática.

  • Hans Jonas
    El principio de responsabilidad. Ética para la era tecnológica y la obligación moral hacia las generaciones futuras.

  • Javier Sádaba
    Ética para el siglo XXI. Análisis crítico sobre la moral contemporánea, el juicio social y la fragilidad ética en contextos emocionales.

  • Paulo Freire
    Pedagogía del oprimido; Pedagogía de la autonomía. Educación, compromiso, conciencia crítica y responsabilidad como base de la libertad.

  • Mis aprendizajes de Alfabetizador laboral en mi compromiso con la educación.

 

La inteligencia artificial ya transformó la productividad en 2025, pero también expuso desigualdades. 

Invertir en inteligencia artificial dejó de ser una discusión futurista para transformarse, en 2025, en una experiencia concreta y cotidiana. En lo personal —y en lo profesional— el cambio resulta evidente: mejor información, mayor capacidad de análisis, decisiones más rápidas y un aumento claro de la productividad en la inmediatez. Mis cursos ya no tratan sobre “qué es la IA”, sino sobre cómo potenciar su uso real, cómo integrarla a procesos diarios y cómo evitar errores que terminan generando frustración o dependencia tecnológica sin criterio.

En Uruguay, invertir en IA no significa únicamente adquirir software o licencias. Significa invertir en capacidades, en fuentes confiables, en formación continua y en rediseño de procesos. La tecnología, por sí sola, no genera valor si no existe una estructura humana y organizacional capaz de interpretarla, controlarla y utilizarla con sentido estratégico.

La economía en K: el riesgo estructural de esta revolución

Uno de los conceptos clave para entender el impacto de la inteligencia artificial es el de economía en K. Este modelo describe una bifurcación: mientras algunos sectores, empresas y trabajadores mejoran su productividad, ingresos y competitividad, otros quedan estancados o retroceden. La IA tiene un enorme potencial para amplificar esa brecha.

Los expertos coinciden en que la IA no afecta a todos por igual. Beneficia especialmente a quienes ya cuentan con capital humano, formación, acceso a datos y capacidad de adaptación. En cambio, quienes realizan tareas repetitivas, manuales o administrativas sin reconversión previa quedan más expuestos.

El Fondo Monetario Internacional advierte que la automatización y la IA pueden disparar desigualdades si no existen políticas de transición laboral, capacitación y protección social. El riesgo no está en la tecnología, sino en cómo se implementa.

El caso del Puerto de Montevideo: la K aplicada al mundo real

El conflicto reciente en el Puerto de Montevideo, donde la implementación de un software de gestión generó tensiones entre una empresa operadora y los trabajadores, constituye un ejemplo local, concreto y pedagógico de economía en K.

El sistema informático buscaba mejorar eficiencia, trazabilidad, control de turnos y organización logística. Desde el punto de vista empresarial y operativo, la inversión tenía lógica: menos errores, más previsibilidad, mayor competitividad regional. Sin embargo, para parte de los trabajadores y sus sindicatos, el cambio se percibió como una amenaza directa a puestos de trabajo tradicionales.

Aquí aparece con claridad la K:

  • Sube la curva de eficiencia, control y rentabilidad.

  • Baja o se tensiona la curva del empleo que no tuvo tiempo ni herramientas para reconvertirse.

Los sindicatos no rechazaron la tecnología en sí, sino el riesgo de quedar del lado descendente de la K, sin garantías de capacitación, reubicación o nuevos roles. El conflicto no fue tecnológico: fue de transición, de tiempos y de diálogo. El puerto mostró lo que puede ocurrir cuando la innovación avanza más rápido que los acuerdos sociales.

Productividad: estimaciones, escenarios y cautela

El impacto de la IA sobre la productividad sigue siendo objeto de debate, pero nadie sostiene que sea nulo. El premio Nobel de Economía Daron Acemoglu estima que la productividad podría aumentar una décima anual durante una década gracias a la adopción generalizada de la IA. Capital Economics eleva esa cifra a 1,5 puntos porcentuales anuales, mientras que McKinsey plantea escenarios de hasta 3,5 puntos por año si la transformación se acompaña de rediseño organizacional.

El FMI, por su parte, sostiene que el PIB potencial global podría crecer hasta cuatro décimas adicionales en la próxima década si la automatización y la innovación impulsan la productividad de forma amplia. Son proyecciones de mediano y largo plazo, pero todas coinciden en un punto: la IA redefine estructuras económicas.

Inversión global y concentración del crecimiento

Desde 2023, los gigantes tecnológicos duplicaron su inversión en inteligencia artificial hasta alcanzar los 400.000 millones de dólares, impulsados por semiconductores avanzados, centros de datos, servicios en la nube, redes, energía y sistemas de refrigeración. Las proyecciones indican que esa inversión podría rondar los 530.000 millones de dólares en 2026.

Según Fitch Ratings, la inversión tecnológica explicó cerca del 90% del crecimiento del PIB de Estados Unidos en el primer semestre de 2025. Este dato refuerza una idea central: la IA no solo transforma empresas, domina el crecimiento económico, pero lo hace de manera altamente concentrada.

Filosofía, poder y gobernanza

Desde la filosofía contemporánea, Luciano Floridi advierte que la IA requiere marcos sólidos de gobernanza para no erosionar valores democráticos y sociales. Yuval Noah Harari alerta sobre el riesgo de delegar decisiones críticas a sistemas que no siempre comprendemos, generando nuevas asimetrías de poder.

Desde el mundo empresarial, líderes tecnológicos insisten en la noción de “permiso social”: la innovación necesita aceptación, reglas claras y legitimidad para sostenerse en el tiempo. Sin ese equilibrio, el rechazo social se vuelve inevitable.

Uruguay 2026: la clave está en cómo se implementa

Para los pequeños y medianos comercios uruguayos, la discusión no pasa por competir con los gigantes tecnológicos, sino por usar la IA para decidir mejor, vender mejor, organizar mejor y ganar tiempo. La diferencia entre quedar arriba o abajo en la K no depende del tamaño de la empresa, sino de la capacidad de adaptación.

La lección del puerto es clara y extrapolable:

La IA no se discute cuando llega.
Se discute antes, con formación, transición y acuerdos.

Invertir en inteligencia artificial, en Uruguay, ya no es una opción futurista. Es una decisión estratégica que define productividad, competitividad y cohesión social en los próximos años.

La inteligencia artificial no define el futuro por sí sola.
Lo define cómo, cuándo y para quiénes se implementa.

Uruguay tiene una oportunidad real en 2026: usar la IA para mejorar productividad, ordenar decisiones y fortalecer a pequeñas y medianas empresas. Pero también enfrenta un riesgo claro: que la falta de transición, formación y acuerdos empuje aparte de la sociedad al lado descendente de la economía en K.

La tecnología no elimina el trabajo.
Elimina formas de trabajo que no se transforman.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial llegó.
La pregunta es si estamos dispuestos a incorporarla con criterio, humanidad y responsabilidad, antes de que decida por nosotros.

Y vos, en tu jornada diaria… ¿ya usás inteligencia artificial para trabajar mejor o todavía no forma parte de tus decisiones?

Jacobo Malowany


Fuentes

  • Fondo Monetario Internacional (FMI)

  • Daron Acemoglu – Premio Nobel de Economía

  • Capital Economics

  • McKinsey Global Institute

  • Fitch Ratings

  • Oxford Economics

  • Luciano Floridi

  • Yuval Noah Harari

Sábado, 03 Enero 2026 19:36

Sobre Nosotros

Noticias & Destinos es una revista digital de actualidad que informa y analiza la realidad desde una mirada amplia, profesional y contextual.
Abordamos noticias empresariales, economía, desarrollo territorial, turismo, cultura, eventos y sociedad, con cobertura en Uruguay y la región.
Nuestro enfoque prioriza el contexto, las personas y los procesos detrás de cada noticia. No solo contamos lo que pasa: explicamos por qué importa.
Noticias & Destinos es un espacio editorial independiente, pensado para lectores que buscan información confiable, diversidad temática y una lectura que aporte comprensión.


Noticias & Destinos es un medio independiente. Las opiniones vertidas en los artículos firmados pertenecen exclusivamente a sus autores y no comprometen la línea editorial ni la responsabilidad del medio.

 

 Editor y CEO: Jacobo Malowany

Cuando el lujo aterriza: Punta del Este y el pulso silencioso del turismo premium

Hay veranos que se miden en multitudes y otros que se explican en silencio. El turismo de lujo pertenece a esta segunda categoría: no hace ruido, no busca volumen, pero deja huella. En Punta del Este, ese pulso se percibe con claridad en el Aeropuerto Internacional de Punta del Este, una infraestructura que, lejos de ser solo una puerta de entrada, se convirtió en un termómetro del posicionamiento internacional del destino.

El 26 de diciembre de 2025, mientras la península entraba en ritmo pleno de temporada, el aeropuerto marcó un récord que habla por sí solo: 220 movimientos de aviación general en un solo día. Jets privados, aeronaves ejecutivas, operaciones que no dependen del calendario turístico tradicional ni de las tarifas masivas. Llegadas discretas, agendas precisas, decisiones que combinan descanso, negocios e inversión.

El lujo como estrategia, no como exceso

El turismo premium no se basa en ostentación sino en tiempo, privacidad y confianza. Quien llega en aviación privada no improvisa: elige destinos previsibles, seguros, con servicios a la altura de estándares globales. En ese tablero, Punta del Este juega una partida sólida desde hace años, y el aeropuerto es una de sus piezas centrales.

La inauguración de la nueva Terminal de Aviación General a fines de 2024 marcó un antes y un después. Más espacio, procesos ágiles, atención personalizada. No se trata solo de recibir aeronaves, sino de recibir personas acostumbradas a que todo funcione sin explicaciones. El reconocimiento como Mejor FBO de América Latina no llegó por casualidad: respondió a una experiencia integral pensada para un viajero exigente, que valora tanto la eficiencia como el trato humano.

Impacto que no siempre se ve

El turismo de lujo rara vez se mide en cantidad de camas o excursiones vendidas. Su impacto aparece en otros planos: estancias más largas, consumo de alto valor, contratación de servicios especializados, inversión inmobiliaria, reuniones empresariales que derivan en proyectos concretos. Cada jet que aterriza es, muchas veces, una agenda que se despliega más allá del verano.

La posibilidad de operar las 24 horas, junto con una capacidad proyectada de hasta 10.000 movimientos anuales, posiciona a Laguna del Sauce como un nodo regional, capaz de sostener actividad durante todo el año. Esa continuidad resulta clave para desestacionalizar y para consolidar a Maldonado como territorio de oportunidades, no solo como postal estival.

Un aeropuerto que anticipa el futuro

La prórroga de la concesión a Corporación América Airports y la planificación de un aeropuerto complementario en Rocha para jets privados y charters refuerzan una visión de largo plazo. A esto se suma la recuperación de rutas comerciales estratégicas, como Buenos Aires y San Pablo, que completan un ecosistema de conectividad acorde a un destino premium.

Como señaló su gerente general, Guillermo Pagés, el récord de operaciones no es solo una cifra: es la confirmación de un proceso. Un trabajo coordinado, silencioso y constante, que permite que Punta del Este siga figurando en el radar de quienes eligen lugares donde el lujo se expresa en detalles, no en estridencias.

En un mundo donde el tiempo es el nuevo bien escaso, el turismo de alta gama no busca destinos de moda, sino destinos confiables. Y cada aterrizaje en Laguna del Sauce confirma que Punta del Este entiende ese lenguaje.

Durante décadas, el verano fue sinónimo de playa. Sombrilla, viento moderado, mareas previsibles y largas jornadas frente al mar formaban parte de un ritual casi inalterable. Sin embargo, ese modelo empezó a mostrar fisuras. Hoy, elegir vacaciones ya no pasa únicamente por la cercanía al agua salada, sino por la calidad integral de la experiencia.

El cambio es visible en Uruguay y en toda la región. Factores climáticos más imprevisibles, mayor presencia de viento en determinados días, mareas cambiantes y episodios puntuales de contaminación hicieron que la playa dejara de ser una garantía absoluta de disfrute. El verano sigue existiendo, pero se vive de otra manera.

La piscina como nuevo centro de la experiencia

En este contexto, la piscina ganó protagonismo. Ya no es un complemento: muchas veces define la elección. Quien alquila una casa de veraneo o elige un hotel prioriza hoy contar con piscina, espacios cuidados y servicios que aseguren disfrute independientemente del clima o del estado del mar.

Este cambio impacta directamente en la oferta turística. Hoteles que invierten en áreas recreativas, alojamientos que destacan la piscina como diferencial y propuestas pensadas para pasar el día completo sin depender de la playa reflejan una adaptación clara a un nuevo comportamiento del viajero.

Cuando el clima cambia, el mapa turístico también

La transformación no se limita a la costa. También abrió oportunidades claras para otros destinos y favoreció la desestacionalización. Al no depender exclusivamente del mar, el turista amplió su radio de elección y comenzó a valorar propuestas que garantizan disfrute más allá del clima.

En Piriápolis, por ejemplo, se repitió una escena reveladora: turistas alojados a metros de la playa priorizaron hoteles con piscina “por las dudas”. La explicación fue simple y directa: si el viento aparece o el día no acompaña, la experiencia no se suspende. La piscina funciona como plan B… y muchas veces como plan A.

Ese mismo criterio se observa en el interior del país. En ciudades como Paso de los Toros, los hoteles con piscina se convirtieron en una verdadera tentación para quienes buscan descanso, viajes familiares o paradas intermedias en rutas nacionales. Allí, el agua deja de competir con el mar y pasa a ser protagonista absoluta.

Turismo rural y destinos alternativos: los grandes beneficiados

Este nuevo comportamiento favoreció de forma directa al turismo rural, termal y de experiencias. Posadas de campo, hoteles rurales y complejos con servicios completos comenzaron a recibir visitantes fuera de los meses tradicionales, extendiendo temporadas que antes eran claramente cortas.

La posibilidad de asegurar disfrute incluso con mal tiempo permitió que muchos destinos del interior sostuvieran ocupación en primavera, otoño e incluso invierno. La piscina —climatizada o al aire libre— pasó a ser una herramienta concreta de competitividad turística.

Un verano más planificado y menos improvisado

El viajero actual busca previsibilidad. Quiere saber que, si el clima cambia, la experiencia no se pierde. Piscinas, espacios verdes, gastronomía cercana y servicios complementarios pasaron a ser parte central de la elección. Esto explica el crecimiento de propuestas que integran descanso, consumo y experiencia en un mismo lugar.

En Uruguay, esta evolución obligó a repensar la oferta, especialmente en destinos tradicionales de sol y playa. Desde la política turística, el enfoque acompañó esta transformación. El Ministerio de Turismo promovió una mirada más amplia del verano, impulsando experiencias que no dependen exclusivamente del clima: gastronomía, eventos, bienestar y escapadas cortas.

El mundo cambió, el turismo también

El verano no desapareció: se transformó. La playa sigue siendo importante, pero ya no alcanza por sí sola. Hoy el turista elige experiencias más completas, previsibles y confortables. Y el turismo que entiende ese cambio es el que logra sostenerse, crecer y desestacionalizar.

No es que la playa haya perdido valor. Es que el mundo cambió. Y con él, la forma de vacacionar.